Esto no es lo más tétrico, lo que seguí viendo fue aún más espeluznante, realmente de esto es de lo que les quiero hablar; esa masa amorfa tomó una fuerza inhumana, sus entrañas se adentraban nuevamente en la cavidad de donde habían salido, los gusanos que habían cerca del estómago fueron igualmente aspirados.

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Texto: Alex Noreña 

Iban siendo las 11 am, lejos del lugar se escuchaba frenar los buses, el sonido se combinaba con los megáfonos de vendedores ambulantes que ofrecían sus productos –la papaya dulce y sabrosita, papaya, papaya, a mil, a mil–. Estando en una ventana lo vi todo, se trató de un caso espeluznante, es cierto que cuando uno ve morir una paloma en manos de un depredador, la cosa se ve hasta natural, pero esto fue todo lo contrario, esto no quiere decir que los más fuertes sean inmortales o que la cadena alimenticia sea una declaratoria de supremacía en donde nadie puede escalar, no, no es eso, la cosa es que cualquiera puede lograr el pico alimenticio, y no se juzgará ni siquiera los medios por los que se alcanzó la posición, pero esto señores, esto sin duda rebate todo lo que había pensado de la humanidad y la naturaleza.

Como era costumbre, recibí de manos de Marthica un delicioso café, leí el diario, revisé la bandeja de entrada de los correos electrónicos, luego fui a la ventana, desde allí vi que desde la esquina venía un hombre, éste se rascaba con gran copiosidad el estómago, se quejaba de dolor, el dolor se convirtió en alaridos, los alaridos en histeria. El hombre corrió hasta alcanzar la mitad de la cuadra, y sin advertir se desplomó, se fue de bruces, cayó seco en el pavimento con toda la cara, todo lo demás quedó en silencio, los buses, el megáfono, yo.

Al instante se vio rodeado de una multitud de gente, gente que susurraba, que se preguntaban qué le había sucedido, los murmullos llenaron el lugar; los buses y los megáfonos volvieron lentamente a su ruido habitual. Del hombre vi como las gentes lo voltearon, al ponerlo boca arriba una mujer advirtió que de la panza de aquel hombre salía un sin número de gusanos, él, seguía vivo, lentamente movió los dedos como rasguñando el pavimento, el tumulto de gente espantado por la escena, rodeaban a la masa de podredumbre con más y más distancia, al tiempo que seguían saliendo gusanos del estómago. En un arranque de desespero, el hombre levanta sus manos, las lleva al vientre y coge un puñado de sanguijuelas lanzándolas a los espectadores, estos corren despavoridos, otros al ver consumada la acción huyen espantados del lugar.

Esto no es lo más tétrico, lo que seguí viendo fue aún más espeluznante, realmente de esto es de lo que les quiero hablar; esa masa amorfa tomó una fuerza inhumana, sus entrañas se adentraban nuevamente en la cavidad de donde habían salido, los gusanos que habían cerca del estómago fueron igualmente aspirados. El cuerpo por entero de ese hombre se fue hinchando, fue creciendo como un globo, su piel dejaba ver las venas más recónditas, se hinchaba con desmesura al punto de alcanzar el límite de la resistencia de la piel. En ese instante su boca se abrió de par en par, un chillido de horror salió de ella, como una caldera en presión salieron despedidos gusanos por todas partes, unos fueron a parar en las bocas de los que nos hallábamos mirando, pero hubo al menos un gusano para todos, que nos hizo hablar de lo sucedido.