Con tintes de humor para atraer la atención del espectador, con planos intimistas de la cultura, con un tono musical fresco y ameno, y con una rebelión sin igual, nos sentimos complacidos de viajar a espacios, como de sabernos diferentes con derechos similares.

Imagen tomada de: http://www.cineol.net/imagen/55003__La-Fuente-de-las-mujeres

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Por: John Harold Giraldo Herrera*

Una huelga de amor es la fuerza con la que unas mujeres de un pequeño pueblo de Oriente Medio deciden cambiar una costumbre con la que han convivido: las mujeres deben cargar el agua hacia sus casas porque así ha sido y así seguirá siendo, si ellas no alteran el orden de los acontecimientos. Los hombres gozan de un descanso y se reúnen a deliberar; en el transcurrir del tiempo muchas mujeres han abortado por el camino tortuoso hacia la fuente y por el peso de traer agua. El baile y los cánticos de esa rica cultura son tristes y evidencian el malestar de la población. El agua como vida no llega y el sopor de estar sin buenas cosechas evidencia pocas alternativas para el sustento y la sobrevivencia.

La película se puede considerar un poema a la capacidad de las mujeres. Son las dadoras de vida, sostienen el mundo en sus espaldas y entregan con su afecto los elementos para perpetuar la existencia. Son tan fuertes que si hacen una huelga de amor, lo hacen por amor, no por negligencia ni rencores, su esencia es la vida, luchan por ella a como dé lugar.

La película, con una duración de 136 minutos, captura nuestra atención. La dura huelga de cerrar la fuente del placer, se ve amenazada porque el Islam tiene –en apariencia– una interpretación de la mujer como esclava del hombre, por tanto en la población hay hombres e incluso mujeres que creen que si continúan tan irreverente y pacífica rebeldía, podrían ser asesinadas. La presión, el flujo de una cultura rica en matices, la huelga, la posibilidad de unos turistas de entrometerse en su pueblo y las costumbres, juegan un papel de conducirnos hacia lo “infinitamente pequeño”.

La fuente de las mujeres es hecha por el cineasta rumano Radu Mihailenau, quien con la película El Concierto (2009) nos mostró el mundo de un músico formidable, exiliado y que su talento no debía ser arrinconado. En esta ocasión obtenemos un bello y duro retrato de la condición de las mujeres, de la causa de la igualdad. Con tintes de humor para atraer la atención del espectador, con planos intimistas de la cultura, con un tono musical fresco y ameno, y con una rebelión sin igual, nos sentimos complacidos de viajar a espacios, como de sabernos diferentes con derechos similares.

La protagonista, Leila, casada con un profesor de la población, a su vez hijo de una de las familias más costumbristas, es quien gesta la rebelión. Su esposo le deja leer libros –muchas niñas no asisten a la escuela por una creencia de negación de ese rol a la mujer– y ella se va convirtiendo en una mujer ejemplar y al tiempo impulsora del cambio de mentalidad, de eso que puede ser infinitamente pequeño. Leila  tiene contradictoras como su suegra, quien la ve más como una amenaza para su entorno. Sin embargo, la justeza de la reivindicación hace que su sentir sea atendido por un grupo considerable de mujeres que están decididas a que los hombres les ayuden con el oficio de cargar agua.

La película adquiere un carácter político más severo cuando de refutar o re-significar lo que dice el Corán sobre la mujer. Es una reivindicación mayor: la igualdad frente a la divinidad. Los hombres se muestran más inconformes por eso y se desesperan a tal punto que no saben qué hacer, eso sí, se niegan a cargar el agua.

El emotivo filme toca nuestros sentimientos y pronto nos identificamos con las mujeres. Comprendemos que la fuente no puede cerrarse y que la abundancia y prosperidad dependen del agua, de ese flujo incesante de la vida. Las tensiones nos mantienen en la incertidumbre, pronto reaccionamos y nos disipamos con los bailes, con el canto, con el encuentro. La Fuente de las Mujeres nos invita a deleitarnos de placer, una huelga de amor es tan tremenda como una guerra, pero su propósito dista mucho de la violencia, es en últimas una huelga de afecto, de humanidad. Lo infinitamente pequeño nos revela lo trascendental, esos asuntos con los que convivimos y que por ser fijos y heredados deberían permanecer, pero si oprimen la existencia tendrían que transformarse.

Ficha técnica

 

Año, País, Duración 2011, Francia, 136 minutos
Director Radu Mihaileanu
Guión Radu Mihaileanu, Alain-Michel Blanc
Música Armand Amar
fotografia Glynn Speeckaert
Reparto Hafsia Herzi, Leïla Bekhti, Zinedine Soualem, Sabrina Ouazani, Malek Akhmiss, Saad Tsouli
Productora Coproducción Bélgica-Francia-Italia; Elzévir Films / Europa Corp. / Indigo Film
Género Drama- musical
Premio 2011: Premios Cesar: Nominada a Mejor actriz (Leïla Bekhti) y mejor vestuario
2011: Festival de Cannes: Sección oficial a concurso

 

*Docente universitario y periodista

John.giraldo.herrera@gmail.com