Extendí mi mano para entregar el encargo. La brusquedad de su recibimiento me perturbó. Rápidamente se fue su hiel lejos de mi vista.

Por: Álex Noreña

Robusto hasta la sazón, añejo hasta confundirse con el madero.

Era el hombre que caminaba todas las mañanas paseando sus perros. Arrastraba los pies clavando sus pezuñas en la tierra.

Se le veía silbar como pájaro, siempre farfullando sonidos incompresibles.

Una mañana, sus abultadas piernas lo llevaron a mi casa, hizo sacudir el timbre, el sonido eléctrico turbó mi sueño.

Desperté de las dulces sombras de Morfeo… Me hallaba inconcluso.

Las sombras arremolinadas hicieron escombros en mis pies. ¡Eran sombras nada más!

Desde la ventana se aventuraba el bulto de masa informe. Me asomé esperando su pregunta, o su respuesta a mis dudas silenciadas.

Acertó en decir que necesitaba comida para sus perros. Se mostraba triste, enfermo, deshecho por la pobreza…

Fruncí el entrecejo, hice carraspear mi garganta y le clavé dos palabras en su rostro. ¡No tengo!

Su mirada se hirió. El rostro empezó a convulsionar de ira, la sangre le inundó la piel y, habló con voz entrecortada. ¡Pues haga algo para conseguirla, inútil!

Sus razones me lastimaron severamente -¡inútil! ¿De qué mierda habla? Pobre hombre, ha perdido la cabeza, me dije.

Sus pasos se amontonaron en el andén. Los perros ladraban con histeria de barrio, el silencio imitó la muerte. Perplejo quedé allí parado, rebuscando a través de la ventana la sombra de aquel ser repugnante.

Se colaron los días en medio de la extrañeza. Una vez más se repitió la escena, pero esta vez, me había asegurado de tener alimento para sus perros.

Extendí mi mano para entregar el encargo. La brusquedad de su recibimiento me perturbó. Rápidamente se fue su hiel lejos de mi vista.

Esa misma tarde, lo vi mascando el alimento de los perros, tragaba en seco… No era confusión mía, era él, un perro más que deambulaba el barrio. Pobre hombre, pobre perro, no sé de dónde venía su gordura, era un perro y no un hombre. Un animal que carga todos los embustes del mundo moderno, no alimenta su carne con comida humana, ha pasado a sobrevivirnos, es otro ser, un perro callejero.  

Es un hombre gordo que hurga en la basura…

-¡Habrase visto algo igual, un mendigo con la carne rolliza!