DE LAS PRESENCIAS Y EL REFLEJO

Sobre el poemario Herida hecha luz, de Juan Sebastián Sánchez.

 

Escribe / Stiven Arteaga – Ilustra Stella Maris 

‘’Alma mía no aspires 

a la vida inmortal, pero agota el campo

de lo posible’’ Piticas

Juan Sebastián Sánchez nos ha provocado. Su poesía es como los poemas griegos presocráticos, son poemas a la Physis, es decir, filosofía implícita, pero es poesía.

Se advierte que no se concluye, porque concluir es cosa de filósofos, y si en el título se dice que es un breve ensayo filosófico, no se asusten lectores y no te asustes amigo poeta querido, que lo que aquí menos se hará es juzgar a la luz de los prejuicios epistemológicos los poemas. Filosofar es una provocación, una necesidad mía de querer dialogar con mi alma y con la tuya, Juan Sebastián Sánchez; mi lenguaje está atravesado por la cicuta de Sócrates y el búho de Atenea, lo digo porque estoy envenenado por preguntas, gran cáliz como terapia para la muerte y el búho solo me deja una opción, contemplar.

 

La presencia

I

‘‘Después de reunir lo perdido / queda la guerra / por donde asoma la niebla /’’. Así lo dice en un poema el autor, y cuando él menciona la guerra, en ella hay un subsuelo: la referencia de una Colombia sangrienta que algunos canallas buscan hacer paisaje costumbrista; en ella están las presencias, entes perdidos y fragmentados que no pueden articular paisaje alguno. Lo que se asoma en la niebla es la herida hecha memoria, en donde hay partes de un todo destruido por la guerra, empero, allí está el hilo delgado que contiene la posibilidad de pegar lo despegado o ‘‘reunir lo perdido’’. Virtud de un poeta que es el historiador de las simples cosas.

Cabe entonces preguntarnos ¿en dónde está la presencia de una herida? La presencia de una herida es sutil, como el crecer de un árbol, cuyo movimiento es tan lento que nadie fue testigo de cada cambio, Heráclito lo sabía al afirmar que el devenir, el fluir, el movimiento, jamás cesará –el ser se mueve– entonces el ser es siendo, es trascurrir eterno. ¿La herida se mueve?  La herida se presenta, a veces cicatrizando, otras veces doblemente herida o incluso hecha luz.

Sánchez atisba las presencias: miró la niebla como rumor de memoria, de repente, los rumores fueron tambores: ‘‘el rayo no alcanza la claridad de los objetos / y todo cuanto somos muere bajo la piel’’. El hacer un rayo, implica para las nubes un esfuerzo de grito revolucionario, el grito no alcanza a iluminar la oscuridad de la presencia, los entes siguen despedazados, el ente ‘‘muere bajo la piel’’. Deshacer los campesinos, es hacer cadáveres con sed, puesto que ellos reclaman en la patria de las almas tanta vida que buscaron transformarse en: rayo-niebla.

‘‘Después de engañar a Polifemo / Después de vencer en Tracia / Después de soportar la irá de Poseidón/ descubro otra Ítaca / quizá la verdadera / no aquel lugar de dónde vengo / donde una aventura como esta / no merecía un héroe’’. No hay Ulises por estos tiempos, nadie regresa vivo a Ítaca si antes habérselas visto con los Dioses y bestias, quizá Colombia es la tierra del verdugo hecho héroe, cuya virtud es asesinar a los Ulises ¿hacia dónde emprender el regreso a Ítaca?  El autor encontró la verdadera Ítaca en el viaje: ‘‘Dónde depositar el ruido final del viaje’’. Siempre que leo este verso pienso en que es una pregunta, pero los signos de interrogación son presencias metafísicas, el verso carece de signos ¿un error? ¡No!, es una necesidad del lector, Juan Sebastián agudizó el lenguaje en la gravitación de la angustia de cada uno de nosotros por volver a Ítaca, Colombia debe tener una Ítaca en la intimidad de cada alma, es por ello que el poema en sí de este verso es titulado ‘‘viaje’’. Un poema que se conecta con el que aquí por tarea tenemos para pensar: pensar en el espacio, en la presencia de la esperanza. Sabemos que vencemos Dioses, Bestias y titanes, pero Ítaca no existe aún para nosotros los que ponemos signos de interrogación a la frase anteriormente mencionada, Ítaca existe para los que salvan sin héroes, para los que ven las presencias de las almas que perdieron la batalla y aúnan lo perdido con la verdad.

 

La memoria

II

En La evolución creadora Henri Bergson dice:

‘‘Mi memoria interviene y extiende algo de ese pasado al presente. Mi estado de espíritu, al avanzar por el camino del tiempo, se acrece continuamente con la duración que recoge; hace, por decirlo así, la bola de nieve consigo mismo (Bergson 16)’’

La memoria interviene, según Bergson, como la extensión del pasado en el presente, la memoria se extiende, se ensancha, en el ahora hay más del ayer y muchas veces me pregunto, ¿será que en algún lado de mis manos estará el origen del universo? El autor responde a mi inquietud sobre la memoria: ‘‘Cuando llegaron / la madera de las puertas / entre el temor / de sus ocupantes) / aún tenía rostro / ahora que partieron / la madera tiene las mismas facciones / sombreadas con sangre’’, aún está presente en la madera el momento en el que llegaron, es decir, que recordar, mas que definir el recuerdo desde la etimología, latín recordari: re (volver a pasar) y cordari(corazón) es que todo tiene corazón. El corazón de la madera tiene un llegar infinito justo cuando Sebastián dice ‘‘cuando llegaron’’. Para Jorge Luis Borges, Funes el memorioso es el sujeto cognoscente de todo el devenir extensivo del pasado hacia el presente, donde nos hace pensar que el presente es en sí solo el escenario donde el pasado juega a los dados:

‘‘Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y nítido, y también las memorias más antiguas y triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles. (Borges)’’

Con esto nos damos cuenta de que la memoria es un retrotraerse en sucesos, que los paramilitares, guerrilleros y Fuerzas Armadas del Estado, aún están llegando con su no estar estando: bombardeando las veredas en pretérito; que los falsos positivos aún están sucediendo y que Ítaca fue socavada políticamente por un bastardo llamado ‘‘el mejor de los presidentes de la historia de Colombia’’. Pero siendo más precisos, tanto Henri Bergson como Juan Sebastián y Borges no buscan la memoria como terreno de lo trágico, sino lo trágico como terreno para crear un nuevo terreno, y aunque Juan Sebastián cite a una multitud que le indicó: ‘‘Dicen que los perros / no ladraron en aquellos días’’. El Salado fue la barbarie y también es memoria del origen del universo. Le pregunto a mi amigo poeta ¿Dios al unir los átomos pensó en esta posibilidad?