Texto por: Babaila

Ilustración: Chucho

Cordones02

La lluvia había terminado de caer pero las calles aún estaban mojadas. Wud discutía con su mujer en el auto. Las cosas iban mal. Cada vez se veía a Pet levantar más los brazos. Golpeaba el carro con los pies, se mordía el labio inferior y miraba en todas las direcciones. Airada. Estaba con ganas de golpearlo en la cara.

—Pero cálmate…– dijo Wud

—No, no me voy a calmar. Ya no soporto más

Wudie intentaba seguir tranquilo. Manejaba con precaución. Miraba cada tanto a su mujer. A pesar de discutir con ella seguido, nunca la había visto así. Había perdido el control de sí misma.

—Esta es la última vez. Te lo juro. La última

Era difícil mantener la calma. Él lo sabía. ¡Qué momento! Ya no la quería escuchar más, pero hacer cualquier otra cosa, como poner la radio y escuchar cualquier otra cosa, la enfadaría más. Respiraba tranquilo. Luz roja. Se acomodó el cinturón. Miró a su mujer y ella seguía hablando. Notó que no llevaba puesto el cinturón.

—Puedes abrocharte el cinturón

—…me habías dicho… ¿Qué?… Es eso lo que te preocupa ¿no?

—No es eso

—No, no es nada. Nunca fue nada. Nunca dijiste nada. Yo me lo inventé todo. Claro, siempre me lo invento. ¿En qué momento te inventé a ti?

Cordones01

Luz amarilla. Wud dejó de mirarla y se fijó en el auto delantero. Sintió deseos de acelerar a fondo. Acomodó el espejo retrovisor. Luz verde. Trató de pensar en otras cosas. ¿Qué cenaría hoy? Sí, eso era una buena pregunta. No tenía mucho sentido continuar con el juego de su mujer. Ella ganaría. Además, todo lo que había hecho ya estaba. No podía volver en el tiempo y dejar de ver a las mujeres que le dieron placer. Sabía que la había engañado, pero ella también lo debió saber cuando quiso irse a vivir con él. Entonces ese no era ningún tema por el que desvelarse. Las culpas siempre fueron compartidas. Ella también cargaba con el peso de las traiciones. Si Pet nunca hubiera sido tan tímida con todo, Wud hubiera hecho más cosas por la relación. Pero ella era así. ¿Qué más podía hacer ahora?

Pet agarró el brazo derecho de su esposo. El volante se fue hacía un lado. Algunos pitos sonaron. El carro se salió de la carretera. Wud frenó.

—Pero cálmate

—No me digas que debo hacer. Ponme cuidado.

—Eso hago ¿te enloqueciste? Casi nos matas

—Tú me vienes matando hace mucho…

—Vamos a calmarnos. Respira. Hablaremos en casa

Wud tomó el volante y acercó el auto a la avenida. Venían varios carros a alta velocidad. Pet seguía hablando. Gritaba. Algunas lágrimas salieron. Se jalaba su cabello y no conseguía la atención de él. Wudie esperaba tener un espacio y retomar el camino. Ella salió y caminó. Él la vio caminar, se desabrochó el cinturón y fue tras ella. Nunca se esperó tener los cordones desatados. Dio dos pasos y cayó a la carretera.