La presencia de la mentira en el tango

CAMILO PELAEZAhora, ¿qué valor puede tener la mentira en el tango? El tango, como música porteña, melancólica, nostálgica, de trenzas y almacenes, cambia de argumento letrístico en cada canción. Pero es muy notable la mentira, claro está, pero en diferentes contextos.
Por: Camilo Peláez
Buenos Aires, Argentina, 1930; en algún lugar medianamente tumultuoso, un hombre que vivió la (en palabras de Enrique Santos Discépolo) “bella esperanza de la fraternidad durante 40 años, y que un día, después de 40 años, se desayuna con que los hombres son unas fieras” se estrella con la tan temida realidad, y quizás entre los cotillones de los boliches, le llegó dicha historia al maestro Discépolo. Aunque soy un poco optimista, porque dicho hombre es el mismo Discepolín. Pero debido a tal desayunada con la realidad, nace el tango Yira Yira, donde nos da una declaración cruda pero real de lo que es la vida: “verás que todo es MENTIRA, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa… ¡yira, yira!”. Es notable que en la canción hay una gran desesperanza con todo, pero el argumento de la mentira es lo que hace ver cómo es que todo es fingido en la vida.
Pero no es lo único que Enrique nos tratará de decir, porque seis años después, en 1936, junto a Luis César Amadori, escriben Desencanto. Una letra fatídica, donde la mentira toma un grado de superioridad. Ahora, ya es un hombre de 40 años, quizás de menos. Pero éste hombre recuerda todo el engaño que pasó de niño para que pudiera sobrevivir a la contradictoria existencia. Muestra de eso es cuando evoca su pasado y dice: “y pensar que en mi niñez, tanto ambicioné, que al soñar forjé tanta ilusión; oigo a mi madre aún, la oigo ENGAÑÁNDOME, porque la vida me negó las esperanzas que en la cuna me cantó”. Pero a éste hombre le bastó sólo salir del lecho de su madre para entender cómo es la vida, y es en ese momento cuando reflexiona sobre su vida: “yo vivo muerto hace mucho, no siento ni escucho ni a mi corazón”. Aunque seguí utilizando el optimismo inicial, porque me gusta pensar que el mismo hombre que esta vez evoca su niñez es Discépolo, que se tuvo que desprender del lecho materno muy joven…
Ahora, ¿qué valor puede tener la mentira en el tango? El tango, como música porteña, melancólica, nostálgica, de trenzas y almacenes, cambia de argumento letrístico en cada canción. Es muy notable la mentira, claro está, pero en diferentes contextos. Con Discépolo he querido mostrar que su letra gira en torno a la vida y sus problemas existenciales, que hasta lindan con el pesimismo… Pero se maneja el argumento de la mentira, del engaño… de la mofa.  
1947, José Canet escribe el tango Tarde, muy popular en la voz de El Varón del tango, Julio Sosa. Acá la mentira comparte el contexto de existencia y romántico. Romántico porque la canción refiere (y en eso es un tanto parecido al tango Uno) cuando dice: “de cada amor que tuve tengo heridas, heridas que no cierran y sangran todavía. ¡Error de haber querido ciegamente matando inútilmente la dicha de mis días!”. Y de existencia cuando proclama que: “tarde me di cuenta que se vive igual mintiendo”. Este tango puede sintetizar un poco la situación que afrontamos con Discépolo, porque un hombre que se entere a sus 40 que los hombres son unas fieras, nos muestra cuánto demoramos en entender y en ver que sólo hay desesperanza en este mundo. 
Pero no puedo dejar fuera la mentira en la cursilería. 1928, Francisco García Jiménez escribe Alma en Pena. Una manera no tan grata para el hombre de cantar un engaño. Pero se describe lo chorra de la mujer de la canción cuando con dolor dice: “¡Ella sí que me olvidó!… Y hoy frente a su puerta la oigo contenta, percibo sus risas y escucho que a otro le dice las mismas mentiras que a mí”. El engaño que en muchos tangos se ve reflejado.
En gran parte de los tangos hay una traición, una mentira. ¿Por qué? Es difícil explicarlo, pero naturalmente es un sentimiento cotidiano. Algo de la vida y la realidad. Y lo hacen desde el campo que quieran, porque al parecer, la mentira se encuentra en todo. Y la mentira no sólo está en los aspectos nombrados con los tangos anteriores, sino que también se encuentra en los fruteros, porque: “no hay ninguna verdad que se resista, frente a dos mangos, moneda nacional”. Ahora la verdad se vende por unos cuantos pesos, dando paso a que la mentira habite a sus anchas.
Por último, Francisco García Jiménez pregunta dónde está la verdad: “¿Adónde está? adónde está la verdad… Todas son mentiras, llenas de impiedad, alma tú suspiras por una verdad…”. Él la busca, pero es consciente de que no la encontrará, porque como Discépolo, sabe que se ha ido. Y ellos trataron de hacerlo saber en sus tangos.
La presencia de la mentira en el tango es casi tan necesaria como el fuelle para marcar el compás. Porque casi todo el sufrir del humano es debido a la mentira.