DESVARÍO POÉTICO

Este es un adelanto de una novela inédita del autor, con título provisional de Goetia. Coes es también músico y compositor.

 

Escribe / Elbert Coes – Ilustra / Stella Maris

Comienzo con una premisa no apta para optimistas: pasado, presente y futuro conviven y nada nunca cambia. La naturaleza se mofa de sus participantes y en ello se deleita. En una discusión al aire, Elizabeth exponía que la vida estaba por defecto en todas las cosas ahora y siempre, y la definía como la constante del dolor y las angustias. En cambio, opuesto a su razonamiento, yo decía que la muerte era lo principal y sin que el hombre se lo propusiera deseaba estar allí, en ese lugar, en ese estado.

Usaré los argumentum ad abductio y a simili para exponer mi tesis.

El placer, inherente a todas nuestras búsquedas, se halla justo detrás de aquello que la moral general define como autodestructivo. A saber, el sexo, el alcohol, el tabaco, las drogas, la televisión y cualquier «pecado capital» que se le ocurra al lector.

El orgasmo es una pequeña muerte; diminuta, pero que la simula. El alcoholismo, valiente goce para redimir el tedio y olvidar una pena de amor, destruye el hígado. Ya saben que en la síntesis proteica y ciclos de la lactosa y otros el hígado es fundamental. El tabaco es tan útil ante la reflexión que pocos intelectuales recuerdo posar (y pensar) sin humo saliendo de sus fosas. Algo, falacia ad baculum, debe haber allí que los santos nos impiden probar. La belleza de La comedia está en su Infierno; el mismo atributo me seduce del Paraíso perdido. Por algo confío más en el silencio de Virgilio que en el relato de Dante: ¡Cuántos condenados habrá en el goce de su deleite y, tal como lo mostró el poeta florentino, ni Caronte ni las almas del torbellino condenadas por Cupido, ni Ulises —que tanto corrió tras el saber— quisieron abandonar sus pozos!; a contrario sensu, ninguno de ellos mostró arrepentimiento.

La muerte del ego me llevó a Eli. Eli me remató. La muerte de su madre la hizo cantar: hay que traspasar el umbral con la frente en alto porque allá espera la panacea de los placeres. Los desahuciados, a quienes se les niega el derecho, vuelven diciendo que era como estar en casa. Rabian al volver. La oscuridad es por defecto, Eli. Los hombres sabios, los llorones, los ciegos, los que amaron la vida, entran con la frente en alto en esa buena noche.

Ignoro si cualquier probable abstracción resulta mera especulación. Habría que confrontarlo al gato de Lewis Carroll o mejor al teorema de Schrödinger, puesto que, si todo tiempo es irredimible —y pasado, presente y futuro se conjugan—, entonces cuanto es, pasado y futuro son irremediables en posibilidades, por lo tanto, dejan de ser meras especulaciones. Sin embargo, estoy de acuerdo en que el presente es la resolución de todos los tiempos, así que lo que se ha roto en el futuro permanece roto ahora y lo que se reparó ayer, está roto hoy. El presente es la actualización de todos las temporalidades, pasado y memoria operan por separado; uno es fijo y el otro corresponde al estado de actualización. La rosaleda es el lugar que añoramos. Canceladas las posibilidades para el particular que no es el mismo que otro, dado el teorema de Schrödinger, la rosaleda es aquello que se descartó con la elección.

A veces pienso en Eli pensando Eli Eli Lama sabactani y también en que Eli y Eliot tienen el mismo prefijo sintagmático. Luego, Eli me recuerda que Elíseos viene del griego Elysium, cielo de los virtuosos. La pregunta real era: llegado el caso, ¿estaba dispuesto a dejarla ir? Es más fácil soltar cuando se ama, y yo no la amaba. El temor radica en que se vaya antes. Tuvimos incontables charlas, radio, teatro, comidas. Hasta ahora sigo sin confirmar si expresar «Te amo, Eli», es analogía de «Soy Goetia». Porque también yo leí en un Columbia Poetry Park y estudié Crítica Literaria, y también asistí al rito donde bebimos sangre menstrual. En mi defensa diré que lo hice por afecto al mejor amigo de Eli. Pero la mayoría de nuestros actos se hallaban al margen del sexo y del cortejo como leitmotiv.

Eli decía que la poesía se hacía a través del lenguaje y argumentum ad verecundiam citaba a Di Tulio y a Steiner y yo, sin citar a nadie, porque no hacía falta, le decía… (citaba a Mosé ben Sem de León), le decía que la poesía preexistía al lenguaje; que estaba por encima y que frecuentemente era imposible encontrar formas de manifestar las epifanías. El poema tal vez logra acercarse a ella y aunque su fin y razón de ser es la poesía, jamás la alcanza. La poesía es la virtud del poema, el dios al que aspira el hombre según Platón; la utopía, la ejecución cósmica. Pero el poema es perfecto en sí mismo, porque Un cambio en el ojo advierte a tiempo la ceguera hasta el hueso alcanza su máximo poético en Un cambio en el ojo advierte a tiempo la ceguera hasta el hueso, aunque haya perdido poesía por intervención humana, la del lenguaje.

El poema es emanación de poesía. En sus epifanías, santos y sacerdotes sí han experimentado la poesía, sin nombrarla.

Para Eli la divinidad se halla en todas las áreas del conocimiento y la experiencia, y por esta misma razón la poesía no puede preexistir al lenguaje. Más bien, a partir del lenguaje se concibe la poesía. Sigo preguntándome cómo es posible que alguien cuyo nombre es prefijo de Dios resulte tan escéptico. Según ella, el poema es inexistente sin el lenguaje y la poesía se logra toda vez se da el parto del poema. Habría que, palabras suyas, hacer coalición entre varios aspectos: poeta, poema, acto poético y literacidad. Entonces es justo hablar de poesía.

En tu jerarquización, la poesía es lo último, le refuté.

No, en absoluto, dijo ella. En mi pirámide la poesía es el fin último, a diferencia del tuyo.

En Eli hay que lograr la poesía; cosa difícil, aunque no utópica. Lo discutimos en la cama y en la bañera y también al aire (con prudencia). Ella era testaruda y se ganaba su título de Goetia por el carisma, su dominio del lenguaje y por invocar a Lispector como si hiciera un ritual vudú brasilero.

Finalmente, mencionaré el caso que propusimos como ejemplo (lo cual no resolvió nada y en cambio creó más dudas): el youtuber de Nueva Yersi —uno de los nuestros— era soso y cada que habría la boca se expresaba como un freaky obligado a modular la voz, no para hacerse entender sino para hacerse notar. Pero resulta que, en cierta ocasión de cervezas y cartas en la sala del apartamento, luego de echar chistes de los profesores de Columbia, el tipo se levantó con su piel dorada y manos abiertas, y dijo: ¡Oh, si esta sólida, demasiado sólida carne pudiera disolverse, licuarse en rocío de lágrimas, o el Todopoderoso no hubiera condenado el homicidio del propio cuerpo!, ¡Oh, Dios!, ¡Dios mío! ¡Cuán despreciable y vana me parece la forma de este mundo!…

Y siguió con Yago en elogio a la paciencia para argüir sus planes contra Otelo, y luego recitó, de memoria digo, el discurso de Lady Macbeth reprendiendo la debilidad de su ambiguo y tímido marido: ¿Quisierais poseer lo que juzgas el ornato de la vida y vivir como un cobarde en tu propia estimación, dejando que un “No me atrevo” vaya en pos del “Yo quisiera” …?  Luego, en bretano antiguo, habló de un teatro y de los trajes que vistieron los Hombres del rey, de qué significaba ser un isabelino y en especial se burlaba de la reina Victoria. Habló de un pueblito en el que solía jugar con otros niños hasta que se mudó al centro de Londres, de una esposa a la que no quería (no sabría si sería Anne Hathaway) y de que su verdadera identidad solo la supo el jardinero, la cual prefirió callar.

El youtuber, insisto, era un idiota, idiota de capa y espada, y él mismo no se resistía a admitirlo, y en efecto tampoco recitaba. Para Elizabeth, el inepto e insípido youtuber solía sintonizar por azar y suerte la frecuencia Goetia, o espiritual, o fantasmagórica si se prefiere, del Bardo de Avon; para mí era el mismísimo Bardo de Avon, quien aprovechaba demasiada estupidez ocupando un cuerpo para poseer de cuando en cuando al youtuber.