LA VENGANZA COMO ACTO DE JUSTICIA

A lo mejor el destino de Macduff no era matar a Macbeth, sino dejar que este en algún momento sufriera los castigos por sus actos.

 

Por / Juan Camilo Torres

¿Qué motiva a un soldado leal para asesinar a su rey? En la tragedia de Macbeth, su personaje principal, que se muestra fiel al servicio del rey Duncan, urdió un plan para asesinarlo. ¿Por qué?

Después de regresar de una batalla, Macbeth recibe un presagio de unas brujas, las cuales le auguraban ser rey de Escocia. Siendo esto imposible por lazos sanguíneos, su esposa, Lady Macbeth, lo persuade para que tome el camino rápido, el de la daga y la sangre. No obstante, ¿por qué asesinar a un rey que es bueno?

A pesar de todo, el gran Macbeth, supuestamente “fiel y leal”, luego de matar a su rey se convierte en un asesino, persuadido principalmente por los deseos de su esposa después de contarle con orgullo las grandes hazañas que a este le esperaban.

Nada es más ciego que la ambición y el amor juntos, pero fue tanta su sed que, sin dolor, ensució una daga con sangre honesta y leal perteneciente a un buen rey, quitándole a su pueblo la lealtad.

Pero ningún asesinato está perfectamente planeado. Como todo humano, comete sus errores, en este caso, dejar cabos sueltos fue el suyo. Este es solo el comienzo de un destino sin salida; lo que comenzó con un regicidio, dio paso siguiente al asesinato de un colega, Banquo.

El presagio también tuvo como objeto al gran Banquo, el cual fue la principal causa de su muerte: “menor que Macbeth, y más grande; no tan feliz, pero más feliz; reyes criarás sin serlo tú”. Macbeth, actual rey de Escocia, luego de analizar dicho presagio, se deja llevar por los deseos de seguir teniendo el poder, por lo tanto, ya no ve a Banquo como su gran amigo sino como aquel que después de escuchar que este reinará, le quitará el trono con sus descendientes.

Ahora Banquo y sus inocentes hijos son solamente una piedra en su camino. Lo que al principio fue solo una manipulación de su esposa, ahora se convierte en libre albedrío; Macbeth, con ayuda de tres asesinos manda a matar a Banquo y a sus descendientes, sin esperar que este fuera un trabajo mediocre y que dejara con vida a Fleancio, hijo de Banquo.

Así es, el rey de Escocia, cegado por el poder, vuelve a caer en su mismo error. Macbeth cometió actos atroces con el fin de llegar al trono, pero el fruto de sus actos fueron los que lo motivaron a seguir siendo en lo que se había convertido, un asesino. No le bastaba matar un rey, tampoco matar a su gran amigo, ahora, sin más que decir, tenía que limpiar su nombre arreglando sus errores.

En ese momento, Macbeth es consciente del punto a donde ha llegado, por ese motivo decide conocer nuevamente su destino. Sin embargo, nada salió como se esperaba. “Macbeth, Macbeth, Macbeth! ¡Guárdate de Macduff!, ¡atento al par de Faif! Soltadme: ya es bastante”.

Cuando una persona es cegada por la ambición de por medio solo se encuentra el deseo de tener más, de ser invencible, poderoso y, sobre todo, inigualable; Macbeth se había convertido en todo eso y luego de dicho presagio no le quedaba más remedio que ir y acabar con aquel soldado que le pondría final a su reinado.

Pero, a pesar de todo, Macbeth seguía siendo un cobarde, tanto que su trabajo era realizado con las manos de otros hombres, en este caso, nuevamente los tres asesinos serían los encargados de acabar con Macduff y todo lo que ama.

Dicho todo esto, sólo un desgraciado sería capaz de quitarle la vida a dos niños, pero Macbeth se había transformado en una persona fría y sin remordimientos, que tenía claro que sus errores lo iban a llevar a su perdición, más allá de limpiar su nombre, también defendía su trono.

Astutamente este fue capaz de adelantársele y huir a Inglaterra para planear un acto de venganza; lastimosamente, su esposa e hijos no fueron llevados con él. Los tres asesinos no cumplieron su tarea, pero sí acabaron con sus descendientes. ¿Y su madre? Huyó y no se supo más de ella.

Macbeth ahora se sentía invencible y para sumar, las brujas habían hecho de este quien es ahora; más allá del primer presagio, le alimentan su poder diciéndole: “Sé cruel, audaz, resuelto; ríete a placer del poder del hombre: pues ningún parido por mujer podrá a Macbeth dañar.”

Como era de esperarse, Malcom, fiel a su pueblo junto con Macduff, soldado testigo del asesinato de Duncan y herido por el asesinato de sus hijos, es un hombre que tiene razones suficientes para acabar con la dicha de Macbeth, no pensaría dos veces en enterrar su espada en el cuerpo de un hombre cuyo reinado ha sido una tragedia. Sin embargo, este no teme gracias a dicho presagio, pues además de sentirse invencible, ningún parido por mujer será capaz de acabar con su poder.

Finalmente, Macduff, decide planear su venganza junto con Malcom, los cuales cogen rumbo con su ejército a lo alto del bosque de Bírnam, del cual desprenden sus ramas para así esconder su número.

Mientras que Macbeth envía un mensajero para estar al tanto de lo que le espera, nada es tan claro como lo parece. Luego de cierto tiempo, Macduff ha llegado a su rumbo, donde se esconde el despiadado Macbeth, el cual se ha armado lo suficiente para batallar, pero era cuestión de tiempo hasta que llegara uno de los soldados del ejército inglés -“Siguardo el joven” – que quería ser quien lo matara. Entre ira y espadas se desata una batalla, hasta que el gran soldado del ejército inglés es derrotado, pero era cuestión de tiempo hasta que Macduff lo encontrara en su escondite.

Una vez Macbeth y Macduff se encuentran cara a cara no le queda más a uno que luchar por sus hijos, su antiguo rey y su pueblo, y al otro nada más que defender su trono y luchar por su vida; Macduff, arrancado del vientre de su madre antes de nacer, hace justicia por propia mano, más allá de tener las causas suficientes para asesinar y desmentir a un rey, tenía muy claro que, si no era él, nadie más lo haría. Es por esto que se le llama justicia, quitándole a Macbeth la cabeza de su cuerpo.

Para concluir, normalmente tenemos el sentimiento de que todo daño que en algún momento hemos recibido será cobrado por parte del destino, pero ¿qué tal si ese destino lo hacemos nosotros?

Macbeth, al principio pintó ser una persona bastante comprometida con su pueblo; sin embargo, se puede interpretar la forma tan inoportuna en la que un hombre pasa de ser eso a un despiadado asesino.

Se puede decir que este llegó a un punto en el que matar se convirtió en su psicología; matando, solucionaba sus problemas, conseguía lo que quería, vivía bien, era poderoso, incluso hasta se sentía superior a todos.

No obstante, por más de que estemos nadando en increíbles lujos, todo lo bueno tiene algo malo y aquí entra Macduff, testigo del homicidio de Duncan y además padre de sus asesinados hijos, quien después de tener diversas causas para hacer justicia, no le deja esto al destino, sino que es tanto ese deseo de acabar y vengar todo el mal cometido que decide adelantársele y hacer justicia propia.

A lo mejor el destino de Macduff no era matar a Macbeth, sino dejar que este en algún momento sufriera los castigos por sus actos. Como también acabar con el reinado de impurezas de Macbeth puede que haya sido el destino de Macduff.