Gabo y la diosa Película: un amor frustrado

tiempo de morirEl amor de Gabo por el cine lo llevó no solo a estudiar en la ahora sí -con todas las letras- legendaria Cineccittá, sino a ser uno de los fundadores de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, al lado del poeta y cineasta argentino Fernando Birri, y del realizador y teórico cubano Julio García Espinosa; buscaban la instauración de una Escuela de Tres Mundos para estudiantes de América Latina, África y Asia.

 

Por: Luis Aldana Vásquez

El premio Nobel de Literatura, colombiano de nacimiento, exiliado en México del día a la noche, macondiano eterno, tuvo dos amores incondicionales y imperecederos: el periodismo y la literatura. Hay quienes prefieren al Gabo de las crónicas y reportajes y otros al cuentista y novelista. Por mi parte, el narrador siempre me ha llenado todas las expectativas al emprender el singular trayecto de sus ficciones.

Hay otro amor en Gabo, uno no tan bien correspondido… es más, podría decirse que es un amor sufrido y descarnado. Gabo amaba el cine, pero el cine parecía no amarlo a él. Quizá la diosa Película miró siempre con recelo las genialidades inescrutables de un creador tan complejo y perfeccionista: un auténtico amante de la investigación, del carácter del lenguaje y de la dinámica del tiempo.

elamor_colera2El amor de Gabo por el cine lo llevó no solo a estudiar en la ahora sí -con todas las letras- legendaria Cineccittá, sino a ser uno de los fundadores de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, al lado del poeta y cineasta argentino Fernando Birri, y del realizador y teórico cubano Julio García Espinosa; buscaban la instauración de una Escuela de Tres Mundos para estudiantes de América Latina, África y Asia. En la Escuela confluyen realizadores de todo el planeta impartiendo talleres a jóvenes del Tercer Mundo. Él mismo participó muchas veces como tallerista de guion cinematográfico. Algunos de nuestros jóvenes realizadores terminaron sus estudios allí. Pero crear la Escuela no hizo que su relación con la diosa fuese del todo fluída.

La maríaLos intentos por filmar la obra del novio no convencieron del todo a la novia. Son pocas las pelis que se salvan del salvaje escrutinio; hay poca compasión cuando se trata de un genio del tamaño de Gabo. Y se necesitarían muchas líneas para exorcizar el crudo tema. Baste decir por ahora que una cinta como El coronel no tiene quien le escriba, del mexicano Arturo Ripstein, con Fernando Luján y Marisa Paredes en los roles estelares, es de esas pocas que logra salir avante. Pasando con sigilo por momentos como Tiempo de morir, 1986, de Jorge Alí Triana o incluso, o el Edipo Alcalde también dirigida por Triana basado en el guion que hizo Gabo con Stella Malagón, aunque es mejor no decir más. Ni la Crónica de una muerte anunciada del prestigioso Francesco Rosi de 1987, ni las más recientes como El amor en los tiempos del cólera (2007) del inglés Mike Newell, o Memoria de mis putas tristes (2011), del danés Henning Carlsen (incluido guion del maestro Jean-Claude Carrière), consiguen ser pelis completas, arrolladoras, magistrales como sí los son sus fábulas originadoras.

El mismo Akira Kurosawa estuvo detrás del macondiano narrador para que le permitiese adaptar Cien años de soledad a la plateada pantalla. Dicen que Gabo se sintió muy incómodo de darle un no al inmortal realizador japonés, uno de sus más admirados cinematografistas. Esa puede ser la leyenda. Otras versiones menos dulces, más prosaicas, proponen que el escritor consideraba que sería un proyecto muy costoso, que necesitaría muchas celebridades a bordo y que finalmente no se parecería en nada a las imágenes que los lectores poseen de la novela.  

Milagro en Roma
Milagro en Roma

Quizá no exista caso más claro de la naturaleza a veces esquiva y no compatible entre literatura y cine. Sabemos que es uno de los tópicos estéticos más complejos: el libro vs. la peli. Por mi parte hace mucho sostengo que no es posible hacer esa relación comparativa porque son lenguajes diferentes y con alcances sustancialmente ajenos. Sin embargo, no deja de ser un reto intentar hacerlo. Y en ocasiones encontramos felices acuerdos como los de la obra de Tolkien en manos de Jackson. Pero con la narrativa de GGM pasa otra cosa. Algo que escapa al más concienzudo análisis. Pasa algo que quizá solo sea comprensible vía asombro: no es posible hacer –salvo artilugios oscuros- una buena peli de una obra de Gabo. Quizá Gabo no entendía el cine, y este en venganza, no lo entendía a él. Un misterio, atrevido, sí, pero misterio después de todo. O quizá está la otra posibilidad: su escritura llegó a un nivel inasible e intangible para la cámara. Un dato que acrecienta nuestro orgullo por el Nobel.

Y con todo, considero que hay dos momentos claves en la relación de Gabo con el cine (o la tele), uno es la adaptación  que hizo de la novela María de Jorge Isaacs y que llevó a la pantalla chica de manera magistral Lisandro Duque. El otro es un experimento que desde la Escuela de San Antonio se hizo con algunos cuentos del Nobel. Uno de esos fue Milagro en Roma, coincidencial… no, precisamente, también dirigida por Lisando Duque. Estas dos son experiencias audiovisuales que merecen verse, decantarse y apreciarse como íntegras; sin llegar a ser obras maestras, logran hacer un justo balance entre la imagen puramente literaria y el momento escénico propio del cine. Es posible que al asunto acá se explique por el carácter de la amistad de Gabo y Lisandro más que por cualquier otra cosa. Es decir, es algo irrepetible e intransferible, ahora tristemente con mayor razón por la partida del escritor.

El amor en los tiempos del cólera
El amor en los tiempos del cólera

Pueden escribirse (y vaya que se han escrito ya) muchas cosas acerca de este amor tormentoso entre GGM y el cine, por ahora me gustaría cerrar diciendo que tal vez en algún momento la diosa Película se compadeció del enorme figurón que soñaba con jugar a las pelis con los hijos plateados de la dama cinética. Fue así como concedió que Rodrigo García Barcha se hiciese cineasta. El hijo de Gabo es un gran realizador, un narrador puro de la gran pantalla que ha dado al cine pelis tan interesantes como: Cosas que diría con solo mirarla (2000), Nueve vidas (2005) o Madres e hijas (2009), además de participar como director de algunas series muy importantes de la tele norteamericana. García además es buen guionista, algo que su padre siempre quiso hacer sin conseguirlo por completo.

No pudo ganarlas todas, pero eso no disminuyó ni un ápice su pasión y su entrega al séptimo arte.

Gabo en 35 mm también es protagonista. O al menos, un excelente coprotagonista.