La escritura es, en mí, el paso, entrada, salida, estancia, del otro que soy y no soy, que no sé ser, pero que siento pasar, que me hace vivir -que me destroza, me inquieta, me altera, ¿quién? -, ¿una, uno, unas?, varios, del desconocido que me despierta precisamente las ganas de conocer a partir de las que toda vida se eleva.
Hélène Cixous
Escribe / Carolina Hidalgo – Ilustra / Stella Maris
La escritura creativa no sólo es alfabética, sino también visual, sonora, que huele; donde todos nuestros sentidos están conectados al impulso de la vida; en ella nos contamos, nos narramos, nos poetizamos, todas las posibilidades del lenguaje se recrean porque pertenecemos a una comunidad creadora. Lo que transforma el taller en una práctica colectiva creativa y no imitativa.
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En el año 2012, conocí la obra de Aleida Tabares Montes, en una función en la Biblioteca del banco de la República de Pereira, presentando su proyecto de pasantía Escritura en proceso, escritura en escena: El libro como metáfora encarnada, una investigación sobre la improvisación dramatúrgica a través del texto literario, con actores reales del colegio de inclusión Carlota Sánchez. Adolescentes y jovencitas en un vestuario griego, del blanco de sus inocencias; quienes manifestaron una atracción por la Metáfora, dentro del escenario cruzado por cintas rojas que sostienen sus poemas, cuentos, cartas para producir material teatral. En este sentido, siguiendo la metáfora del poeta venezolano Eugenio Montejo, cada uno de los participantes del taller tiene las manos en la masa y participa del proceso de elaboración del pan, cada uno de manera distinta y a través de un intercambio de signos culturales, sentires, sensibilidades.
La enunciación de la mujer, evocando a Camille Claude en la voz de Aleida, quien, en su performance, de la mano de la artista María Eugenia Mantilla pinta el árbol de la vida, que aparece como un sol entre los cuerpos de las chicas y los chicos, como una savia que recorre de las raíces más fuertes a las más débiles, la creatividad. Así, sus voces elevan los poemas en una atmósfera de ritual y danza. Gracias a la producción del curador y artista plástico James Llanos, quien interpreta la dramaturgia de Aleida, desde afuera; gracias a las actrices y los actores novatos que espontáneos reflejan una escritura corazonada, sincera y orgánica. Sin autor o sin autoras, porque es escritura en escena.
Desde la experiencia de Aleida, comprendí la importancia de la palabra de la mujer en las comunidades creadoras, es decir, que a través de las artes y la interdisciplinariedad, es una formadora de públicos, lectoras, y futuros artistas, no sólo porque es una actriz que salió de la academia de la ESAP como Maestra en Artes Escénicas; del Taller Permanente de Investigación Teatral C.C.T con Santiago García, laboratorios basados en la dramaturgia de Henri Müller, la tragedia griega y el método de las Acciones Físicas de Stanislavski; los talleres especializados en dramaturgia con la Fundación Barrio Teatro en los noventas; sino también, por su desempeño como creadora, en constancia, la Corporación Colombiana de Teatro, su directora Patricia Ariza dice: “Reconozco que su formación integral y que su trabajo es de gran valor artístico y de gran aporte al Movimiento Teatral Colombiano”. Igualmente, desde la tinta y la dirección teatral su aporte para las fiestas de la Noche del Fuego patrimonio inmaterial de Salaminas, Caldas, con la comparsa titulada La Furia del Sol en el 2003, donde la Fundación Calicanto y la Casa de la Cultura de Salaminas reconocen: “Dicho montaje se realizó contemplando una temática que ilustró el rechazo de la juventud salamineña, frente a un fenómeno de violencia que nos afectó en aquella época”; del mismo modo que aportó a la Asociación Folklórica “Palos, Cuerdas y Kotizas” clases en expresión corporal y literatura. Además, en la ciudad de Pereira llevó sus talleres de escritura, teatro y artes plásticas a diferentes bibliotecas públicas, a través de Comfamiliar. En el municipio de Marulanda, Caldas realizó una Asesoría Pedagógica con madres comunitarias a través de talleres de lúdica, creatividad y dramaturgia, impactando a la población con el arte sanador. Sin titubeos, Aleida ha trabajado por recuperar un poder que a las mujeres se nos ha ido negando en esta modernidad colonial, su posición en el mundo comunitario, que aún hoy en nuestras pequeñas y grandes ciudades, es marginado, es perseguido, es atomizado. Ella ha llevado sus conocimientos a artísticos y humanos a poblaciones vulnerables de Bosa, Susa y Agua Azul, en Dosquebradas, es decir, ha entrañado de arte la sabana Cundiboyacense y el eje Cafetero.
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La obra dramatúrgica de Aleida responde al sujeto contemporáneo: mujeres y hombres que han sido alienados en su sexo, en su trabajo, en sus roles por una promesa de mundo occidental. Las estructuras de poder “que no dos deja sino migajas” para actuar, dice ella, porque comprende que nos encontramos en los tiempos más aciagos, donde hacer teatro en Colombia es una proeza ante la incertidumbre económica de los artistas frente a la pandemia, ante la economía naranja que devora toda tentativa de teatro independiente, ajustando la escritura a sus piezas de engranaje. Sin embargo, ella encontró en sus 35 años de vida teatral, que la escritura sería su sala propia, su taller y laboratorio, el lugar donde reivindicaría sus lecturas de Antonín Artaud, Camille Claudel, Shakespeare, Margarite Yourcenar, entre otras; lecturas que potenciarían universos propios de las mujeres que día a día viven el impacto de una sociedad patriarcal, encontrando las rutas para desenmascarar al opresor. Su trabajo literario se puede indagar a la luz de “una cartografía del deseo” como llama Suely Rolnik, donde existen las cartas para orientarse en la geografía de la composición del texto dramático, las mujeres salen de sus voces en off, la movilidad entre las fronteras del género… Durante dos décadas ha trabajado con la dramaturga actriz Gissele Castillo Hernández, los textos Rosas Púrpuras y El paseo de los esquizofrénicos. Acaso, ¿no es el tiempo en que las mujeres levantan sus voces, al unísono con las luchas de sus antepasadas?
Aleida en su ensayo El terror de la comprensión logrado como material de investigación a partir de un diplomado en Cartografías y Espejos, que realizó en el 2017, en la Universidad Tecnológica de Pereira; utilizado como insumo para el texto dramático, donde retoma los lugares de la infancia que encumbraron las rutas que hoy, la hacen una mujer del teatro. En la ficha técnica, en la Sinopsis de la obra:
Una evocación de la adolescencia a través de un flas back, abre el imaginario de esta obra que nos lleva por diversos momentos de la vida escénica de su protagonista, donde no hay pequeñas causas, donde todas las imágenes elevan al espectador hacia insospechadas poéticas de los sentidos. Acompañada de música en vivo, la actriz en un alto grado de ritualidad, cambia de roles, conviertiéndose éste (el cambio de rol) en una escena en sí misma.
El terror de la comprensión devela y potencia la historia de nuestro cuerpo. Una cartografía emocional: del cuerpo social, del cuerpo escolarizado, del cuerpo afectivo y del cuerpo del actor contemporáneo, conectando al público con el rigor del oficio teatral.
He aquí el teatro del azar de Aleida Tabares Montes, escuchémosla:
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Y es que el aporte de Simone de Bouvair a la categoría de mujer parte del lugar de que la mujer tiene que pensarse desde su existencia, desde su cuerpo oprimido, desde su cueva-casa que la ha apartado del mundo durante tanto tiempo, desde su lugar otro. La autora propone reflexionar desde “el cuerpo sujeto en situación” mientras las mujeres eran domesticadas en sus imaginarios y sus percepciones de sí mismas, afuera el mundo moderno era estipulado en un contrato social considerado por los hombres. Según el cual, los fuertes gobernaban sobre los débiles quienes suponen son mujeres, ancianos, niños, indígenas, negros, animales; así mismo, la organización política de las comunidades basadas en modelos patriarcales, no puede responder más allá de sí, a las diversidades. Todo esto porque en este contrato social patriarcal las mujeres no son sujetos, como María Luisa Femenías en su ensayo Sobre sujeto y género referencia a Pateman, dice: “las mujeres lejos de ser sujetos del contrato son el objeto del contrato, o “lo sujeto” del contrato, en el sentido de “lo sujetado”, el “objeto” de intercambio o “lo atado” por el contrato”. (Femenías, 2000, pág. 130) Identificar las relaciones de opresión en nuestras relaciones sociales es la única salida para romper los paradigmas establecidos, por tal razón, es justo reconocer en las teorías feministas un avance para inaugurar un cambio de pensamiento capitalista-patriarcal a una convivencia de las racionalidades otras, de los imaginarios colectivos y no universales, es permitirnos escucharnos desde los distintos lugares de enunciación al ser humano.
Acerca de la relación literatura-teatro. Desde el Texto-Puesto en escena, Gonzálo Ruíz acierta que:
Es así, que hoy la escritura creativa para teatro es resultado de tres líneas de acción: la actividad práctica propia del oficio de la creación literaria, en la que se indagan todos los recursos literarios, donde se experimenta y se juega con ellos para brindar al teatro nuevas alternativas de representación; el diálogo con la tradición, es decir, la reflexión teórica de la creación dramática y su vínculo con los grandes autores y, finalmente, las nuevas formas y prácticas del teatro contemporáneo que explora el lenguaje de la escena y privilegia los recursos escénicos, entre ellos las nuevas tecnologías, para brindar experiencias vivas, nuevas sensaciones al espectador, que lenguajes hermanos como la televisión o el cine no les pueden otorgar y, los cuales, han heredado y hechos suyos los usos de una dramaturgia tradicional e imponen al teatro la responsabilidad de nuevas escrituras y nuevas reflexiones de su lenguaje. (Ruíz, 2010)
El recurso técnico audiovisual en Rosas Púrpuras, el video arte hace parte del testimonio de la autora donde mujeres del campo cundiboyacense labran, cocinan, tejen, aman. La proyección del cuerpo que está siendo escrito para romper la pasividad del lector. Son parte del libreto que se amplía más allá de la mera representación.


