Todo se desarrolla en un solo día. Son 24 horas de experimento con un ser humano y su psicología. Lo cual pone a repensar la situación actual del hombre posmoderno: el híper-hombre desposeído de significado, que se vuelve el significante en un determinado escenario.

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Por: Diego Firmiano

La película

Después de 13 años de su última producción cinematográfica en 1999, el director Léos Carax, considerado el enfant terrible del cine francés de los años 80 y 90, aparece en escena con una extraña pero magnífica película que se perfila como de culto: Holy Motors.

Una película franco-alemana, del año 2012, que fue  bien recibida por la crítica cinematográfica, y que hasta el momento tiene 123 reseñas y cientos de comentarios positivos en varios portales web y revistas especializadas de cine.

Protagonizada por Denis Lavant (actor de: ‘Les amours perdues’, ‘Le petit pouce’,’ L’oeil de l’astronome’) y Edith Scob; y con actuaciones secundarias de Eva Mendes, Killye Minogue, Elise Lhomeau, Michel Piccolli y Jeanne Disson.

Esta novedad filmográfica no recibió ningún premio en el Festival de Cannes,  pero en el “Festival de Cine Fantástico de Sitges”, Catalunya, fue galardonada con 4 premios por mejor película, mejor dirección,  producción y critica.

El argumento

Holy Motors narra la historia de Oscar (Denis Lavant), un hombre solitario, con una intensa pasión por actuar, que vive su vida como si fuera una película. Adopta diferentes disfraces, se interna en la psicología de las personas representadas, e interactúa en  diferentes escenarios de la ciudad. Oscar, el protagonista, es un hombre sin conexión, sin contexto, parece que vive entre paréntesis, o sea fuera de la historia. Está en varios los lugares, pero a su vez, parece no pertenece a ninguno de ellos.

Así, entonces la trama empieza, cuando Oscar (Denis Lavant) sube a una limusina blanca, conducida por Céline (Edith Scob) la cual le informa que tiene nueve citas, nueve personas que representar en nueve escenarios de la ciudad. Todo se desarrolla en un solo día. Son 24 horas de experimento con un ser humano y su psicología. Lo cual pone a repensar la situación actual del hombre posmoderno: el híper-hombre desposeído de significado, que se vuelve el significante en un determinado escenario.

Esta es una de esas películas de drama que lo dejan a uno pensando, pues parece poseer la encantadora estructura de una canción bien concertada. En una palabra es una extraña parábola sobre del hombre que vive en sociedad. El hombre-masa, que asume su rol con una conciencia de lo que le es posible, asumiendo los modos de la existencia, pero que a su vez se siente como un náufrago que no logra salir a flote.

Holy Motors es una propuesta llamativa, porque busca mostrar las aristas de la naturaleza humana tan sórdida y vacilante. Es la metáfora del hombre que trata de encontrar un sentido en una sociedad llena de máscaras y representaciones. Este trabajo involucra la filosofía del sujeto y la máscara, de la que habló Gianni Vattimo. El ser como evento. El hombre que existe entre los demás hombres y que busca su verdadera esencia en los roles sociales asignados.

Por ser una película francesa ya lleva incluido el sello de la filosofía europea. Quizás un poco de existencialismo aquí, absurdismo por allá, nihilismo entre escenas, y un humanismo desbordado. Es una película dentro de una película, ¿pero dónde están las cámaras, el equipo de cine, el director dentro de la película?

La crítica

Hay algo cierto, el cine francés jamás se ha recuperado de la llegada del cine sonoro. Léos Carax, el “niño terrible” del cine francés, propone un medio volver a este magnífico y gran tiempo del cine subjetivo. Jean Paul Sartre se lamentaba y le daban náusea los diálogos cinematográficos, consideraba el lenguaje verbal el fin del cine serio: el de las percepciones.

En esta obra hay una simetría en los encuadres que deja perplejo a los cine-videntes. Una estructura lineal clara como las caras de un diamante pulido, que se asemeja mucho a la  película “Bad Boy Bubby” del cineasta australiano Rolf De Heer, y ganadora de cuatro premios del Australian Film Institute en 1994.

Una obra rara, que habla artísticamente, como dice el filósofo francés Michel Houellebecq: “es raro ver una película donde la luz se adapta a la tonalidad emocional de las escenas con tanta inteligencia”.

Casi con violencia, con nostalgia, casi con dolor, Holy Motors es una película culta, una película francesa con hondura y  con un sentido de desgarramiento de las pasiones humanas, que son tan universales. Este tipo de cine se encuadra en el realismo cínico.

Estamos sin duda ante una película de buena calidad,  contenido, fotografía, escena, reparto, guion. Una obra cinematográfica deliciosamente absurda, que evalúa la vida, la muerte y todo lo que hay en medio, reflejado en un espejo deformante.

¿Qué queda entonces al final de la película? Un hombre rizoma. Un tallo con muchas raíces, un hombre con una vida fragmentada entre muchas vidas. Una red, una multiplicidad de sentido en una sociedad que carece de uno. La película no tiene comienzo ni fin ¡comienza en el medio!