La guerra de los hermanos Heinrich y Thomas Mann (2)

La relación entre los dos hermanos fue siempre problemática y ambigua incluso antes de que, tras la muerte del padre en 1891, la familia se trasladase a Múnich. En sus Memorias, la viuda de Thomas, Katia Mann, reconoció que ya en Lübeck estuvieron un año sin hablarse y que sentían una profunda aversión mutua. 
 
Heinrich y Thomas Mann en 1900
Heinrich y Thomas Mann en 1900

Por Jaime Fernández

Pero fue a raíz del estallido de la Primera Guerra Mundial cuando las diferencias entre los hermanos estallaron también por los aires. Heinrich, que hasta entonces había destacado como miembro activo de los círculos de la vanguardia literaria, tomó partido por los pocos intelectuales que se alzaron contra las demenciales pretensiones de la Alemania guillermina, manteniéndose “sereno y clarividente”, como reconoció su sobrino Klaus, quien al comienzo de la guerra tenía ocho años.

Katia Mann
Katia Mann

En aquel momento la intelectualidad alemana, pero también de otros países que participaron en la contienda, se unió casi sin excepción al coro de los entusiastas de la guerra. En 1916 las admoniciones de Heinrich contra ésta traspasaron los límites del círculo intelectual. La oposición pacifista, al principio descabezada, empezó a tomar cuerpo y a manifestarse con decisión y claridad.

Poco antes de 1914 había terminado la novela El súbdito, que se publicaría completa en 1916. En sus páginas ofrecía un retrato despiadado del prototipo de “súbdito” de la época guillermina: una especie de pre-Hitler cobarde, chantajista y miserable –“denunciando a otros purgaba sus propios pecados”– y contaminado por el virus de la sumisión, la irresponsabilidad y el apego ciego al poder.

“El súbdito alemán corriente –escribió Klaus Mann– apenas sabía algo de estas tendencias intelectuales que para él pertenecían simplemente al terreno de lo criminal. Seguía creyendo en la victoria y en la justicia de la causa alemana”.

Klaus Mann, hijo primogénito de Thomas
El escritor Klaus Mann, hijo primogénito de Thomas

Para Thomas, su hermano Heinrich se sumaba al bando equivocado, defensor intransigente de la idea occidental de civilización. Según contó su hijo, la disensión político-filosófica entre ellos “alcanzó pronto tal grado de empecinamiento emocional que cualquier contacto personal fue imposible”. Durante los cuatro años de guerra sólo se vieron en una ocasión, en la boda de su hermano menor Viktor, antes de que éste se marchase al frente. No restablecieron sus relaciones hasta 1922, a raíz de una grave enfermedad de Heinrich.

Impulsado por una febril urgencia, que le llevó a interrumpir la escritura de La montaña mágica, Thomas empezó a redactar en octubre de 1915 el imponente panfleto Consideraciones de un apolítico (Betrachtungen eines Unpolitischen), que publicaría en otoño 1918, en el momento de la derrota alemana y la revolución. En el ensayo arremete contra una figura extraña: el “literato de la civilización”, heredero de los filósofos radicales de la Ilustración francesa, y al que identifica, ridiculizándolo, con “un joven literato y colaborador periodístico de lentes de carey y picado de viruela” y con el escritor de novelassociales. 

Cartel anunciador de la versión para el cine de la Cartel de la versión para el cine de “El súbdito” que se estrenó en 1951 bajo la dirección de Wolfgang Staudte

En sus obras de ficción el “literato de la civilización” está representado por el progresista y masón Ludovico Settembrini, de La montaña mágica, frente a Gustav von Aschenbach, el escritor ensimismado en sus obsesiones estéticas y homoeróticas, de La muerte en Venecia.

Sin embargo, aunque no se lo llama por su nombre, el anonimato del menospreciado “literato de la civilización” es sólo aparente. Los extensos pasajes que se citan en Consideraciones de un apolíticoestán extraídos de un ensayo biográfico que Heinrich Mann publicó sobre Émile Zola en 1915, en la revista pacifista Weisses Blätter, que se editaba en Suiza, en el que ensalzaba el compromiso político del escritor francés, al que definía como “genio inconsciente de la democracia”, sobre todo ante el caso Dreyfus que dividió a la sociedad francesa en el tránsito del siglo XIX al XX. Además, atacaba al nacionalismo, al militarismo y a la estructura autoritaria de la sociedad alemana.

Gustav von Aschenbach, interpretado por Dirk Bogarde, en
Gustav von Aschenbach, interpretado por Dirk Bogarde, en “Muerte en Venecia”, la película de Visconti inspirada en la novela de Thoman Mann

Zola tuvo la valentía de levantar la voz de la verdad y la justicia frente al poderoso bando de reaccionarios antisemitas que pedían la condena para el capitán Alfred Dreyfus, un alsaciano de origen judío al que se acusó injustamente de haber entregado documentación secreta a los alemanes. Juzgado por un tribunal militar, el capitán fue condenado a cadena perpetua y confinado en una colonia penitenciaria de la isla del Diablo, en la Guayana francesa. Hasta 1906 no se reconoció la inocencia de Dreyfus, quien finalmente fue rehabilitado y reintegrado en el ejército francés.

La herida causada en la sociedad francesa por el caso Dreyfus tuvo su réplica a escala europea en la Primera Guerra Mundial, dividiendo a los ciudadanos de los países continentales en germanófilos –antiliberales, partidarios de un sistema autoritario y de viejas tradiciones- y aliadófilos –demócratas confesos, liberales y partidarios de la modernidad. Bajo la Ocupación nazi, en Francia se reabrió la herida, esta vez también con el antisemitismo de telón de fondo.

Retrato del capitán Alfred Dreyfus

Retrato del capitán Alfred Dreyfus

Thomas Mann  interpretó el libro de su hermano como un ataque contra algunos intelectuales alemanes, entre ellos él mismo. Katia Mann tildó de claramente ofensivo hacia su marido el tono que destilaba el comienzo mismo del ensayo:

“Aquellos que están destinados a marchitarse temprano suelen comportarse con suficiencia y arrogancia cuando apenas cuentan veinte años”.

En abril de 1920 confesó en una carta a un amigo haberse sentido enfermo durante semanas tras la lectura del libro de Heinrich y que rechazó la posterior tentativa de éste de restablecer las relaciones:

“Una querella como la que hay entre nosotros ha de mantenerse con honor, sin pretender despojarla de su carácter ferozmente serio. Quizá, así, separados, seamos mucho más hermanos el uno del otro de lo que seríamos sentados juntos en la mesa de un festín”.

Primera edición de

Primera edición de “Consideraciones de un apolítico”, en 1918

El enfado con el hermano franqueó los límites de la consciencia, adentrándose incluso en el sueño. En la entrada de  los Diarios del 30 de septiembre de 1918, un mes antes de la publicación de Consideracionesde un apolítico, Thomas anotó que la noche anterior había soñado con que él y Heinrich eran muy amigos y que, por cariño, le dejaba comer solo una gran cantidad de pasteles y de los pequeños à la crême, y dos trozos de tarta, renunciando él a su parte.

Ante la perplejidad que le causaba  pensar cómo se compaginaba esa amistad con la publicación de Consideraciones, se dijo que “esto era un absurdo, una situación insostenible”. Al despertar de aquel sueño sintió una sensación de alivio. El infantil deseo de reconciliación del soñador fue sofocado por su voluntad racional. Así de disciplinado era Thomas Mann hasta cuando soñaba.

Fotografía de Thomas Mann en su infanciaFotografía de Thomas Mann en su infancia

Para evocar la disputa ideológica entre los hermanos Mann, la Buddenbrookhaus de Lübeck, la ciudad natal de  ambos, ha organizado una muestra bajo el título Guerra de hermanos. Heinrich y Thomas Mann durante la Primera Guerra Mundial, que permanecerá abierta hasta el 30 de agosto. En la exposición pueden verse las primeras ediciones, cartas y documentos sonoros de las actitudes encontradas de los dos escritores ante la contienda, de cuyo inicio se conmemora este año el centenario.

En un escrito fechado en 1914, Pensamientos en la guerra, Thomas Mann estableció una clara distinción entre la “Kultur” germánica, que identificaba con el sentimiento del deber y la elevación del espíritu, y la “Zivilisation” de la vecina Francia, superficial y prosaica. En Consideraciones de un apolítico incide en las diferencias que separan ambos conceptos, denunciando la confusión existente, según él, entre moral y humanitarismo.