DESAHOGO HASTA LA IRA EN UNA NOCHE DE VELORIO

‘AtraBilis, cuando estemos más tranquilas’ es una obra fuerte, reveladora y directa. Intensa noche de velorio donde hermanas y una criada no se reservan nada y lo ventilan todo. La propuesta confirma la madurez y la trayectoria de las actrices. El nuevo trabajo de Matria Teatro.

 

Escribe / Franklyn Molano Gaona – ilustra / Stella Maris

Escena 1

José Rosario Antunes Valdivieso ha muerto. La viuda, una mujer inválida, sus hermanas y la criada lo velan. La casa, un lugar bien apartado de la ciudad. Es jueves en la noche y llueve fortísimo. Las damas son octogenarias, camanduleras, conservadoras en extremo y están vestidas de negro, cubiertas desde el cuello hasta los tobillos y observan sentadas el ataúd del difunto.  Así empieza esta nueva obra de teatro.

 

Escena 2

La muerte del único hombre de la casa sirve como detonante para que estas mujeres empiecen a reclamarse por sus actos de vida. Las quejas brotan, los llamados de atención van y vienen, la grosería no tarda, lo soez y lo tosco se apoderan de la velación. Las hermanas pierden la cordura y la decencia del lenguaje. Entre ellas se tildan de ‘putas’, de ‘zorras’, de ‘mosquita muerta’, de ‘sanguijuelas’, de ‘atrevidas’. La una le desea la muerte a la otra. La otra la dice que es una holgazana, una zángana y una ‘chupa sangre’.  Entre ellas, se descubre que se detestan y se desean el mal.

Las tres se acusan de utilizar artimañas para sacar provecho. Entre ellas surge el desprecio por la otra. Cada secreto que se ventila, lastima. Cada insulto que sale de la boca, hiere. Hay lágrimas. La voz se ahoga. Y esto sucede a la vista del público asistente. La tensión aumenta. Afuera de la casa, los perros ladran y caen truenos. La noche sigue.

 

Escena 3

La acción es trepidante. Aparecen, a mi juicio, varios momentos decisivos. Una primera acción surge cuando la viuda tiene sospechas y acusa a su hermana de la muerte de su esposo. “¿Quién desenganchó el carro?”, pregunta insistente la hermana. Ella acusa, hurga, molesta, intimida y amenaza hasta que la verdad sale a la luz.

El otro instante, es cuando, a solas, cada una de ellas confiesa su amor y su intimidad frente al difunto. “Que venga la muerte porque me haces falta tú”, le susurra la criada cerquita del féretro.  Y así cada una de ellas.

En otro instante es cuando la viuda se levanta de la silla de ruedas y camina, asunto que desata la ira de una de su hermana, que durante 50 años la llevaba y la traía. Y regresa el insulto, la náusea, el rencor, el dolor.

Hay otro momento, que es ese arribismo y exclusión de las mujeres hacia la casera. El maltrato y la agresión verbal dejan ver hasta dónde estas mujeres son capaces de llegar. Sin importar, en esta obra la condición humana desciende hasta lo más bajo. No hay mínimos códigos de comportamiento. Todo se pudre.

Esa furia y ese odio permanente que sale de cada una de estas damas está acompañado con acertados tiros de humor y de una aguda ironía, que hace que esos instantes tan difíciles sean llevaderos y terminen con una risa del público. El cierre, no lo menciono. Solo digo, es un giro de tuerca inesperado.

 

Escena 4

La ‘Matria’ vuelve a las tablas. Cuatro de las actrices más experimentadas de la ciudad salen al escenario. Claudia López, Maribel Hernández, Olga Lucía Sierra y Denny Agudelo, recibieron la dirección de Miguel Ángel Rodríguez, quienes tomaron el texto escrito por Laila Ripoll (España), el cual conocieron, leyeron y adaptaron hasta sacar esta puesta en escena que es envolvente y mordaz.

Aquí hay movimiento calculado de las actrices, dinámica y precisión. No hay poses. Hay frescura. Trabajo de inmersión, de sensibilidad y lectura detenida hasta entender el espíritu de la obra. Los personajes ingresan y salen, y logran atrapar la atención de los espectadores. El nuevo trabajo tuvo su estreno en el teatrino del Santiago Londoño y a principios del mes de septiembre se verá de nuevo en el teatro del Museo de Arte de Pereira.

@franklinmolano

 

 

Las actrices del grupo La Matria de Pereira y el director Miguel Ángel Rodríguez en el teatrino del Santiago Londoño.