“[Bolívar] era un hombre muy imperfecto. Era impulsivo, testarudo y lleno de contradicciones. Hablaba elocuentemente sobre justicia pero frecuentemente no la impartía en el caos de la revolución. Comenzó a pensar que las áreas que había libertado no se podían convertir en democracias de la noche a la mañana. Clamó despreciar la dictadura pero se convirtió en uno más de una vez (…) No sorprende que los latinoamericanos aprendieran a aceptar las imperfecciones humanas en sus líderes. Bolívar les enseñó cómo.” -Marie Arana.

 

Por / Sara Isabel Ceballos Monsalve

Libertador es la palabra más usada para describir a Simón Bolívar, también con ese apelativo se nos enseña sobre él en el colegio. Otras personas, que van un poco más allá, lo llaman héroe. El imaginario alrededor del prócer se plasma incluso con su apellido en uno de nuestros departamentos y estatuas en múltiples plazoletas del país.

Pero en una época donde la tecnología y los conocimientos están tan a la mano como un clic, se empiezan a descubrir hechos escondidos en rincones oscuros del pasado que, para algunos, es mejor dejar en las sombras, mientras para otros, se vuelven bandera de lucha con el fin de deslegitimar personajes bajo la mirada de una época diferente a la que pertenecieron.

“Los horrores de una conquista son los errores de toda la historia”, explica la presidenta de la Academia Antioqueña de Historiadores, Socorro Inés Restrepo, hablando de la guerra, el gran antecedente de todo aquello por lo que se le acusa a Bolívar. “Yo no los llamaría errores, porque un error táctico sería perder la guerra, eso sí. Pero muchos de esos errores afirmaron su liderazgo. Esos son los claroscuros de la vida de un héroe”, dice la historiadora.

Entre esos sucesos que se le acusan a Bolívar, que pueden ser incontables, destacan cuatro, dos porque manchan de sangre inocente las manos del Libertador, y otros dos donde él “apuñaló por la espalda” a la causa independentista.

Francisco Miranda en la cárcel La Carraca. Imagen / Fundacion Museo Naval

Miranda, la primera puñalada

La entrega de Francisco de Miranda a la armada española, en 1812, hace parte de esas dos puñaladas de gravedad histórica que se le critican a Bolívar. Lo sucedido, de acuerdo con el historiador Jorge Paredes, tuvo como precedente que Bolívar, pupilo de Miranda, perdió la batalla en Puerto Cabello, por lo cual Miranda, junto al Poder Ejecutivo (instaurado por los independentistas), decidió pedir un armisticio y cese al fuego que, aunque legal, no fue bien visto por Bolívar y otros oficiales quienes, inconformes, decidieron apresar a Miranda por traición.

A continuación, comandado por Bolívar, se ejecutó la captura de Miranda, líder de la independencia hasta ese momento. Lo que sucedió luego aún genera debate entre los historiadores, que no se ponen de acuerdo en definir si fue un hecho deliberado o no.

Miranda, ahora presidiario, terminó en manos de la armada española y estos los tuvieron cumpliendo condena cuatro años, hasta el momento de su muerte. En lo que sí se ponen de acuerdo múltiples académicos es en culpar a Bolívar como el más implicado en este hecho, entre otras cosas, porque aunque su causa era la misma, sus personalidades no, lo cual podría estar siendo un obstáculo en los objetivos del Libertador.

“Es innegable que, a pesar del inicial deslumbramiento sentido por Bolívar hacia la figura de Miranda, la relación entre ambos personajes se fue enfriando hasta tornarse realmente en un desencuentro. Factores para ello lo fueron tanto lo concerniente a sus disímiles temperamentos como la gran diferencia de edades (en 1810 Miranda contaba con 60 años y Bolívar con 27)”, explica Paredes, en su artículo La conspiración contra Miranda del 31 de julio de 1812.

Bolívar firma el decreto de Guerra a muerte, en Trujillo, Perú.

Las muertes de la guerra

Pero esta es la traición menos sangrienta cometida por Bolívar, ya que al menos se le puede endosar a la Corona española la muerte de Miranda. De lo que no se puede excusar a Bolívar es de una de las partes más sanguinarias de la búsqueda de independencia: “La guerra a muerte”.

El decreto de guerra a muerte fue promulgado en 1813, éste ordenaba y autorizaba el asesinato de todo aquel que fuera español, militar, civil, hombre, mujer o niño. Todo español podía, y debía, ser asesinado.

“Si Bolívar, que esa es otra cosa que le acusan, no declara la guerra a muerte en 1813, no hubiéramos conseguido la independencia”, asegura Restrepo, basándose en que, aun con lo sangriento del hecho, había razones justificadas bajo la premisa de eliminar el desorden militar y la falta de americanismo que existía hasta el momento.

 

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“La guerra a muerte tuvo consecuencias positivas para nuestra independencia. Primero, alineó las tropas. Si los realistas estaban perdiendo y los cogían prisioneros, se pasaban [al ejército] de Bolívar. Si el ejército bolivarista estaba mal, se pasaban para los realistas. Había buena comida aquí, se iban para acá; estaba la comida buena allá, se iban para allá”. Así explica Restrepo la situación que terminó con la llegada del decreto y el asesinato de todos los españoles que eran capturado.

También dice que ese fue el comienzo del americanismo, que acabó con la idea de ser “español americano”, para promulgarnos solamente americanos, según Restrepo. “A partir de ese momento Bolívar dijo ‘somos americanos’. Eso fue una ganancia, la consciencia de ser americanos también se ganó con la guerra a muerte”.

Pero contrario a Restrepo está el escritor Pablo Victoria, que ha asegurado en diferentes conferencias que las intenciones de Bolívar tenían menos que ver con libertad y más que ver con venganza.

“Su abuelo paterno invirtió unos $20 mil o $23 mil ducados para comprar uno de los dos títulos nobiliarios que fueron entregados al convento de Monserrat para ayudar a financiar ese convento. Pero el título no lo pudieron obtener, lo estuvieron peleando casi un siglo y no lo pudieron obtener precisamente porque no podían demostrar la pureza de sangre. Por otro lado, su tío, hermano de su madre, también ambicionaba que la familia Palacios tuviera otro título nobiliario y tampoco nunca lo consiguieron”. Los títulos que refiere Victoria serían el de Marqués de San Luis y Conde Casa Palacios.

Otro profesor que apoya esa idea es David Gil, que en su artículo La carroza de Bolívar: Simetría de dos revoluciones fracasadas en Colombia, asegura que “La campaña libertadora se realizó a favor de un segmento poblacional muy restringido. (…) Si bien su propósito era la independencia de España, el objetivo de formar una nueva república estaba atravesado por la ambición de la élite criolla que vio en la independencia una manera eficaz de hacerse con el poder de los nuevos territorios. Las clases marginales no ganaron nada con la Independencia, por lo menos nada diferente de aquello que tenían con España: segregación, desigualdad y esclavitud”.

Claro que lo dicho por Victoria y Gil no es una opinión generalizada, por el contrario, muchos justifican el accionar de Bolívar con la guerra como su vehículo, y sobre todo, porque estas acciones iban dirigidas al bando contrario. Y es que Restrepo lo ratifica cuando dice que “los errores tácticos los enmendó la misma guerra con el triunfo. Esos son los menos criticables, acusaciones que hoy no tienen sentido”, y lo sustenta con la famosa frase “la historia la escribe quien la gana”, a la que la historiadora le agrega “y el que pierde le toca callarse la boca”.

Es tanto así que la historia la escribe quien la gana, que en Colombia no se estudian las sombras de Bolívar. Desde pequeños nos lo pintan como un héroe, con su espada y en posiciones valerosas. Se nos cuentan sus triunfos y proezas, pero se les olvida mencionarnos las vicisitudes de la guerra, que tan descarnada como es, convierte a cualquier ser humano en un asesino… o en un libertador, según gane o no.

Con el pueblo, pero no para él

Podemos asegurar que Bolívar fue un asesino justificado por la guerra. El gran problema radica cuando los delitos cometidos no se realizan en el calor de la batalla, sino contra sus partidarios, sus compañeros, como contra Manuel Piar. Este fue el tercer hecho que pintó de rojo las manos de Bolívar con la sangre de otro independentista.

Manuel Piar era uno de los generales en jefe con más éxito en batalla, incluso más que Simón Bolívar (que al comenzar su carrera militar no se destacó como un buen estratega), y los hechos de su asesinato los cuenta Restrepo así: “Piar era un líder siempre en discordia con Bolívar, y tenía mucha influencia. Empezó a convocar un congreso que lo llamaban el Congreso de Cariaco, que fue una insurrección directa contra Bolívar, entonces le hicieron [a Piar] un juicio en un tribunal de guerra. Lo condenaron y Bolívar, como comandante máximo, lo ejecutó”.

Pero el historiador José Álvarez explica con mayor discrepancia el accionar de Bolívar, ya que según él la condena de Piar se debió a “la decisión de Piar de empuñar las armas no por puestos burocráticos para los criollos ricos de la América Española, sino a favor de la libertad de esclavos, de la igualdad de los pardos (mestizos y mulatos) y del reconocimiento de los indígenas”, a diferencia de Bolívar que siendo “terrateniente caraqueño propietario de las haciendas más grandes del país, tanto en los valles de Aragua como en el Orinoco, lo tenía claro: su lucha era por la secesión, no por la transformación radical de las estructuras sociales impuestas por la colonia”.

Bolívar mismo reforzó este argumento en la recopilación de sus notas llamada Doctrina del Libertador, en la cual habló de los indígenas en el poder. “El indio es de un carácter tan apacible que sólo desea el reposo y la soledad; no aspira ni aun a acaudillar su tribu, mucho menos a dominar las extrañas (…) Esta parte de la población americana es una especie de barrera para contener a los otros partidos; ella no pretende la autoridad, porque ni la ambiciona ni se cree con aptitud para ejercerla, contentándose con su paz, su tierra y su familia”, escribe en uno de sus textos.

Esto le da un poco la razón a Álvarez para asegurar que “Piar tuvo el infortunio de tropezar en el camino con Bolívar y de amenazar directamente los intereses de clase de este último”, lo que Restrepo debate al darle otra cara a la moneda.

“Bolívar estaba enfrentando tres guerras: la guerra contra los españoles, la guerra con los mantuanos y la guerra de los criollos que no querían independencia. La cosa era muy difícil, entonces él con esas manifestaciones de autoridad sintió el poder que Piar tenía”. Pero la historiadora admite el error de Bolívar cuando finaliza diciendo: “esas fallas siempre serán horrorosas y siempre serán criticables. No las estoy absolviendo, sí, digamos, explicando.”

Bolívar: “Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar”

Recuerdos que parecen leyenda

Pero esta traición, aunque trágica, no sigue doliendo en los recuerdos de toda una población, lo que sí pasa con la Navidad Negra o Navidad Sangrienta, una masacre que Pasto, Nariño, no le perdona al Padre de la Patria.

“Simón Bolívar, frustrado  con  los  pastusos,  dio  orden  al General Sucre para que haga lo que le plazca con la ciudad de Pasto. Sucre aprovecha las vísperas de la Navidad de 1822 y se adentra a la ciudad, la cual se encontraba distraída por festividades navideñas; arrinconó las pocas milicias que defendían la ciudad, entre la calle del Colorado y la iglesia de Santiago, en donde prosiguió a masacrarlos; pero este acto no acabó allí, toda la población de pastusos, incluyendo mujeres y niños, fueron violados y  asesinados. La ciudad fue saqueada por los siguientes 3 días hasta llevarla a escombros”, narra Mario Puyo en su tesis de grado, donde además asegura que fueron 400 civiles asesinados, entre los que primaban mujeres, niños e incluso monjas.

Y sí, realmente Bolívar no estaba en Pasto, pero su odio hacia esta población era tan abierto que la historiadora Restrepo concede al Libertador la responsabilidad moral que tuvo en esa masacre, y solo atina a describir lo sucedido como “la cosa más triste y dolorosa de la historia”, sin olvidar las ventajas que trajo consigo la muerte de tantos: “la Navidad Sangrienta también tuvo consecuencias “positivas”, porque se aclaró toda la situación del sur”.

Según el historiador Rafael Sañudo, en su libro Estudio sobre la vida de Bolívar, el propio Libertador admitió la atrocidad de lo sucedido sin arrepentimiento alguno cuando escribió a Santander una carta en la que expuso: “Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos, aunque demasiado merecidos”.

Lamentablemente, fue tan arraigado el odio de Bolívar hacia los pastusos que se mantiene en el imaginario colectivo de todo el país. Como lo cuenta Puyo, “este hecho ha marcado al poblado pastuso incluso hasta hoy en día, ya que el estereotipo del pastuso proviene desde este horrible suceso en donde los pobladores no deseaban ser ‘liberados’ de la Corona española y por eso se los tildó de ignorantes y bobos”.

Restrepo explica el actuar de Bolívar frente a Pasto, y en general, frente a lo sucedido en la guerra, así: “es difícil que la gente que va triunfando en la vida mantenga la humildad, es difícil, muy difícil. Porque vienen los halagos, vienen los aplausos, vienen los reconocimientos, y van creyendo que son semidioses, y no lo son, entonces piensan que tienen todo el derecho a mandar sin control. Los nuestros fueron hombres comunes y corrientes, que fueron luchando, luchando contra sí mismos, luchando contra el ambiente, y por eso triunfaron, todos”, lo que finaliza reafirmando que, ante todo, se les debe mantener el calificativo que les fue otorgado porque “ellos expusieron la vida sin contemplaciones, eso los hace héroes y nadie los puede quitar de ahí”.

Este suceso, incluso cuando lo sanguinario de la guerra permeó hasta la población civil, únicamente importó a quienes lo vivieron, o en este caso, a los descendientes de las víctimas, porque al investigar al respecto, la literatura que lo refiere sólo procede de Nariño y los autores son sólo pastusos, mientras, en el resto de Colombia es apenas una leyenda difusa de la que la gente se entera, si es que se entera alguna vez, por el voz a voz.

Está claro que Simón Bolívar es la representación de alguien que enciende pasiones, con amores y odios profundos. Por su parte, la población colombiana es, en su mayoría, admiradora del prócer, pero también desconocedora de aquellos hechos que hacen de él alguien no merecedor de veneración, sino digno de estudio y respeto, porque, ante todo, quieran o no quieran llamarlo héroe, lo que más se destacó de él fue su condición de ser humano.

 Twitter: @saramesap

Bibliografía

Paredes, J., (2015). La conspiración contra Miranda del 31 de julio de 1812. Diálogos Revista Electrónica de Historia, 16(2), 219-267. Recuperado de: http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-469X2015000200007&lng=en&tlng=es.

Álvarez, J. (2019). El infame fusilamiento ordenado por Bolívar. En Notas Ciudadanas de Las 2 Orillas. Recuperado de: https://www.las2orillas.co/el-infame-fusilamiento-ordenado-por-bolivar/

Victoria, P., (sf). Simón Bolívar, el falso héroe. Del canal de YouTube de Historia con Patricio Lons. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=l99e3TtDSJg

Gil Alzate, D. (2016). La carroza de Bolívar. Simetría de dos revoluciones fracasadas en Colombia. Estudios de literatura colombiana 38, pg. 145-162. DOI: 10.17533/udea.elc.n38a07.

Puyo, M. A., (2016). Navidad Negra. En repositorio de la Universidad Pontificia Javeriana. Recuperado de https://repository.javeriana.edu.co/handle/10554/22127

Sañudo, J. R., (1995). Estudios sobre la vida de Bolívar, pg. 298. En Academia Nariñense de Historia- 2003 – Manual de Historia de Pasto, Tomo IV, pg. 26.