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Dulzura, pena y dolor

El estilo original de los hermanos es inalcanzable y no radica únicamente en el timbre de la voz, como creyeron los melómanos cuando el hermano mayor tuvo que dejar el grupo en 1982 aquejado por severas dolencias. La melodía principal es la tristeza. La única melodía.

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Por: Camilo Alzate González 

A los Lebrón, como les dice la gente, los acusan de muchas cosas. Se dice que fueron ellos los que pusieron nombre a un género  musical completo con su tema Salsa y control. Hay quienes aseguran que fueron los primeros en fusionar la música negra norteamericana con la tradición caribeña: el jazz y el guaguancó, el blues y el son, reunidos otra vez en una fiesta familiar, una fiesta de hermanos separados. Y hasta cuentan que la historia de esa familia es una novela completa -no escrita- de penas, tragedias personales y casualidades. Una trama dominada por el sufrimiento que compensa el éxito, la fortuna que promete inevitables fracasos: “Cada uno tiene su dolor, su novela. Sus penas y sus tristezas”, dice la canción.

La familia Lebrón es oriunda de Aguadilla en Puerto Rico, pero creció y maduró en Nueva York, al calor de un ambiente cargado de música. Los hermanos no olvidaron el día en que su padre les compró un piano viejísimo que tuvieron que arrastrar por la calle hasta la casa. Como todos los latinos en Harlem, en Brooklyn y el Bronx, dejan en la música un testimonio de su miseria, pues más allá de lo evidente la salsa fue un grito furioso contra el desarraigo. Resulta que Pablo, el mayor de todos,  el alma del grupo, no llevaba el apellido que los lanzó a la fama porque era hermano medio. Mientras Pablo cantaba en castellano con una sonora de música típica, sus hermanos jóvenes tenían un conjunto de blues en inglés. Esa reunión familiar de distintas vertientes musicales negras en una sola, es mucho más que metafórica: todos se juntaron grabando un disco con el sello Cotique. Así nació el estilo único de los Lebrón Brothers .

Se podrá afirmar entonces que transitaron al mismo tiempo y en doble vía, durante los tempranos años 60, los dos caminos que definen la historia de la salsa: comenzando en el jazz y el blues para quedarse en los ritmos africanos del Caribe, igual que Barreto, Larry Harlow, Joe Cuba o Ricardo Ray. Pero también al revés, desde su tradición ancestral que los sitúa cerca de la música negra norteamericana, como le pasaría a Tito Puente, a Eddie o Charlie Palmieri.

El negro Pablo López “Lebrón” será la voz más melancólica que tuvo la salsa, por el hecho simple de haber entonado Diez Lágrimas, aquella elegía sencilla pero no menos conmovedora, dedicada a la amargura de la existencia humana. Es una exaltación del fatalismo. La canción fue escrita por su hermano Ángel Lebrón y evoca las dificultades de sus propios padres, batallando contra las dificultades coridianas, sin rendirse jamás, aceptándolo todo con resignación estóica. Cargados de tal sentimiento, los hermanos José, Ángel y Carlos componen un repertorio inmenso donde vuelven sobre las durezas cotidianas en casi todos sus éxitos, consagrados a la tristeza o al dolor. Sé que sufriré es una confesión íntima de desencuentro ante el amor, pero la música sugiere que el relato de la canción sobrepasa el simple desengaño, porque la melodía habla por sí sola de tormentos más hondos, de melancolías diferentes. Pena y dolor, uno de sus discos más tristes, insiste en la tragedia individual de cada uno frente a la realidad, sin embargo la voz apagada de Pablo Lebrón, más oscurecida por los años, invita a pensar en su propia tragedia personal golpeado por terribles enfermedades que le impidieron seguir cantando. Agonía es una sinfonía como de cucharas, campanas, cueros, tambores, repiques, que estremecen en avalancha.

El estilo original de los hermanos es inalcanzable y no radica únicamente en el timbre de la voz, como creyeron los melómanos cuando el hermano mayor tuvo que dejar el grupo en 1982, aquejado por severas dolencias. La melodía principal es la tristeza. La única melodía.

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Incluso en canciones tan inocentes como TímbaleMi morenaSin negro no hay guaguancóProstitución Dulzura, donde uno abraza la fuerza negra en toda su plenitud y poderío, los Lebrón no consiguen abandonar el tono melancólico y amargo, que vuelve en el piano, o en la trompeta formidable de Pancho el loco, una de sus canciones más desconocidas, y así, una de las más nostálgicas. Esa trompeta es por sí sola una obra de arte, que acaricia e injuria, antes que la voz de Pablo empiece a llorar.

Los Lebrón, dentro de la salsa los más fatalistas, por obvias razones nos embrujaron a los colombianos. Nunca he comprendido esa devoción que les tienen Cali, ciudad que paradójicamente, jamás se acostumbró ni se acostumbrará a la tristeza.

La vida de Pablo Lebrón fue difícil, como la de todo mundo. La peculiaridad es esa capacidad de entregarla entera en cada nota. Detrás un hombre y hermano sincero, asume su cuota de sufrimiento por disfrutar el privilegio de la existencia. De los Lebrón no valdrá la pena ni leer biografías, ni escribir libros. Su música ya lo contiene todo, incluso la aclaración de que la más triste de las melodías traerá consigo una promesa de felicidad. 

Por eso el timbre de Pablo al cantar, que siempre fue una mezcla ronca entre las lágrimas, la ternura y la tosquedad negra, es un timbre dulce. Dulzura que te traigo yo, decía. Pura dulzura su voz, pura dulzura su música, pura dulzura la vida a pesar de todo.