El cielo de las letras

Definitivamente este es el cielo de las letras, porque también vi la J, la Y, la T, la Z y la G de aquella historia de un hombre que trastornado por el sueño de un enano promiscuo mató a Triunfo Arciniegas.

A Camila F. Linero Illidge,

Justamente merecido.

Por: José David Pacheco Martínez

Ayer la encontré caminando por esas calles de miel y leche que tanto promete la religión: ahí estaba la A, la A que completó la palabra que hacía falta en mi relato del sábado. También estaban la P, la H, la S y la C que asesiné ayer porque en un error de digitación se atravesaron en mi perfecto párrafo.

Definitivamente este es el cielo de las letras, porque también vi la J, la Y, la T, la Z y la G de aquella historia de un hombre que trastornado por el sueño de un enano promiscuo mató a Triunfo Arciniegas.

Matar letras es tan fácil. Es cuestión de  oprimir un botón.  Hay gente sin imaginación ni talento que escribe y borra todo el día, asesinando letras y más letras, palabras, párrafos,  páginas, historias completas, gente sin pudor ni vergüenza.

Las letras, mis letras, van al cielo, ese cielo que con ellas y para ellas inventé y que no merezco yo, quien en este preciso momento, para terminar, las escribo, las borro y las dejo de escribir.

Santa Marta, diciembre 19 de 2017