En todo caso, ¿es esto lo que más nos conmueve? Mi respuesta es que no. Lo que más nos conmueve, además de lo antes mencionado, es ese sentimiento –siempre intraducible– que nos obliga a resistir la tiranía.

 

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Texto: Jhonattan Arredondo Grisales / Fotografías: Angélica Jhoana Correa

Una mujer. Una mujer con dos hijas a las que no ve desde hace cuatro años. Una mujer que trabaja largas jornadas en las peores condiciones laborales. Una mujer que viajó a la capital con la ilusión de cumplir sus sueños. Una mujer que es, a su vez, millones de mujeres. Hablo de Gilma Tocarruncho, personaje nuclear de Ni mierda pal perro (Ditirambo Teatro), interpretado por la actriz Margarita Rosa Gallardo y obra dirigida por el reconocido  director y dramaturgo Rodrigo Rodríguez.

Esta obra se presentó el miércoles anterior en la nueva sede de Teatro El Paso, La textilería (Maraya, Pereira), en el marco del Primer Festival Internacional de Teatro: un paso a la escena. Durante más de una hora, gracias al manejo de los ritmos, al juego con los objetos que se encuentran en la escena y por supuesto a la brillante actuación, el monólogo, que pasa constantemente de lo cómico a lo trágico, logra ser esa hacha que rompe el mar helado que llevamos dentro.

La historia es, en apariencia, una historia sencilla. Gilma Tocarruncho decide abandonar su pueblo para viajar a la capital a trabajar en el restaurante de su prima Blanca. Con este trabajo ella espera poder terminar sus estudios, conseguir una prótesis dental y traer a sus dos hijas a la ciudad. Sin embargo, sus sueños se desvanecen desde el inicio: su patrona, quien le había prometido un mejor porvenir, abusa de su condición. En pocas palabras, la trata como a un perro.

Ella es la que hace el aseo, la que cocina, la que atiende a los bebedores de cerveza. Ella es la que tiene que limpiar la mierda del animal, la que tiene que atender a las visitas y la que debe soportar el acoso del “indio ese” que es el esposo de su prima.  Ella es, en fin, el personaje que representa el mito del migrante. Es decir, aquel o aquella que padece los embates de lo desconocido, el dolor de encontrase lejos, el miedo al fracaso. Las humillaciones.

En todo caso, ¿es esto lo que más nos conmueve? Mi respuesta es que no. Lo que más nos conmueve, además de lo antes mencionado, es ese sentimiento –siempre intraducible– que nos obliga a resistir la tiranía. Pero, ¿qué nos hace llevar esa enorme piedra sobre la espalda? Las respuestas pueden ir desde la simple obviedad hasta las profundidades de nuestra condición humana. Y quizás, en el fondo, en ese punto ciego que nos impide ver las cosas con claridad, la explicación la encontremos en el despotismo de nuestros gobernantes.

También es importante mencionar que esta representación teatral lleva más de seiscientas presentaciones a nivel nacional e internacional, lo cual demuestra la solidez en la puesta en escena y por lo tanto la buena recepción de los espectadores, quienes, de acuerdo con la instalación escenográfica, serán los comensales con los que nuestra heroína intervendrá mientras nos cuenta su experiencia.

Este detalle le brinda algo especial a la composición. Ese algo es la necesidad de que no hagamos caso omiso a las realidades más cercanas. La necesidad de que sintamos empatía frente al dolor de los demás. La necesidad de llorar, pero asimismo de reírnos de nuestras propias desgracias. La necesidad de acercarnos a la vida de los otros. Todo esto lo logra un humilde personaje que se quedará en la memoria de los pereiranos. En conclusión, Gilma Tocarruncho es una mujer maravillosa.

 

Ficha Técnica

Actriz: Margarita Rosa Gallardo

Autor y director: Rodrigo Rodríguez

Producción: Ditirambo Teatro

Luminotecnia y escenografía: Yeferson Toro y Omar Domínguez.

Asistencia en Divulgación: Jerónimo Rodríguez