Así podemos decir que muchas lecturas son oscuras y creemos ingenuamente que hay textos fáciles, cuando se podría pensar que lo que existen son lectores facilistas. Caracterizados por el afán de entender de inmediato un texto o, como diría el mismo Heidegger, con un afán de avidez.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

En una de sus columnas semanales en el diario El Tiempo (ver) el ex rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, objeta la obra del pensador alemán Martín Heidegger, señalándola de oscura y poco entendible. Las afirmaciones que expresa allí resultan llamativas porque develan prejuicios en el ejercicio de la lectura y, en cierto sentido, del pensamiento.

Vamos por partes. Wasserman toma las lecciones de Richard Feynman que señala que si los alumnos no entendieron la lección es culpa del profesor por no haber sido lo suficientemente claro. El argumento tiene un error en su formulación, ya que no todas las lecciones que se imparten en una clase pueden llegar a ser claras de inmediato, en muchas ocasiones, es necesario un proceso de tiempo que permite comprender los objetivos de un tema.

Ilustración / Jorge Andía Ruiz

Sería un delirio recriminarle a un profesor por no haber entendido la teoría de la relatividad en las pocas lecciones que ha dado o cuando no se ha estudiado lo suficiente el problema. Como le sucede a Wasserman que confiesa en su columna que poco ha leído a Heidegger. Aquí cabe señalar que el ejercicio filosófico, como el de cualquier otra disciplina o ciencia, exige de tiempo para detenerse y “rumiar” los textos.

Acto seguido utiliza el argumento: “El método perfecto para no equivocarse es ser tan oscuro que no se entiende, sino que se interpreta.” Anclando en el recuerdo de un congreso de académicos donde abundan interpretaciones, Wasserman deduce que el lenguaje oscuro de Heidegger permite decir cualquier cosa, desechando cualquier atisbo de seriedad intelectual.

Sin embargo, aquí cabe aclarar que la filosofía es un ejercicio, en muchas ocasiones, interpretativo. En ese orden de ideas siempre se corre el riesgo de escuchar interpretaciones con cargas ideológicas exageradas, como donde se aduce que Ser y tiempo de Heidegger es una exaltación al nazismo o decir que es una filosofía que incita a la muerte o afirmar sobre Cioran que es pensador que invita al suicidio.

La mayor parte del tiempo abunda una vulgarización de los textos y problemas filosóficos debido a la falta de una lectura lenta. Aquí es importante aclarar que no toda interpretación es válida, como bien lo enseña la hermenéutica; la interpretación tiene unos límites que los dan los mismos textos.

“Lleno está de méritos el hombre, mas no por ellos, por la poesía, hace de esta tierra su morada”

Un buen ejemplo son las interpretaciones que realiza Heidegger del pensamiento de Nietzsche o la poesía de Hölderlin. “Lleno está de méritos el hombre, mas no por ellos, por la poesía, hace de esta tierra su morada”, en estos versos se detiene el pensador alemán y se da cuenta de cómo el lenguaje no es simplemente una herramienta instrumental del hombre, sino que, por el contrario, es parte esencial porque gracias a él da significado al mundo, lo hace habitable. Heidegger camina por los límites de la interpretación en unos versos de naturaleza oscura y profunda.

Ilustración / Sciammarella

Otro argumento de Wasserman es el lenguaje estrafalario de Heidegger, la coseidad de la cosa o lo que está oculto por lo que parece fácil, son expresiones que generan malestar por su poca claridad. Ante estas expresiones emerge un prejuicio de que la lectura debe ser clara desde un primer momento para hallar su significado. Algo que es errado.

Hay que tener presente que cada autor configura redes de significado propias con las que construye el texto, en ocasiones creemos que estamos entendiendo el texto porque utiliza palabras conocidas, cuando en realidad el sentido de la obra es otro.

Un ejemplo se halla en el cuento El artista del hambre de Kafka. Allí se habla del hambre, es su tema central, pero si entendemos el hambre como esa necesidad de comer alimentos, la lectura que estamos haciendo es errada porque Kafka está apuntando en otra dirección. Ve la falta de hambre como la falta de motivos para vivir.

Así podemos decir que muchas lecturas son oscuras y creemos ingenuamente que hay textos fáciles, cuando se podría pensar que lo que existen son lectores facilistas. Caracterizados por el afán de entender de inmediato un texto o, como diría el mismo Heidegger, con un afán de avidez.

¿Por qué Heidegger emplea ese lenguaje que ya de por sí es extraño?

¿Por qué Heidegger emplea ese lenguaje que ya de por sí es extraño? Hay que tener presente que la obra de Heidegger gira alrededor del hombre concreto y sus relaciones con el mundo que lo rodea, los utensilios, los parajes que recorre y su relación con los otros son el eje de su pensamiento. Ahora bien, como señala la escritora Sarah Bakewell:

Quiere (Heidegger) hacer oscuro lo familiar y desconcertarnos… es algo como el efecto de alienación o extrañamiento utilizado por Bertholt Brecht en su teatro, que está diseñado para evitar que te sientas demasiado cautivado por la historia y caigas en el engaño de la familiaridad. El lenguaje de Heidegger te mantiene en vilo. Es dinámico, llamativo, a veces ridículo y a menudo contundente; en una página de Heidegger, las cosas suelen presentar aumentando vertiginosamente o empujadas, arrojadas hacia adelante, encendidas o abiertas con violencia.

Ilustración / Ya veremos

El objetivo de Heidegger es despertar el extrañamiento ante ese mundo cotidiano al cual estamos arrojados y que es fuente del pensamiento, pero frecuentemente ignoramos. Heredero de la fenomenología, el pensador alemán reclama volver a las cosas mismas para ser pensadas. Por ejemplo, aquellos objetos y experiencias de la cotidianidad que pueden develar mi ser en el mundo: las llaves que están tiradas al lado del computador donde escribo esta columna o la taza de café vacía que tengo a mi lado.

Un último punto que analiza Wasserman es la filiación al partido nazi que tuvo Heidegger y las consecuencias que esto trajo consigo, más si se tiene en cuenta que es un pensador que, al parecer, no pensó las implicaciones de estar alineado con el nazismo. Esto resulta catastrófico porque, como señala Wasserman, estamos hablando de un filósofo y no de un artista o científico que ha sido alienado.

No obstante, se puede observar una idealización del ejercicio filosófico, puesto que considerar que por el hecho de filosofar se puede escapar al error y estar siempre guiado por la luz de la razón es pecar de inocencia. Ni filósofos, ni artistas, ni científicos… están exentos de caer un auto engaño y considerar que están haciendo y pensando de la mejor manera. Utilizando un concepto sartreano, actuamos y pensamos de mala fe, en muchas ocasiones podemos estar engañándonos y llevar nuestras acciones por un camino, al parecer errado.

Todo se puede agravar si se tiene en cuenta la actitud de Heidegger, un solitario que después de abandonar la rectoría de la universidad de Friburgo se encerró en una cabaña a pensar el ser y eludir su responsabilidad frente a sus decisiones durante el nazismo. Actitud reprochable, sin lugar a dudas, pero esto no deslegitima su obra, exige una lectura detenida y crítica.

…se da cuenta que una obra de arte no está amarrada a la vida de su creador; por el contrario, tiene una vida propia y unos sentidos que superan la vida del autor.

A este reproche de Wasserman podemos añadir una idea que expresa Heidegger en su texto: acerca del origen de la obra de arte. Allí reflexiona alrededor de la relación entre el creador, la obra y el espectador, se da cuenta que una obra de arte no está amarrada a la vida de su creador; por el contrario, tiene una vida propia y unos sentidos que superan la vida del autor.

Ilustración / Javitxuela

Unas fueron las intenciones de Platón al escribir sus diálogos, pero esas obras de arte del pensamiento occidental tienen una serie de implicaciones que desbordan la vida del filósofo. Más aun, cada lector, dependiendo del tiempo histórico en que viva, descubre nuevas consecuencias de los pensamientos platónicos. La obra no se agota en una sola interpretación, es una vida que nace y renace en cada lectura.

De esta manera, resulta infantil despachar toda la obra de Heidegger por el hecho de sus errores ideológicos. Si nos apegáramos a este argumento al pie de la letra, tendríamos que dejar a un lado las obras de pensadores que alabaron la esclavitud, que estuvieron del lado de las monarquías, que fueron machistas. Sí, a los autores hay que pedirles cuentas y coherencia, al igual que debemos pensar sus obras.

Heidegger es un pensador inusual para una época donde los filósofos tomaban partido y estaban en boca de todo el mundo, él se dedicó a pensar a su manera. No hay que olvidar que fue un hombre plagado de contradicciones, como todos nosotros, pero que nos legó una obra que puede ser pensada y cuestionada.

Es indispensable llenar la vida y obra de este filosofo de preguntas que inviten a pensar. No es extraño que él mismo considerará que lo más difícil del ejercicio filosófico es hacer preguntas, porque con ellas se abren nuevos horizontes de posibilidad. En este punto cabe preguntarle a Moisés: ¿la culpa la tiene Heidegger?