¿De quién es el muerto?

Soñé que al salir del rancho había un muerto en la entrada, un muerto con toda su carne intacta, miraba con ojos llenos de luna, me miraba.

 

Por: Alexander Noreña

Hoy sobreviví. Un café asevera el nuevo día, el aire fresco toca la puerta.

Voy a la cocina, bullen las moscas como girasoles que se ven lejanos. El viento acecha las ventanas.

MULAHoy está tranquilo el día. Ayer, junto a mi mula subiendo la loma a Peralonso, casi nos despeñamos, nos salvó una ramada, los plátanos fueron a dar al río. Luego nos miramos a los ojos, diciéndonos nada, oí su voz, y se me vinieron las lágrimas. De regreso, la mula dejó caer todo su peso en el pasto, allí descansa desde entonces.

Pensé en ella toda la noche, sus rebuznos penetraban mis sueños. Soñé que al salir del rancho había un muerto en la entrada, un muerto con toda su carne intacta, miraba con ojos llenos de luna, me miraba. Quedé quieto como el finado. Llegaron las gentes de las fincas vecinas gritando, acusándome de ser el asesino, la voz se fue de mí, mis párpados se cerraban y abrían al instante… ¡Un sueño terrible!

Voy a la ventana, me refugio entre la cortina dejando ver un ojo espía.

Hay un muerto en mi rancho.

Un muerto que se arropa con mi pasto, el frío llena mi cuerpo, me llega el espanto.

Intento dormir, la cabeza hace de campana, nada advierte, y hay dolor, dolor agudo, es real.

-Señor queda usted arrestado por la muerte de su compañero.

Despierto, el pasto es hielo. A mi lado hay un hombre. Rebuzno al tiempo que hay una algarabía que llega hasta mis sueños.