Con una mentira suele irse muy lejos,

pero sin esperanzas de volver.

Proverbio judío

 

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Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

Plaza de la Paz, Barranquilla. Una tarde soleada: la ciudad se desenvuelve aletargada en su constante bullicio, sus múltiples y brillantes colores. Marco camina, las manos en los bolsillos, por el parque que se extiende al final del atrio de la catedral, mirando la punta de su cigarro compañero, abstraído en sus reflexiones constantes, indiferente a la multitud afanosa que pulula en las calles, yendo y viniendo, yendo y viniendo, bordeando los contornos de los monótonos círculos de sus pobres existencias. Bajo un árbol, un frondoso almendro, y a pocos metros de allí, Eva, Eva Luna, lee una revista sentada en una banca, absorta, sumergida en las conjeturas del artículo científico que estudia.

Marco ríe de pronto: dicen por ahí -sigue reflexionando, ahora en voz un poco alta-, que hay muchos tipos de mentiras: la ingeniosa, que suele pasar más inadvertida entre más artimañas y pirotecnias pseudocientíficas contenga; la sentimental, abundantemente cultivada por los donjuanes y las hombreriegas, que no sabría de qué otra forma llamarlas, con elegancia, claro; la interesada, mentira tantas veces vulgar y ramplona, hermana de la lambonería y el descaro; la conflictiva, que es la de los obsesivos, los maridos celosos y las mujeres cantaleteras y los buscapleitos profesionales; la piadosa, que se viste de plumas para ocultar la serpiente y la mala… que no sé si sea buena alguna mentira, a decir verdad… Prende un nuevo cigarro con la colilla del anterior, le da un chupón largo y profundo, como recargándose de algún combustible que ya le estuviera faltando, peligrosamente, y sigue sus reflexiones: esta vaina de la mentira suena interesante, tengo que seguir dándole vueltas y, ¿por qué no?, preguntarle a la gente, investigarla, hacerme a otras ideas de la mentira, así sea mentira: No puede ser que uno ande por ahí y se encuentre con estas ideas y se las guarde no más, como si nada.  Le voy a preguntar a la chica que está ahí leyendo.

Marco: Hola, ¿qué tal? (Acercándose, le pregunta amable).

Eva: Bien, bien (Indiferente).

Marco: (Mirándola de arriba abajo) Mucho gusto, Marco.

Eva: (Sin levantar la vista de su libro) Eva, Eva Luna.

Marco: ¡Qué nombre más fértil tienes! (Efusivo y admirado)

Eva: (Levanta la vista entre asombrada y confundida) ¿Perdón?

Marco: (Ignorando su pregunta) ¿Me podría responder una pregunta?

Eva: Sí, claro, con mucho gusto. (Cierra el libro)

Marco: (Sentándose a su lado) ¿Me puede decir cómo es la mentira?

Eva: (Corriéndose al otro lado de la banca) Depende. Según como se mire…

Marco: (Interrumpiendo) ¿Entonces la conoce?

Eva: Señor… (Incómoda) Yo no conozco a nadie.

Marco: (Se levanta) ¿Si acaba de insinuar que la ha visto? (Caminando en torno a la banca) o ¿cómo podría decir que la mentira es, dependiendo de cómo se le mire, si no la conoce? ¿Cómo podría? (Se detiene frente a ella).

Eva: (Algo molesta) ¡Cómo voy a ver algo que no existe!

Marco: Me está mintiendo, sí existe (Sentándose desilusionado).

Eva: Entonces, si usted sabe que existe (enérgica, levantándose y recogiendo sus cosas), ¿para que carajos me pregunta a mí?

Marco: Yo no sé nada, sólo me pregunto. (Se sienta. Le invita a sentarse con un gesto de la mano) Por eso le pregunto a usted, señorita, pero parece empeñada en no querer ayudarme. (Ofreciéndole un cigarro) Usted parece saber.

Eva: (Haciendo un gesto negativo con la mano) La mentira es peligrosa, también.

Marco: (Guardándose los cigarros en el bolsillo) ¡Uy! No me asuste.

Eva: (Abriendo nuevamente su libro) No lo asusto, lo advierto. (Mirándolo fijamente a los ojos) Claro que en este país la verdad puede ser más peligrosa.

Marco: ¡Epa! Ahora sí se puso peliaguda la cosa… (Apagando la colilla del cigarrillo con la punta del zapato) ¿Por qué me advierte, qué va a pasar?

Eva: (Mirando en derredor) Lo puede sorprender en cualquier momento.

Marco: (Mira igualmente la plaza, como buscando algo) ¿La mentira o la verdad?

Eva: (Cierra el libro de nuevo y se levanta) Más que todo la mentira. (Tomándole el brazo) Camine.

Marco: (Se levanta y le sigue) ¿En dónde está?

(Caminan en dirección norte, como hacia el teatro Amira De La Rosa, pasando la carrera 46, sobre la calle 53, no muy atentos al tráfico cercano a una hora pico)

Eva: Por todas partes. (Abriendo los brazos en un gesto que pretende abarcarlo todo) Mire…

Marco: (En voz baja, casi susurrante, acercándosele) La tenemos que encontrar, entonces.

Eva: Déjese de pendejadas, (Irritada) ¡a mí no me meta en líos! (Acerca su rostro al de él, enfáticamente) La mentira es muy astuta y cuando uno la descubre ya es demasiado tarde, ¡zafársele es un cuento! Y le digo…(Alejándose un poco) es más escurridiza que Pachequito, se mete por todos lados, por donde uno menos se lo imagina, sobre todo en la política; pero no piense lo peor, le puede hacer ganar mucho dinero. (Sonríe) Mucho.

Marco: (Excitado) ¿Tan buena es?

Eva: (Buscando algo en su bolso de mano) Eso también depende.

Marco: (Parándosele enfrente, impidiéndole el paso) ¿De qué?

Eva: Deje así… (Evadiéndole y sacando dinero del bolso. Pide agua a un vendedor ambulante) ¿Quieres?

Marco: (Recibiéndole la bolsa de agua) Entonces es buena, algo que produzca dinero, debe ser bueno…

Eva: (Interrumpiéndole) No, no tanto. (Sentándose en un murito de la calle, frente a los cines Metro, e invitándole). Cuando la mentira enriquece a unos, empobrece a otros: sobre todo si los unos usan y abusan a los otros para producir dinero… La droga y la política son lo que más rápido dan plata. Prepaguear da algo de plata, también, pero da más si se revuelve con la política o las drogas, o con las dos, porque las dos cosas muchas, muchas veces van juntas (Le mira como queriendo saber si le sigue en su discurso). Se nutren mutuamente. ¿Qué la política también es una droga? No se puede negar, claro. Un cáncer, mejor, para el país, pero una droga para los que la consumen, ejerciéndola, porque no pueden parar de meterla… ¡Y eso que no se la inyectan! (En voz alta, casi gritando) La mentira no quiere a nadie, ni al mentiroso. (Suspira) A nadie.

Marco: (Prendiendo de nuevo un cigarro) ¿Cómo que no quiere a nadie, tiene que tener algún amor?

Eva: ¿Cómo? (Dejando a un lado su bolso) ¿Tener? Tiene muchos.

Marco: ¿Y entonces? (Se encoge de hombros) Barájamela más despacio.

Eva: (Moviendo los pies que no le alcanzan hasta el suelo, desde el murito donde están sentados) Piense otra vez en los políticos, cuántas cosas no le dicen a la gente con tal de que les den el voto… no faltan los que, como putas, se van con el que más les brinde y cambian de partido como cambiar de pantaleta, piense en los medios de comunicación…

Marco: (Interrumpiéndole) De desinformación…

Eva: (Interrumpiéndole, también) De confusión…

Marco: (Sonriéndole con complicidad) Sus grandes cadenas no son sino títeres de los políticos o de los grandes empresarios, arropándolos con la misma sábana, encubriéndolos, desviando la atención de la gente…

Eva: (Mirándole fijamente, con algo de tristeza) Mientras se reparten el país o se lo venden a otros, mantienen a la gente embrutecida viendo realities y bobelas

Marco: (Tratando de entender qué le dice su mirada) ¿Cómo es que es la cosa de los amores de la mentira?

Eva: (Baja la cabeza ocultando un pesar íntimo) Cuando el amor anda en mentiras se divierte, y mucho, aunque toda mentira tiene patas cortas. (Sonríe levantando la cabeza) Cascorvas.

Marco: (Divertido) Entonces es patuleca la mentira.

Eva: (En tono grave) Si es patuleca, es gorda; si es gorda es fea; si es fea y gorda y patuleca es abominable.

Marco: (Confundido) ¡¿Qué complicada puede ser una mentira?!

Eva: (Estira la mano pidiéndole el cigarro) Hay mentiras que no se saben cómo empezaron, pero tampoco cómo terminaron o terminarán, pero cuando la gente cree en la mentira, termina creyendo que es verdad. La valida.

Marco: (Levantándose) La mentira se pierde, entonces. (Camina de regreso a la plaza, sobre la calle 53)

Eva: (Tratando de no quedarse atrás) Es mejor perderla que encontrarla. (Bajando la voz) Sino pregúnteles a Lara Bonilla y a Galán…

Marco: (Interrumpiéndole) Eso, por decir no más…

Eva: (Alzando la voz, un poco agitada por la carrerita que le tocó emprender) Claro, ni más faltaba, nos pasaríamos el resto de tarde y noche haciendo el inventario de cuántos han callado en este país… (Desilusionada) ¡Qué mierda!

Marco: (Dejándose alcanzar) Entonces, ¿qué dices que pasa cuando uno se encuentra a la mentira?

Eva: (Señalándole, enfática) Cuando uno se encuentra con una mentira se da cuenta de la verdad y cuando se encuentra con la verdad uno quiere que sea mentira, porque normalmente duele mucho o da miedo (Alza la voz como para que la oigan todos los transeúntes), pero hay gente a la que no le duele la mentira como tal, sino que se convierta en verdad, que contamine la realidad, la distorsione y se imponga sobre el inconsciente colectivo, volteándolo como una media. (Enfática) En este país impera la mentira y el mentiroso es rey. Los demás…

Marco: (Interrumpiéndola) Me puede decir, entonces, ¿qué es la mentira?

Eva: (Lacónica) Lo contrario de la verdad.

Marco: (Desilusionado) ¿Así, no más? ¿Me está mamando gallo? (Serio) Me ha mentido todo el tiempo.

Eva: ¿Yo? (Molesta) Yo no tengo nada que ver. Usted empezó con esta carajada de la mentira.

Marco: (Rodeándola) Usted dijo que era peligrosa.

Eva: (Saltando al bulevar de la carrera 46) Yo solo respondí una pregunta.

Marco: (Alcanzando el otro lado de la carrera) Algo oculta. Me está mintiendo… Y, conociéndola como la conozco, no me dice la verdad. O me la dice a medias que es otra de las formas de la mentira. La más común.

Eva: (Algo molesta y sorprendida) ¿Conociéndome?

Marco: (Tomándola del brazo y mirándola de frente) Sí, con todo lo que ha dicho uno se hace a una idea, va entendiendo cosas, ¿no cree?

Eva: (Soltándose de la mano de él y alcanzando la banca donde leía su libro) Yo no hablo más. Usted me está enredando.

Marco: (Sentándose) Tranquila. ¿Conoce alguna mentira?

Eva: Sí, muchas, (Suspira) pero solo me importa una que quizá para usted no tenga importancia.

Marco: (Pasando su mano sobre el espaldar de la banca, rodeándole los hombros) ¿Por qué? Cuénteme.

Eva: (Tajante) Porque es una mentira muerta.

Marco: ¿Y por qué se murió? (Irónico) ¿Le dieron un tiro?

Eva: ¡No! (Sonríe) La descubrieron. Las tesas son las que siguen.

Marco: (Curioso) Y, ¿a dónde van?

Eva: (Abriendo su libro, fingiendo indiferencia) Por ahí, alegrando a la gente.

Marco: (Buscándole los ojos con su mirada) Y, ¿cómo puede ser que una mentira alegre a la gente?

Eva: (Cerrando el libro y dejándose encontrar por sus ojos) Es que esas mentiras se llaman promesas. Promesas de todo tipo.

Marco: (Sin dejar de mirarla) A mí me hicieron una promesa hace poco.

Eva: (Sonriente) Le mintieron entonces.

Marco: (Retirando el brazo de sus hombros y tomándole la mano) ¿Pero quién puede mentir con una promesa?

Eva: ¡Todos! (Soltándole) Se miente en lo público y en lo privado, se miente en nombre de Dios y del amor y del Estado y de la vida y de la muerte… por cualquier cosa y en cualquier momento. (Levantándose de la banca) Acá hubo un partido que quiso eliminar a otro y este al primero… y todos se valían de mentiras y de mentirosos…

Marco: (Frunciendo las cejas en gesto de confusión) ¿Lo hicieron?

Eva: No, al final se aliaron, igual que los narcos enemigos y los paras con los militares y los policías con los ladrones y…

Marco: (Insistente) ¿Qué lograron con esto?

Eva: Unos monstruos indecentes (Asqueada) El Frente Nacional en su tiempo, ahora la Unidad Nacional, las narcoguerrillas y el narcoparamilitarismo, por dar unos ejemplos, unos engendros que han estado desmembrando al país sometiéndolo al terror, el desarraigo, la miseria y la muerte… (En voz alta, hastiada) ¿Qué más quiere que le diga?

Marco: Mejor me voy (Sentencioso). Usted es una mentirosa.

Eva: Este sabe bien (Señalándose el pecho), pregúnteselo a él, (afligida) ¿cómo me mintió?

Marco: (Asombrado) ¿El corazón?

Eva se marcha, en dirección a la calle Murillo, dejándolo con la duda sobre la mentira que tanto la ha marcado. Marco enciende otro cigarro…