LA INTIMIDAD HECHA TERNURA

Jaime Ramírez Rojas es un poeta nacido en Anserma, Caldas, destacado por su vasto conocimiento de la tradición francesa y porque en sus poemas, imprime toda la ternura de su conocimiento.

Escribe / Jorge Eliecer Triviño Rincón – Ilustra / Stella Maris

Aunque no he tenido la grata ocasión de verle personalmente, he conocido apartes de la trayectoria de este extraordinario bardo, nacido en Anserma Caldas.

Su padre, un hombre de pensamiento liberal, debió huir de la ciudad, donde era un próspero comerciante. De allí, se mudó para Cartago, luego hacia la ciudad de Manizales, y de ésta capital caldense, emigraron a Pereira, capital de Risaralda; nuevamente hacia Manizales y, viviendo en la capital de Caldas, recibió la noticia de que su padre había sido asesinado en la vereda Maraprá de Anserma, donde él tenía una finca. Este doloroso hecho, ocurrió el 6 de agosto de 1948. El poeta finalmente se radicó en la ciudad de Cali.

Jaime Ramírez Rojas, tendría a la sazón seis años. Esta triste experiencia marcó su vida.  El bardo, es un hombre de vasta cultura, y que además ha leído innumerable cantidad de los escritores clásicos, y sobre todo los franceses. Es un gran conocedor de arte pictórico y en un tiempo posterior, se dedicó al ejercicio de la política, llegando a ser senador de la república de Colombia.

Pero además de su vasta erudición, se destaca por imprimirle empuje a los talentos en la cultura en su ciudad natal Anserma. La casa de la cultura, lleva su nombre rindiéndole un merecido homenaje.

Por la revista Papel de oficio, de la cual es editor, han pasado escritores de gran talla, dentro de los cuales se pueden citar a Jorge Vélez Correa, Enrique Quintero Valencia, Augusto León Restrepo Ramírez, Fabio Vélez Correa, Alberto Londoño Álvarez, Hernán de los Ríos Tobón, Álvaro Valencia Llano, Víctor Hugo Vallejo, Jorge Eliécer Zapata Bonilla, Rodrigo Llano Isaza, Jaime jurado Alvarán, Carlos Arturo Ospina Hernández, José Jaramillo Mejía, Aníbal Gamboa Zapata, Carlos Arturo Arbeláez Cano, Octavio Hernández Jiménez, Elizabeth López Ríos, y Jaime Ramírez Rojas —hijo suyo—, y gran ilustrador. Sin embargo, la lista es bastante larga, y no la puedo citar, pues la desconozco a plenitud; pero sé que muchos creadores en diferentes disciplinas del pensamiento humano han pasado por allí dejando su impronta.

En el año 2016, se publicó el libro de poesía Cuando el amor desnuda las palabras, ilustrado por su hijo Juan Pablo Ramírez López, que hace honor a su sentido estético y a su canon de belleza.

El poema que da inicio al libro, es tan revelador como hermoso en su estructura orgánica. Aquí, el autor, plantea que su obra poética nace del silencio mismo, de su mutismo —consciente o no—, y que sus versos limpios, depurados y decantados, serán la luminaria hasta el fin de sus días.

ALFA Y OMEGA

Tenía que estar solo para contar mi tiempo

medido en la clepsidra de oculta remembranza,

agua y sal, voz de arena, dimensiones de fuego,

hicieron más vibrante la luz de mis palabras.

 

Una canción de mar buscando playas nuevas

dibujó mi camino de plenitud Caribe…

y también era el viento huracanando arterias

en tropical denuncia de bandera amplia y libre.

 

Así llegué a la aurora y así iré hasta el ocaso

 dibujando elementos, también palomas y águilas,

con los que he construido el tremor de mi canto.

 

Y diseñé adjetivos limpios en mi garganta

que irán iluminando la huella de mis pasos

al final de la noche cuando eleve mis alas.

 

En este hermosa composición poética, el autor, deja entrever su alma pura y sincera, en la que manifiesta su única intención, legando a la posteridad su obra.

Y como toda vida no está exenta de cambios, hay un poema en el que muestra un estado de oscuridad en el que se vio ensombrecida su alma, en él descollan sus palabras en incesante súplica para encontrar la guía que le lleve a buen término y le brinde la armonía perdida.

LA NAVE DELIRANTE

Navego por mi sangre en un buque de niebla:

el sextante no indica dónde está el corazón;

es un barco sin anclas, lleva rotas sus velas,

sus mástiles no apuntan al cielo del amor.

 

No hay norte en mi destino, la brújula está quieta,

el sur es el pasado en mi equivocación,

el oriente me duele, el occidente inquieta,

y hay tempestad de fuego dentro de mi razón.

 

La nave delirante de mis pasados sueños

ha desviado la ruta hacia un cruento destino

que siembra sus cuchillos en todos mis sucesos.

 

¡Descubre tus estrellas, alumbra mi camino!

regresa con tus lámparas de amor entre los besos,

sextante, vela, brújula, ancla de mi cariño.

 

En este mes del amor y la amistad, celebrado en otros países diferentes al nuestro, la siguiente elegía toca profundamente las fibras más sensibles de nuestra alma. Carece de dedicatoria, pero bien puede ser para una persona muy cercana al poeta. Tiene la nostalgia, la belleza y un profundo dolor en las palabras de despedida.

ELEGÍA

Amigo…

Compañero…

Camarada:

a usted que le brotaban versos

como palomas de vocales angélicas,

y que tantas mañanas de azul

se posaron sobre su mirada de astro desvelado.

 

A usted, a quien tantas veces vi

de la mano de DIOS, como una nube,

mientras cantaba el salmo de la vida

desde un cielo de asombro

cabalgando en un alfabeto de versos,

con la lira del mundo sobre su alma.

Usted que llevaba adherida a la piel del corazón

la angustia más infinita de la tierra,

y que sentía alumbrar el Ave María cotidiana

en su mente lluviosa

cayendo como una cantilena de arcángeles civiles

de sus labios quemados por la sal de las cosas.

Usted que vio tantos partos de luceros

iluminar la tristeza del universo,

cuando decía el dolor de los crepúsculos glaciales

con su voz de caramillo nostálgico

llena de metales celestes,

y que apenas sugería como un niño triste

su sonrisa de leche,

mientras disparaba su amargura de siglos

por sus pupilas bíblicas…

A usted,

amigo,

compañero,

camarada,

quiero entregarle el llanto

de la luna de mayo

que gime una melancolía

de estrellas apagadas

para que sepa cómo le duele ahora

la estatura del tiempo…

y también el reloj de la vida,

que grita por su ausencia.

 Este hermoso texto, deja entrever que fue dedicado a un amigo poeta, con quien, sin la menor duda, compartió parte del sendero vital.

El libro, contiene muy adentro, como en las nueces, algún sabor amargo, donde destila el dolor y la angustia existencial, de experiencias dolorosas pretéritas; sin embargo, predomina en él, la belleza y la ternura, como las imágenes de un río transparente que fluye hacia el inmenso mar lleno de criaturas hermosas que saltan, cantan y ondean como hadas.

De esos versos, el siguiente poema, que alucina y encanta.

 

PALABRAS PARA DECIR AMOR Y POESÍA

Un viento de alegría

bate sus alas blancas,

sobre el espacio eterno

dibujado en palabras

de amor y de ternura

sobre la piel del alma.

 

A todos los que sienten

que el corazón se ensancha

brotando coros de ángeles

en sublimes gargantas,

quiero que estén presentes

en las aguas más diáfanas

que vienen de la vida,

y en su sonido cantan,

como ríos de amor,

nueva fe y esperanza.

 

A mis hijos de América

doy mi voz encantada.

 

A mi esposa de miel

el beso que la embriaga.

 

A todas mis amigas

 la sonrisa más amplia.

 

Para todos, mi afecto

que de mi pecho escapa.

 

Como el canto de paz

de hoy y de mañana.

En el poemario, me encuentro con un soneto, en el que, el bardo se define de manera portentosa. Nos cuenta las cosas que ama y los motivos que impelen su alma en busca de lo sublime, de lo puro e inmaculado; aquellas cosas intangibles, pero que alma busca ansiosa, como buscaba la verdad Fausto, el personaje de Goethe. Este poema, debería llamarse: Soneto fundamental.

SONETO ELEMENTAL

Amo lo elemental, amo las cosas

de pretérita infancia, alucinada.

Amo esa ausencia que mi mano toca

y mi arcilla de siglos desterrada.

 

Todo lo elemental: las luminosas

lejanías del alma desolada

y su enajenación en esta loca

premonición de caos y de nada.

 

Amo el dolor que pesa en mi garganta

la soledad que en humo se levanta

desde que era en mi voz su permanencia.

 

Me abstrae lo sutil, lo indefinido,

lo elemental de la palabra olvido

y el estado abisal de mi conciencia.

 

Y  para terminar este viaje estelar por el universo microcósmico de su obra, este gran poema que cierra con broche de oro el hermoso poemario del maestro Jaime Ramírez Rojas.

 

LA ABANDONADA LIRA

Estos serán los últimos versos de mi vida:

en el reloj del tiempo quedarán detenidos;

y en mis ojos, opacos por el tedio vencidos,

no alumbrará una lágrima la abandonada lira.

 

Han crecido en la boca que ignoró la sonrisa,

que bebió de los siglos su pócima de olvido;

que cantó una esperanza… y el sueño destruido

de las cosas eternas en su letal ceniza.

 

Y han de quedar mis versos como copas inertes

en la ausencia libando su nostálgica muerte

con la sed incurable de un afán infinito,

 

porque en mi ya no crece la fuerza delirante

que antes hubo en los labios de esta voz claudicante

y entre las oquedades latentes de mi grito.

Como lo plantea el aedo, este poema, esta voz  particular, quedará para la posteridad, porque las obras permanecen siempre, porque el olvido no existe, pues todas las imágenes permanecen impresas en la memoria de la naturaleza, aunque no siempre en la memoria de los trashumantes seres. Nosotros somos pasajeros del tiempo y del espacio, pero cuanto alimenta nuestra alma siempre estará allí, iluminando nuestras vidas y guiándonos con su estética y belleza. Todas las cosas parecen ser pasajeras, pero llevan, la esencia de lo imperecedero, de lo inmortal.

 

BIBLIOGRAFÍA

RAMÍREZ, Rojas, Jaime. Cuando el amor desnuda las palabras. Grupo editorial Manigraf, Manizales, Caldas, Colombia. Agosto de 2016.

correo: jtrivinorincon@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ro llevan, la esencia de lo imperecedero, de lo inmortal.