saman2Un samán dejó caer sus hojas, llegaban a tus pies para medir el amor. Quise  ser hoja entonces  para llegar a ti y murmurar mi mudez.  Ser hoja de árbol en senectud, sólo así lo viejo podría tocar la lozanía,  sólo así la piel que está oculta en ella misma, pudiera sentir…

 

Por: Alex Noreña 

Bajé del bus, me llegó una repentina gana de mirar alrededor, mirar las calles, las casas, el cielo, los tractores y  luego recordar. Las gentes pasaban con el mismo rostro que hoy llevo, eran arrastrados hacia la noche.

Allí existías, en medio del tiempo, plagada de nostalgias y  angustias. Inquieta, sitiada por el aire, te figurabas alegre, sonriente, feliz.

Un samán dejó caer sus hojas, llegaban a tus pies para medir el amor. Quise  ser hoja entonces  para llegar a ti y murmurar mi mudez.  Ser hoja de árbol en senectud, sólo así lo viejo podría tocar la lozanía,  sólo así la piel que está oculta en ella misma, pudiera sentir, sentirte y  tentarte al movimiento como lo hace el sol pese a sus años, o el viento sin que se advierta lo mucho que ya han tocado…

En aquel tiempo, me planté con todo mi cuerpo bajo la tierra, le grité al sol que dejara llover, y llovió, llovió tanto que me salieron raíces de los pies. Crecí con los años, fuerte, frondoso. Había llegado la hora,  dejé escapar una hoja, pero fue tarde, no estabas, nunca llegaste…

Llegó una segunda hoja ante el abismo de la ausencia, y al instante fueron miles.

Todo fue en vano, y peor aún, las gentes lo pisotearon todo…

He vuelto al lugar, no como árbol, no como hoja, sino como hombre, tan viejo como el día en que ella me dejó plantado, y en el que solo imaginé su llegada.