Estos dos sentimientos encontrados (el odiar a los villanos pero al mismo tiempo querer observar cómo hacen sufrir a los demás) conforman una grandísima hipocresía que posee todo fanático de los films que incluyan porno-tortura. Y es este doble sentimiento al que Haneke apunta su crítica con Funny Games.

 

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Por: Jhon James Gutiérrez Ocampo

Sinopsis

Las vacaciones comienzan con Anna, George y su hijo Georgie de camino a su casa de verano. Los vecinos, Fred y Eva, ya están allí. Se citan para jugar al golf la mañana siguiente. Es un día perfecto. Ann empieza a preparar la cena, mientras su marido y su hijo están ocupados con el barco de vela recién remozado. De repente, Ann se encuentra cara a cara con Peter, un joven educado e invitado de sus vecinos, que ha venido a pedir unos huevos porque a Eva se le han acabado. Ann está a punto de darle a Peter los huevos, pero tiene dudas. ¿Cómo ha entrado en su propiedad? Peter explica que hay un agujero en la valla, se lo enseñó Fred. Desde el principio las cosas parecen extrañas. Pronto estalla la violencia. (Sinopsis del remake plano por plano de Funny Games, extraído de La Butaca)

Análisis

Los thrillers home invasion suelen llevarse muy bien con la porno-tortura. Y no sólo este género en particular, sino también el terror y en especial el gore. Cuando se mezclan estos géneros (los mencionados anteriormente y la porno-tortura) se obtiene una estructura fílmica bastante interesante: un verdugo (o un grupo de verdugos) se encarga de torturar a un grupo de víctimas quienes, a través de su dolor, le producen placer al espectador. Es algo que, aunque suene retorcido, funciona muy bien… pero no para Michae Haneke. Este director austriaco, famoso por sus constantes críticas hacia el comportamiento del ser humano en la sociedad moderna, decide darle una vuelta de tuerca a los thrillers psicológicos en este experimento nihilista donde lo que menos veremos serán juegos divertidos.

Wega Film

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Paul: pero la ficción es real, ¿cierto?

Peter: ¿qué quieres decir?

Paul: bueno, la ves en la película, ¿no?

Peter: por supuesto

Paul: así que es tan real como la realidad que ves, ¿verdad?”

La ficción puede ser tan real como la realidad. Sólo existe una delgadísima línea que las separa y cualquiera de las dos puede traspasar tranquilamente dicha línea. Este es el mensaje desmenuzado que nos da Michael Haneke en su realista y provocativo thriller Funny Games (Juegos Divertidos, 1997). Pero antes de adentrarnos de lleno a ese fuerte mensaje, ¿quiénes son Paul y Peter? ¿Cómo es que Haneke se atreve a afirmar esta clase de locuras?

Todo empieza con una típica familia burguesa que va de vacaciones a su casa de verano. La familia está compuesta por Anna, la madre, George, el padre, y George Jr. o Georgie, el pequeño hijo.Tras pasar un corto tiempo de haber llegado a su hogar, un joven muy amable llamado Peter, vestido de blanco y un poco robusto, toca la puerta con el fin de que Anna le regale cuatro huevos para él llevar a la casa de los vecinos. Más tarde aparece otro joven de nombre Paul, igualmente vestido de blanco, quien tras discutir con George procurando conservar sus modales decide agarrar un palo de golf e inmovilizarlo golpeándole una de las piernas. Lo que empieza como unas buenas vacaciones para la familia se convierte rápidamente en un infierno.

La película avanza lentamente como un convencional thriller psicológico pero empiezan a suceder, poco a poco, cosas que el espectador no ve venir. Por ejemplo, Paul rompe la cuarta pared constantemente, guiñándole un ojo a la audiencia, hablándole a ella, haciéndola partícipe de la película. Está consciente de que está en una película y sabe cómo aprovecharse de eso. En este punto, es necesario dividir la crítica hacia la película en dos aspectos importantes: su resultado como thriller psicológico y su función como crítica hacia la violencia en el cine.

En el primer aspecto, tenemos un film que, mediante su ritmo lento, sus planos largos y su ausencia de soundtrack, nos entrega un escenario sencillo compuesto de apenas cinco personajes (sin contar las pequeñas apariciones de personajes terciarios), de los cuales dos de ellos están en situación de ventaja y el resto son víctimas. El film, sin caer en la porno-tortura ni en la excesiva explicitud, nos da un retrato espantosamente realista del sufrimiento de una familia al caer en manos de un par de psicópatas cuya única razón de matar es porque lo encuentran entretenido.

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Pero la verdadera tortura no es física, sino psicológica. La contraposición de conductas como el sádico pensamiento de los villanos y su aparente cortesía llegan a conformar un ambiente de verdadera tensión donde nos llegamos a cuestionar si la familia tiene, por lo menos, una mínima esperanza de salvarse. No es ese tipo de tensión momentánea e inesperada compuesta por imágenes mostradas en pantalla a la par de una banda sonora acorde a la situación, como lo hacía el maestro Hitchcock, sino la clase de tensión en la que el público se siente inmerso en un lugar hostil donde no sabe con certeza qué podrá pasar, es decir, se siente vulnerable. Y como si esto fuera poco, la falta de un soundtrack (la película sólo contiene cinco canciones como soundtrack y sonido ambiente) que ayude a rellenar dicha ausencia de esperanza hace más difícil de ver todas las penurias por las que pasa la familia. Resulta ser un ejercicio hiperrealista que, progresivamente, pone al descubierto la característica más aterradora de la película: la psiquis de los villanos.

Y ya hablando de la psiquis de ellos, es donde comienza lo atractivo de este particular film. Los villanos son un par de jóvenes que, basados en sus diálogos, podemos suponer que son unos amplios consumidores de productos culturales y al mismo tiempo están tan afectados por éstos que torturar y matar es algo muy común para ellos. Son un resultado de la insensibilización de la violencia que los mismos medios de comunicación han causado, en especial la televisión y el cine (que es a donde apunta esta cinta).

La sociedad ha llegado a un punto donde las desgracias del ser humano son motivo de placer tanto en el mundo de la ficción como en la realidad. Paul y Peter son el vivo ejemplo de esto. Pero no sólo a ellos les satisface la violencia, también a quienes Paul le habla: a nosotros, la audiencia. Somos partícipes de cómo estos jóvenes están torturando a una familia y eso nos hace odiarlos pero al mismo tiempo alimenta nuestro morbo porque, ¿para qué decidimos ver una película donde sabemos que un grupo de personas va a ser torturada? Es claro que deseamos regocijarnos a costa del sufrimiento de otros seres humanos.

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Estos dos sentimientos encontrados (el odiar a los villanos pero al mismo tiempo querer observar cómo hacen sufrir a los demás) conforman una grandísima hipocresía que posee todo fanático de los films que incluyan porno-tortura. Y es este doble sentimiento al que Haneke apunta su crítica con Funny Games. Para él, la violencia se ha convertido en otro factor de ocio como si se tratase de un simple juego. Todo el tiempo somos bombardeados por representaciones nihilistas de la muerte en pantalla gracias al mismo morbo que hemos generado en torno a ello, porque a fin de cuentas somos nosotros, el público, quien demanda más acción, más sangre, más violencia. Es por este motivo que Haneke decide tomarle el pelo al espectador sabiendo que él entrará a su película por la curiosidad que causa el factor sensacionalista de ésta, todo para darle una gigantesca sacudida y decirle: ¿qué clase de sádico es usted para desear ver cómo muere lentamente una persona? Es más, priva a aquel cinéfilo curioso por obtener dicho placer y hace que todas las acciones violentas sucedan fuera de plano.

El directordesespera al público,juega con él de una manera que ningún otro film lo hace y manipula de tantas manerasla película que inclusive,[SPOILER MENOR]uno de los asesinos, Paul, agarra el control del DVD y devuelve la película hasta cierto punto sólo para corregir una acción y no entregarle a la audiencia sedienta de sangre y venganza lo que ella desea deFunny Games.

La parte por la que todos debemos preocuparnos es por el papel que nosotros cumplimos dentro de la película (porque incluso el público es un personaje clave de ella): nosotros no somos las víctimas, somos los asesinos. Disfrutamos el sufrimiento humanotanto como ellos. Tenemos el mismo nivel de insensibilidad y lo peor es que no nos sentimos culpables por ello. De hecho, nos sentimos a gusto. Cada uno de nosotros es un Paul o un Peter porque al final, la psiquis de ellos no esmás que un espejo diseñado para que nosotros nos miremos en él.

Aunque la película pueda ser un ejercicio pretencioso, hay que mencionar que tiene un valor único. La tomadura de pelo, el romper la cuarta pared, el hiperralismo y la fuertísima crítica tanto a la estructura convencional de los thrillers y las películas de terror, como a la violencia inmersa en el cine y en nosotros hacen de esta película una obra maestra. Algunos podrán odiarla (y en cierto modo Hanekecumple su objetivo cuando alguien lo hace)pero incluso esa gente deberá reconocer lo siguiente:Michael Hanekesupo cómo darnos, astutamente, una patada en las bolas.

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LO MEJOR: la forma en la que Haneke manipula al público, la curiosa manera de enviar un mensaje en contra de la violencia en los medios, cómo juegan a la vez los villanos con la familia y la película con nosotros,los momentos en los que se rompe la cuarta pared, el humor negro y, por supuesto, las actuaciones (en especial la de ArnoFrisch como Paul).

LO PEOR: es un experimento pretencioso, nihilista y que puede insultar al público… pero, ¡qué importa! Haneke supo cómo destrozar nuestro cosmos cinéfilo.

LA ESCENA: [SPOILER] Paul inicia un nuevo juego llamado “la esposa amorosa”. En éste, Anna deberá rezar una oración al revés y si lo logra, tendrá la oportunidad de decidir quién morirá primero y con qué utensilio. Mientras él explica el objetivo del juego, Annaagarra la escopeta rápidamente y le dispara a Peter. Paul, desesperado, le quita la escopeta a Anna, busca el control del DVD y rebobina la película hasta el momento en el que ella estaba a punto de agarrar el arma, con el fin de adelantársele a la traumatizada esposa (ya que él sabe qué es lo que sucederá) y no permitir que mate a Peter. Es una escena donde se le quita al espectador el último placer que él hubiera podido recibir de la película: la explícita venganza contra los asesinos. Haneke engaña una vez más a la audiencia.

Puntaje
Invasión de Cine B: 5 | 5
IMDb: 7.6 | 10
RottenTomatoes: 63% | 100%
Metacritic: 69% | 100%
Ficha técnica
Título original: Funny Games
Fecha de lanzamiento: 14 de mayo de 1997
Duración: 109 minutos
País: Austria
Productora: Wega Film
Director: Michael Haneke
Guion: Michael Haneke
Fotografía: JürgenJürges
Música: Walter Amann (departamento de sonido)
Reparto: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stefan Clapczynski
Género: Thriller psicológico/Thriller home invasion/Cine independiente

 

Tráiler

https://www.youtube.com/watch?v=-Cdlqx3Q_B4