Al intentar acercarse a ellos, los paramédicos quedan en shock después de ser golpeados por una luz y ver cómo esos dos sujetos son impactados por un rayo.

 

 

Por: Mauricio Tabares Gallego

El autobús recorre las pistas del Aeropuerto Internacional Kingsford Smith – Mascot, Sydney, con la misma rutina de todos los días, llevar y traer pasajeros. Robert, el conductor, antes de encender los motores, echa una mirada al cielo notando la oscuridad y frialdad del clima y piensa: –Será un día tedioso para trabajar.

Los pasajeros ya se encuentran listos para abordar el bus que los llevará a tomar su vuelo correspondiente, unos van de regreso a casa, otros salen quizás a tomar un descanso y otros realizan sus viajes rutinarios de negocios.

El conductor abre las puertas y espera con paciencia hasta que todas las sillas se hayan ocupado, empieza a llover sin compasión luego de subirse el último pasajero, ubicado tras de él, dice: Nos hemos subido a tiempo, y con una sonrisa casi fingida, Robert cierra las puertas del vehículo.

Avanzan con precaución y en medio de la lluvia se oye un sonido vago que proviene del centro de control del aeropuerto, el cual interrumpe el silencio y la calma que había dentro del autobús, pues informan que los vuelos han sido temporalmente cancelados por las circunstancias del clima. Los pasajeros, disgustados, empiezan a quejarse y a alentar sollozos.

La alteración de los pasajeros provoca que el conductor se enoje, concentrando sus sentidos en el ruido de la gente. Al mismo tiempo, la intensidad de la lluvia nubla la poca visibilidad que tiene; en un abrir y cerrar de ojos, al volver la mirada al frente, ve cómo una persona huye de la lluvia cubriendo su cabeza atravesándose por su ruta; en ese instante los reflejos del conductor (en búsqueda de no arrollar a aquella persona), provocan que pise el freno y gire de forma violenta el volante. Robert siente cómo las llantas se desvían y empiezan a patinar en medio de la pista, perdiendo el control del autobús. En cuestión de segundos el vehículo hace un giro que lo voltea y lo arrastra unos metros fuera del camino trazado, y al mismo tiempo, esto hace que dos pasajeros salgan volando por una de las ventanas.

Uno de los vigilantes es testigo de lo sucedido, toma su radio para informar, balbuceante, sobre el accidente a emergencias. En dos minutos llegan los paramédicos en sus ambulancias y con dificultad empiezan a visualizar el sitio, ubican el autobús volcado e intentan buscar las dos personas que, según la descripción del testigo, salieron expulsados por una de las ventanas. Con el clima en su contra y el tiempo contado, uno de los asistentes, que logra escuchar un sonido, dirige la mirada hacia una parte de la calzada y percibe dos sombras, reacciona al darse cuenta que pertenecen a los dos pasajeros. Al intentar acercarse a ellos, los paramédicos quedan en shock después de ser golpeados por una luz y ver cómo esos dos sujetos son impactados por un rayo.

La lluvia disminuye, sale el sol sobre Sydney, todos se aclaran los ojos e intentan pensar en lo que acaba de suceder. Uno de los paramédicos queda perplejo al ver cómo los dos hombres se levantan del suelo con apoyo mutuo y sacuden sus ropas como si lo que acababa de suceder hubiese sido tan solo una alucinación; se aproximan a auxiliarlos, posan una manta sobre sus hombros y sin musitar palabra alguna se dirigen a la ambulancia para ser llevados a un lugar seguro.

Christopher Hall (Chicago, Estado Unidos – Basquetbolista profesional) y Adler Schneider (Berlín, Alemania – Asesino en serie), son los nombres de las dos personas que, sobrevivieron después de recibir una fuerte descarga eléctrica sobre sus cuerpos, dejándoles tan solo un cicatriz en sus espaldas, los hechos ocurrieron en las pistas del Kingsford Smith”. Mientras esta noticia se hace viral en todo Mascot, los dos hombres continúan con su vida normal en su ciudad natal, pero pasada una semana desde el accidente, ocurren dos acontecimientos poco habituales que los hace volver a Sydney.

 

Segunda semana después del accidente. Chicago, 23:00  – Berlín, 06:00 horas.

Christopher Hall se levanta de su cama un poco sonámbulo, despierto súbitamente por el sonido de una alarma que no sabe de donde proviene; sin dejar de escucharlo, siente la necesidad de pararse y buscar un traje difícil de encontrar en un armario de un deportista.

Adler Schneider apaga el sonido de su alarma con un movimiento rutinario, sin ningún esfuerzo se levanta, toma una ducha y al pararse frente al guardarropa siente que ya ha realizado esta acción y a su vez siente un poco de sueño.

El reloj cae al suelo e instantáneamente a ambos les duele la cicatriz. Hall vuelve en sí y confundido por lo que acaba de suceder, vuelve a la cama intentando acariciar su espalda. Schneider sigue despierto, de repente el sueño se ha ido y aunque confuso, vuelve a su rutina.

 

Siguiente semana después del primer acontecimiento. Chicago, 07:00 – Berlín, 14:00 horas.

Chris sale temprano a jugar con sus amigos, desde que se despertó aquella noche no ha sucedido nada parecido, simplemente culpó al insomnio; se queda un poco distraído y uno de sus compañeros lo golpea en la espalda, llega a la memoria del basquetbolista el momento en el que fue impactado por el rayo y con un sonido que proviene de sus manos vuelve a la realidad, su balón se ha estallado.

Sin darle vueltas al asunto, piensa: Debo conseguir un balón nuevo. Una vez terminan de jugar, Christopher decide ir a la tienda de deportes, al salir, cree haber guardado su nuevo balón en el maletín, y una vez estando adentro de su habitación, después de sentir nuevamente un dolor en su espalda, abre el bolso y se da cuenta que dentro de él hay unas cuantas armas.

Berlín se mueve con rapidez, Adler revisa una vez más su agenda y se da cuenta que no tiene las armas correspondientes para la siguiente tarea en lista. Da unas cuantas vueltas por la ciudad y antes de llegar al sitio que cree que es propicio para completar sus pendientes, siente una punzada en la cicatriz de su espalda; creyendo estar consciente de su camino, realiza las compras y al salir del lugar, siente nuevamente el dolor, acompañado de un leve mareo; y al mirar instintivamente sus manos, queda perplejo al ver que lo que ha comprado ha sido un balón de baloncesto.

Ninguno de los dos logra entender con exactitud qué es lo que está sucediendo. La semana anterior hubo un suceso sin mucha relevancia que ambos pasaron por alto sin prestarle mucha atención; pero esto que les acaba de ocurrir no tiene lógica alguna, puesto que es una contrariedad a la profesión que cada uno realiza.

A la vez toman un poco de aire, como si estuvieran sincronizados, y al analizar lo que ha acontecido y el tiempo que ha transcurrido, se dan cuenta que todo ha sucedido desde el día del accidente.

El alemán, queriendo aclarar la situación, mueve sus contactos y logra comunicarse con Hall, coinciden con las historias relatadas y ambos llegan a una conclusión: Desde que fueron impactados por el rayo, no solo les dejó una cicatriz, sino que parte de sus almas fueron sincronizadas y por eso existe entre ellos cierta conexión telepática.

Piensan que si se vuelven a encontrar en el mismo lugar, y hay un contacto físico, darán fin a ese problema. Deciden viajar a Sydney desde sus lugares de residencia y encontrarse frente a frente con esa realidad subnormal.

 

Día citado. Mascot, Sydney – 12:00 horas.

Christopher Hall y Adler Schneider ya han llegado al Aeropuerto Internacional Kingsford Smith, ahora están situados uno frente al otro a unos cuantos pasos de distancia, ambos pueden sentir cómo sus cicatrices queman y se abren paso por sus cuerpos, rememorando aquel día.

Tanto Chris como Adler se sienten sudorosos, el basquetbolista por su parte piensa que nunca se había sentido así en toda su vida de deportista; y el alemán por su parte, discreto con su profesión, se estaba quitando la idea de que sus nervios eran de acero.

Por último, deciden acercarse poco a poco, y uno cree escucharle decir al otro: Vamos, deja el misterio, solo un apretón de manos y solucionamos esto.

Extienden sus manos y cuando empieza el contacto de sus dedos, se forma una chispa que cada vez es más intensa y más fuerte, y cuando llegan al apretón final, se forma una burbuja a su alrededor en la que cada uno observa cómo su alma sale de su cuerpo, pasando en totalidad al del otro; y en un santiamén, una fuerza los empuja lejos de cada uno, abren sus ojos lentamente y lo único que observan al frente sus cuerpos, como espejos, vivos, intentando recuperarse; pero sus almas ya no están latentes.

mtabares11@estudiantes.areandina.edu.co