LA ANGUSTIANTE BELLEZA DE LOS ECLIPSES

Después de caminar con Ana María Jaramillo queda la sensación de experimentar la angustiante belleza de los eclipses.

 

Por / Jorman S. Lugo – Ilustración /  Angélica J. Correa

Caminar de la mano de Ana María Jaramillo es adentrarse en bosques donde los lobos aúllan del placer que da la sangre, es recorrer playas hasta encontrar belleza en cabellos rubios que ondean en la mar, es reconocer la importancia de las cosas simples de la vida –como el pan, como las frutas, como las claras batidas–; es querer gritar que la única patria a la que pertenecemos es a nuestro cuerpo; es saber apreciar las tonadas de un bolero que nos hace libres, es saber bailarlo, compartirlo, recordarlo; es, en resumen, disfrutar de las sombras del ocaso.

En su libro Eclipses, la escritora nacida en Pereira en 1956, reúne 11 cuentos donde aborda el suicidio, las relaciones de pareja y el rol de la mujer en la sociedad a partir de una prosa diáfana, con tonos poéticos y un marcado acento erótico, que le sirve para dibujar a los personajes femeninos en sus diferentes dimensiones, porque, si hay un tema que se extiende en todos los relatos del libro, es el de la profundidad de los deseos femeninos y el de sus angustias. En esos personajes se centra Jaramillo para desarrollar su estética y ahondar en sus cuestionamientos existenciales.

El libro en mención fue merecedor del premio de cuento de la Secretaría de Cultura de Pereira en el 2007, antes había sido galardonada con el premio Nacional de Cuento en Colombia por el libro Crímenes perfectos en 1994. Además, ha publicado la novela Las horas secretas (1992), el libro de poemas La luciérnaga extraviada (2000) y varias obras de teatro donde se destacan Vendo mi muerte y Bajo otro cielo.

Ana María Jaramillo. Fotografía / Cortesía

De las bellas ahogadas es uno de los pocos cuentos donde el narrador es un hombre. Pero su protagonismo es limitado. La fuerza que tiene como personaje se lo da el cuerpo de la mujer que encuentra mientras camina. Si fuera de otra manera, la narración continuaría cuando, pasos adelante, se topa con el caparazón de una jaiba. El tono que utiliza Jaramillo para describir la escena del hombre y el cadáver, le da al ambiente un aire de ensoñación. «El ruido del agua y el aleteo de los cuervos cesaron, un silencio profundo detuvo el tiempo, el sol se quedó fijo en el cénit. Un murmullo suave y lento parecía salir de sus labios azulosos, pero era tan sólo el gemido de su pelo contra el agua». En ese ambiente, los motivos que mueven al hombre que observa, salen a la luz. Va en busca de la belleza. Pero esta es la belleza de la muerte. «Siempre deseé encontrar la belleza en estas circunstancias» confiesa el personaje. Sin embargo, parece ser la voz de la autora, que a su vez, nos advierte de lo que vendrá.

Las relaciones de pareja que hay en el libro están marcadas por los acontecimientos cotidianos. En Mañana saldré de compras y Claras batidas, las protagonistas son mujeres sometidas al hogar. En ambas historias los esposos e hijos asumen un rol ornamental, pero al mismo tiempo, son los provocadores de la angustia y desesperación de las mujeres. A pesar de los maltratos recibidos, hay un deseo palpitante de rebelarse ante su entorno, por eso una de ellas, al referirse a su esposo, lo llama «El cara de plátano verde», que no es solamente una analogía para tildar a esa persona en particular, sino más bien, una manera de describir a la sociedad patriarcal en que vivimos. Una sociedad construida para ser  «impertinente, demandante y grosera como las urgencias estomacales» con las mujeres. Donde muchas de sus acciones están a merced de ser juzgadas con diferente rasero a la de los hombres, como se verá en Veneno lento. Ahora bien, el desenlace de ambas mujeres es trágico en dos sentidos. El primero tiene que ver con seguir existiendo asesinando el yo, y el segundo, puede entenderse desde el sentido práctico de terminar con la vida.

El deseo de libertad está explorado desde otras perspectivas en Hipólita. Si bien hay una continuación con ser libre a través del suicidio, en este relato Jaramillo ahonda en la libertad que da ser dueña de sí misma. Hipólita es una mujer que no tiene reparo en hacer uso de su cuerpo, mucho menos en concederlo a otros hombres. Pero su camino, aunque placentero y mundano, persigue un fin elevado. En las anécdotas que presenta la autora, uno de los objetivos de la protagonista, además de tener compañía, es llegar al orgasmo o, lo que denominaron los franceses como petite mort. Cruzar el umbral del placer la ubica en una dimensión distinta, donde ella es una reina mitológica que logra ser libre junto a su amante alado. Por eso, cuando la sociedad envidiosa de su libertad y de su dominio de sí misma la ataca, ella crea un ambiente donde se entrega a su hombre alado, porque piensa «que cabalgando sobre él dejará atrás los helicópteros, las vecinas delatoras, los orgasmos incompletos, los sueños que no se pueden realizar». En otras palabras, seguirá su camino a la libertad.

Cuando los sueños de la dama escapan por el tragaluz tiene un tono erótico muy similar al mencionado en el párrafo anterior; sin embargo, la heroína está en circunstancias opuestas por su condición: vive recluida en una torre. Con esta descripción la autora profundiza sobre el rol domesticado que se le ha asignado a las mujeres en la historia, mientras que los hombres, en este caso su caballero, está cruzando el mundo para librar mil batallas. Estar encerrada, solitaria, bajo el cuidado de su enemigo, la iglesia, la obliga a tener que fantasear para saciar sus instintos. Ahí es donde emerge la idea de mujer animal, de mujer-loba. Amparada en esa figura, la mujer es capaz de rehuir a su encierro, de traspasar los muros que la rodean y de levitar por placer. Puede decirse que ante las injusticias sociales la imaginación ha sido una de sus armas para resistir. Pero el tiempo termina venciendo a todos, incuso a las mentes fuertes. Por eso, aunque no sepa esperar, recree aventuras, sueñe con su caballero y se resista a aceptar la realidad, dice «Quise tragarme el tiempo y él me devoró». La pereirana aprovecha la desesperanza para lanzarle dardos mordaces a la doble moral de la iglesia cristiana, ya que el abate que custodia a la mujer, solo busca en ella las historias eróticas, para que, así excitado, poder castigarla. La autora presenta el desenlace como el compendio de la desesperanza, como la muerte del deseo y como el último acto de amor.

Quizás el mejor relato del libro sea el titulado Veneno lento, donde Jaramillo recrea toda una tragedia familiar desde diferentes puntos de vista. En él, sigue explorando cómo la familia y la sociedad no flaquean en su propósito de martirizar a las mujeres. En esta ocasión, Helena emprende una lucha silenciosa para terminar rebelándose contra su esposo, el notario. Curiosamente, es el único personaje del núcleo familiar al que no le conocemos el nombre. A pesar de ser el verdugo, cuenta con una suerte de capa protectora que evita, a priori, que lo juzguen con severidad. Por el contrario, todo el peso de las desgracias familiares recae sobre Helena. Incluso, los rumores del pueblo la señalan como la culpable. La autora teje una historia atrapante, por su tono calmo y directo, pero sobre todo por detenerse a mostrar las sombras y los límites de cada personaje. Al final, no importa mucho el desenlace, porque ella lo anticipa, sino la forma en que camina cada uno de ellos, los rumbos que eligen. Para describirlos, recurre a elementos simples, las cerraduras, las flores, la comida. Además, usa la música –los boleros– como un detonante para cambiar sus destinos. Así se encarga de mostrar, una vez más, la tragedia de la vida cotidiana en una sociedad patriarcal.

Después de terminar el recorrido con Ana María Jaramillo, surge la pregunta: ¿cuántas veces las mujeres han muerto en nuestra sociedad para que los hombres sigan siendo el género dominante, para que los privilegios los sigan amparando solo a ellos? A pesar de todos sus reproches, también queda la sensación de experimentar la angustiante belleza de los eclipses.

@JormanLugo

*Esta publicación hace parte del proyecto ‘En pocas palabras’, ganador de ‘Cultura en Casa’ 2020 de la Secretaría de Cultura de Pereira.