El viejo se sentía tranquilo, como el agua del mar que a esa hora iluminaban las tenues luces del camino. Se dio cuenta felizmente de que el tiempo nunca sería suficientemente real como para deshacerse de él.

Por: Catalina Javier

Les voy a contar sobre la muerte del viejo Jaime, sobre esos minutos en que de algún modo este viejo solitario volvió a nacer. Era una tarde cualquiera en un caserío a orillas del mar. El viejo -omo persona de costumbres que era- se sentaba sagradamente todos los días a ver la puesta de sol desde la ventana de su pieza. Le gustaba imaginarse a sí mismo tan libre como los pájaros que a esa hora se echan a volar.

Un día llamaron su atención dos niños que jugaban en la arena, le trajeron un dulce recuerdo de su infancia que lo transportó a sus 6 años. Estaba en una pieza oscura jugando con su prima a una lucha de manos y pies, en la que por supuesto él ganaba. Se reía el viejo reviviendo esa lucha secreta e inocente, hasta que de pronto recordó la sensación de la respiración de su prima a su lado.

El erotismo de esa escena tan precoz lo trajo de vuelta a su pieza, como si hubiesen encendido la luz que revelaba tiernos secretos. Se preguntó triste qué habrá sido de ese niño que fue hace tantos años. Parecía una edad tan libre como esos pájaros que veía a través de su ventana.

Mientras se escondía el sol, el viejo contemplaba ese sabroso estado de nostalgia. Luego, al oscurecer el paisaje, se le apareció su propio reflejo en la ventana, invadiéndolo de una gran emoción: vio en su arrugado y viejo rostro la mirada de ese niño que tanto extrañaba. Nunca estuvo ausente, seguía ahí tan villano como inocente, resistiendo al cruel paso del tiempo.

El viejo se sentía tranquilo, como el agua del mar que a esa hora iluminaban las tenues luces del camino. Se dio cuenta felizmente de que el tiempo nunca sería suficientemente real como para deshacerse de él. En esa alegría estaba sumergido cuando, a un paso de su último respiro, la mirada del viejo brilló colmada de vida: por fin había alcanzado su muerte como un descanso que merece quien logra atravesar el tiempo.