La Sirga es una película colombiana con muchos méritos. Ha puesto el ojo en internet como medio de difusión. En muchos festivales de cine ha salido aplaudida y con laureles. Como producción le apuntó a lo del cine regional, una tendencia en el cine colombiano que ha venido surgiendo de modo espontáneo

 

Me parece que los procesos académicos  en comunicación, algunas escuelas de cine, empiezan a dar ciertos frutos. Foto: John Harold Giraldo Herrera

Por: John Harold Giraldo Herrera

Docente y periodista universitario

La Sirga es una película colombiana con muchos méritos. Ha puesto el ojo en internet como medio de difusión. En muchos festivales de cine ha salido aplaudida y con laureles. Como producción le apuntó a lo del cine regional, una tendencia en el cine colombiano que ha venido surgiendo de modo espontáneo. La laguna de La Cocha en Nariño quedó como paisaje en la pantalla grande, pero la geografía humana y sus conflictos son los latentes.

En esta entrevista, el director de La Sirga conversa sobre el cine colombiano, ese hecho de producir más películas pero contar con poco respaldo del público, de su película y de otros aspectos del séptimo arte.

John Harold Giraldo Herrera. En Cali se producen la mayor parte de películas del cine nacional ¿Qué pasa allá, que se produce tanto cine. Hay algo en Cali para contar con tantas películas por encima del promedio nacional?

William Vega: No sé realmente qué es eso y si hay algo que pueda llegar a ser un motor para que se esté dando una cinematografía desde Cali en estos últimos años como con fuerza. Yo creo que se puede relacionar directamente con la historia, en Cali y no me refiero solamente al Caliwood como una  etiqueta, si no que en general el Valle del Cauca ha tenido cierta relación con el cine hace muchos años, si no me equivoco la primera película colombiana se hace en ese lugar, como la primera a color. Ahí se estuvo dando entonces una relación estrecha con ese lienzo que es el cine. Yo diría sin entenderlo del todo, que sí puede ser como producto de ese relevo generacional y lo digo particularmente  porque también hago parte de esa escuela de Comunicación Social de la universidad del Valle que al mismo tiempo fue como muy influenciada por no decir casi que instituida por estos personajes que se acercaron a la investigación de su ciudad a través del audiovisual no solo desde la ficción sino también por supuesto con el  documental. Creo que puede ser eso, aunque  no sé si realmente sea esa la razón, puede ser la luz de Cali. O El agua.  O el aire.

JHGH: ¿Qué opinión tiene, frente a que en Colombia hayamos pasado de producir cuatro a estar estrenando 18 y quizás este año pasemos a una cuota más alta:  20, 21; pero la producción de películas no es proporcional con el número de asistentes a las salas de cine en Colombia?

WV: Bueno con respecto a ese auge de la producción es alentador. Porque más gente se está expresando y es la oportunidad  para  decir que el cine no es para unos privilegiados, o para que pocos se puedan expresar. Cualquier persona está en capacidad de narrar, o hablar, opinar algo  a través de ese lienzo, y eso está muy bien que pase, digamos que precisamente se está fortaleciendo con un proceso que tiene que ver con iniciativas de Estado como es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. Pero también, como decía, me parece que los procesos académicos  en comunicación, algunas escuelas de cine, empiezan a dar ciertos frutos; porque realmente nuestras escuelas de cine son relativamente nuevas, y  en esas escuelas se ha tenido al cine como una forma expresiva muy interesante.

El  tema de ese aumento de producción versus la cantidad de gente, no solamente es en Colombia, es algo que pasa en todo el mundo.  El cine se está convirtiendo cada vez más  en eso que fue y que lo originó y es el espectáculo, es decir, como algo de circo, como de ir a reírse; personalmente  lo veo como eso. Creo que los que están llenando  las salas de cine son los chicos, los niños o padres que los llevan a que se entretengan dos horas. Otro tipo de narraciones, de resultados cinematográfico están perdiendo ese espacio y se está llevando más al consumo doméstico, al internet,  también son otros espacios que hay que alimentar.

Creo que el futuro del cine está cada vez más en la periferia. Foto: Abelardo Gómez

JHGH: La otra paradoja en el cine colombiano es que la gente dice que cuando una película gana en un festival extranjero, tipo Cannes, Toulouse, San Sebastián, Alemania, entre otros, es como prenda de garantía para decir que la película es aburrida. Es una paradoja: mientras nuestro cine gana más por fuera, por dentro pierde  un público significativo. ¿Al respecto  qué piensa?

WV: Yo estoy de acuerdo con eso, es decir, los productores, diversas compañías de producción han optado por esa estrategia, dicen: ¿cómo voy a estrenar una película, sin actores famosos? es decir ¿quién me la va a respaldar? Entonces primero más bien la llevo al mundo, que el mundo la califique y luego la traigo a Colombia, creo a veces sale un poco al revés la cosa, pasa un poco lo que tú dices. Ese sello de Cannes, Toulouse, Toronto, la gente ve las palmitas y dice: “esa vaina no se la ve nadie”.

Pasan dos cosas: primero tenemos que pensarnos como país, como ciudadanía, en que no tengan que calificarnos en el exterior y eso es un proceso que se llega a través de formación de público, es decir, que el público mismo sea el encargado, y no necesite tener un sello internacional y segundo creo que la gente a veces está muy predispuesta a estos eventos, me parece que es como, no sé, es como si criticaran a un deportista por ganar una medalla olímpica, de hecho hay mucha gente que dice no, es que es una película para festivales, como si eso fuera menos y creo que eso es lo que el público tiene que entender: los festivales no son un oráculo, no son el Olimpo, es decir, los festivales son para la gente, justamente para equilibrar la oferta cinematográfica, que no tienen a diario un centro comercial ¿no?, entonces están es para crear público, para que esos públicos se enamoren de otras cosas.

Entonces creo que el asunto es seguir insistiendo en hacer estos proyectos, si en algún momento, como decías ahora, fue complicado hacer películas, la producción era lo difícil, pues creo ahora es la distribución y para mí la distribución hoy significa educar. Educar al futuro espectador.

JHGH: Una tendencia en nuestro cine,es lo regional. Entonces La Sirga es una película de Nariño, y los de allí se sienten muy orgullosos, también hay una de Chocó, de la Costa  Pacífica, de la Atlántica y creo que en parte es lo que  usted dice, el darle una inclusión a ciertas geografías que estaban ocultas y en buena hora el cine las viene mostrando.

WV: Sí, yo creo que en ese sentido hay que pensar lo de la inclusión pero justamente porque la cosa se ha centralizado, es decir, no inclusión que va otra vez desde Bogotá, no es que Bogotá quiera incluir al Chocó o Nariño; si no que afortunadamente creo que  el cine se está dando desde las regiones, y por eso es que no estoy tan de acuerdo con eso de la nueva ola en el cine.

JHGH: ¿Del nuevo cine colombiano?

WV: Sí, es decir que haya diversidad, que no todo tenga que ser un mismo estilo si no que existan muchos puntos de vista. De hecho, eso es algo que le hace daño al cine: hablar de la nueva ola del cine colombiano. Creo que cuando vieron un Chocó creen que ya vieron La Sirga, entonces ya no ven La Sirga y viceversa. Creo que el futuro del cine está cada vez más en la periferia.

No me considero ni un gran historiador ni un investigador muy profundo sobre el tema del conflicto armado colombiano. Foto: Abelardo Gómez

JHGH: Usted apostó por algo que es novedoso en términos del cine colombiano y es estrenar una película a través de internet ¿Qué legado le deja al cine aquí en Colombia, a usted y a la película como tal?

WV: Creo que es justamente eso, primero entender el cine y todos sus momentos, desde la creación hasta la socialización como oportunidad de experimentar. Hemos seguido en el mismo modelo, es decir, si se ha impuesto así se hace, así se vende. Realmente cuando nos pusimos a ver ¿quién ha hecho un estreno online? Nadie, entonces hacer algo por primera vez tiene sus riesgos. Es verlo como un experimento y ver qué cosas salen bien o no. Lo que me interesaba a mí y al equipo era que el proyecto podía llegarle a mucha gente a través de la tecnología; mucha gente ha hablado de la internet, la masificación, el acceso, pero nadie lo había hecho y pues la película por la cantidad de copias que tenía y la misma infraestructura de salas de cine en el país que no es mucha, no iba a permitir que la película llegara a ciertas zonas.

También había un interés de generar un voz a voz, porque tampoco había mucho presupuesto para hacer publicidad y eso era una manera para que la gente lo viera y la recomendara y que dijera: “Bueno esta película le puede gustar a mi primo y entonces luego mi primo nos acompaña”. El resultado fue muy interesante, por las condiciones en que se dio el estreno online, pudimos tener una contabilidad de unos 54 mil computadores pegados al mismo tiempo viendo una película, que duró hora y media.

JHGH: Excelente experimento. Cuando vi Los colores de la montaña pensé que era la película más escabrosa sobre el conflicto por la tensión que maneja, pero La Sirga es la que ahora ocupa ese lugar, que sin estar la violencia directa, ella todo el tiempo está ahí flagelándonos, desde la metáfora hasta una serie de símbolos y es más meritorio que mostrarla con balas y sangre. ¿Lo tenía pensado?

WV: Sí. Es decir, cuando yo hago una película hay como cierta responsabilidad en las cosas que uno hace y yo no quería hacer una película donde obviara lo que me ha tocado o a muchos colombianos les ha tocado de la peor manera. No creo en el cine como una herramienta de entretenimiento sino como de reflexión, de diálogo, como un libro, como una canción y así lo quise hacer.

No me considero ni un gran historiador ni un investigador muy profundo sobre el tema del conflicto armado colombiano -que es tan amplio y complejo de abordarlo en una hora y media-, la respuesta más neta era hablar desde mí, desde cómo yo lo había visto, vivido o sentido.

Lo cuento más desde la sensación y claro tiene que ver con cierta reacción a que muchos realizadores hacen una crítica a la violencia con  violencia. Entonces a veces se les devuelve la cosa, terminan haciendo como una apología o termina siendo otra cosa ¿no? Y bueno era sentir cómo se lee La Sirga y muy chévere que por ejemplo tú sientas eso, era como una película de violencia pero sin un solo balazo, o de amor pero sin un solo beso y es mejor como que las cosas no hay que mostrarlas para entenderlas.

JHGH: Me parece La Sirga la más escabrosa sobre la violencia, porque la película parte de un escape, de una mujer que le está huyendo a la violencia, pero no puede. Pedro Adrián Zuluaga habla del vaciamiento político en ciertas películas colombianas, pero esta quizás contraría lo que dice José Obdulio Gaviria, que estamos en una época del post conflicto, incluso la película nos muestra que el conflicto está ahí tan latente.

WV: Creo en lo que estás diciendo, lo que a veces no me gusta de ciertas películas es que justamente son descontextualizadas, que no tienen historia y yo creo que el propósito de esta película era contar la historia como seguramente mucha gente vive o la ha vivido o la seguirá viviendo. Es un poco esa desazón también y creo que la película por eso termina de esa manera. Creo que es algo que lamentablemente muchos colombianos van a tener que hacer: huir.