El origen de los guardianes se mete muy adentro de nosotros. Nos muestra de forma emotiva que también somos héroes y le hace un guiño a un tema que es muy proactivo al combatirlo: el miedo. Ese gendarme con el que se consolidan los proyectos sociales temerarios para engatusar a los individuos a hacer lo que los gobiernos y los poderes les plazca.

Imagen tomada de: http://es.paperblog.com/namco-bandai-anuncia-el-origen-de-los-guardianes-el-videojuego--1402108/

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Por: John Harold Giraldo Herrera*

Algo pasa en Hollywood, llevamos décadas de promoción a ultranza del individualismo. Por doquier hay películas donde los superhombres, los sobresalientes, ejercen la salvación del mundo o imponen su modelo de vida. Pero la visión de un individuo capaz y todo poderoso ha variado. Hollywood ha mostrado, con cierto asombro, que es necesario agruparse. Los vengadores, una especie de Liga de la justicia, no son capaces de contrarrestar el mal, por tanto unieron sus fuerzas. Ahora los engalanados símbolos de las fiestas gringas, como papa Noel, el Conejo de Pascuas, el Hada de los Dientes, Sandman (o el hombre de arena o de los sueños), por necesidad de existencia deben vencer al Coco (Pitch en inglés), el infalible generador de pesadillas en los niños. Uno solo puede hacer más daño, que muchos individuos juntos. El mal se posa como superior entonces unir fuerzas es lo necesario para impedir que surja en el mundo.

El origen de los guardianes es una sensación de taquilla. Muchos espectadores al verla aplauden al término de esta. La maldad se combate y el bienestar triunfan y así todos salen felices para expandir la tradición de festejo de costumbres hechas para “avivar” épocas, otros dirán para tener justificaciones con las cuales se fomentan más el mercado. La película se convierte en un artefacto mediático hecho con una potencia melodramática insuperable, propia para rescatar unas leyendas con las que edificamos relaciones en el mundo.  Y ahora resulta que uno de esos héroes que nos alegran la vida es reivindicado con tal fuerza como para nunca olvidarlo, el juguetón Jack Frost.

El mundo en las películas de Hollywood nunca está tranquilo, es solo un ideal que se resquebraja. Entonces, el Coco acecha y quiere cobrar venganza por ser marginado, -ya nos han contado cómo se vengan los personajes malignos de los cuentos, por ejemplo en Shrek resultan inofensivos y solidarios, pero Pitch no quiere dejar de ser, y cansado de ser un marginal, decide atacar para que los niños tengan pesadillas. Y todo se basa en la creencia, si no mantienen su fe, entonces cada uno de los héroes perderá su lugar y tendrá que verse abocado al olvido. Los niños sienten temor, una extraña sensación de verse inermes, mientras el Coco va haciendo de las suyas.

El Origen de los Guardianes se mete muy adentro de nosotros. Nos muestra de forma emotiva que también somos héroes y le hace un guiño a un tema que es muy proactivo al combatirlo: el miedo. Ese gendarme con el que se consolidan los proyectos sociales temerarios para engatusar a los individuos a hacer lo que los gobiernos y los poderes les plazca. La trama coge fuerza porque aterrizan a esos ocupados símbolos –quienes en sus habitáculos han descuidado el mundo de los niños por dedicarse a mandar- a volver a re-encontrarse con lo que les dio un lugar: el cariño de los niños. De manera que a medida que pierden poder porque los niños dejan de creer en ellos, se verán obligados a recuperar lo perdido. Y ese es el mensaje trascendente, nosotros espectadores también deberíamos recuperar la creencia en ciertos mitos.

Ahora, ocurre algo cuestionable, se burlan de nuestra versión del Hada de los dientes, acá es el Ratón Pérez, y en un momento pasa por una casa de un niño recogiendo los dientes, y entonces se le ve como desvalido y se pronuncia que es la versión latina y toca dejarlo. Un guiño a decir que lo reconocen, pero es más importante lo suyo que lo nuestro. En cualquier caso, El origen de los guardianes nos devuelve la idea que los mitos son nuestros, creados y sostenidos por nosotros. Más aún verlos actuar en conjunto nos posibilita una idea necesaria, el trabajo en equipo. Por último, encontrar el centro es un hecho individual, al reconocernos podemos enfrentar el mundo. Los de Dreamworks, esa multinacional de películas para niños que divierten a los grandes, han sacado una película muy de su ideario: el universo de Hollywood, con el que conquistan un público para rato.

Ficha técnica

 

Año, director, duración 2012, Peter Ramsey, Estados Unidos
Guión David Lindsay-Abaire (Libro: William Joyce)
Música Alexandre Desplat
Producción The Kennedy/Marshall Company / Nickelodeon Movies / Paramount Pictures
Género Animación. Fantástico. Aventuras | Navidad. 3-D

*Docente y periodista universitario. John.giraldo.herrera@gmail.com