“¿Cómo extraer sentido del sinsentido?”

La disputa por el hombre

Julián Serna Arango

 

Por: Diego Firmiano

En la antigua Roma, una de las formas de guiar a los viajeros era instalar en las calzadas piedras miliares. Columnas cilíndricas de granito con inscripciones que detallaban cuál emperador reinaba y a qué distancia se encontraba desde ese punto la capital del imperio. Señales útiles y adecuadas para los peregrinos.

De igual manera, y como si fueran esas mismas piedras miliares en versión moderna, se nos presenta el libro Solo lo efímero es real (2016) del escritor y doctor en filosofía nacido en Bogotá, pero afincado en Pereira hace más de dos décadas, Julián Serna Arango.

Una compilación de casi 106 relatos (105, si se tiene en cuenta que el último texto es un diálogo) que son señales al borde del camino para guiar a los perplejos. Fotografía / DiegoVal

Una compilación de casi 106 relatos (105, si se tiene en cuenta que el último texto es un diálogo) que son señales al borde del camino para guiar a los perplejos, o a los que realmente desean enterarse de qué va esto de vivir.

Pero estas columnas cilíndricas aparecen delante del lector, no informando sobre algo, ni siquiera motivando, sino bosquejando ideas, reflexiones, dando luces acerca de cuestiones vitales, y todo esto, a través de la filosofía narrativa de su estilo.

Una obra compilada por la editorial mexicana Ediciones sin nombre (144 páginas) donde Julián Serna, quien además es profesor de varios posgrados de la Universidad Tecnológica de Pereira y de otras en varios países, expone su temática con un lenguaje moderno, apelando a lo digital, al humor, a las figuras, al sentido intimista que conecta al lector con las hojas y hace digerible el contenido.

Y esa es la generosidad y tranquilidad que transmite leerlo en este nuevo libro, ya que como Sócrates no rehusó hablar con el profano o no iniciado sobre asuntos importantes, así el autor nos deleita con estos textos breves y densos que ponen a pensar, por un lado, a las personas comunes y silvestres, y por el otro, a los más consumados especialistas.

En estos tiempos modernos de redes sociales y de trivialidades, y donde poca gente contempla interesarse en lo esencial

Una vida, una obra

Las obras previas en su historial académico como Borges y la filosofía (1990); Teoría del recorte del mundo en occidente (1994); Finitud y sentido (2002), entre otras, además de su ensayo más reciente, Antropología paradójica. Cerebro reptil y mentiras útiles (2016) conservan la misma línea de reflexión, pero sincerándonos, son huesos duros de roer, en el buen sentido del término, o necesitan una iniciación.

Así, para sosiego, Solo lo efímero es real se presenta como una obra digerible cuyos tópicos comunes es imposible esquivar: dios, hombre, verdad, sabiduría, destino, ironía, amor, eternidad y más. Palabras propias no solo de los pensadores, o los diccionarios, sino de la humanidad en general, que las puede entender el ama de casa, el oficinista, el abogado, el conductor o el senador. Todos, en realidad, tienen algo qué decir cuando escuchan alguno de estos conceptos típicos, aunque las respuestas no sean siempre satisfactorias.

En estos tiempos modernos de redes sociales y de trivialidades, y donde poca gente contempla interesarse en lo esencial, es cuando más se necesita abrir como un poseso, a quien el sol le ha pegado en la cara y lo ha vuelto loco, un libro como Solo lo efímero es real para leerlo en la sombra.

Puede un influencer o un internauta preguntarse: ¿para qué existo en la tierra? O un oficinista inquirir ¿quién es Dios? O ¿cuál es el fin de la vida? Quizá no haya interés o motivación para bordear estas cuestiones, adicional de que hemos perdido el norte espiritual o carecemos de brújulas morales. Lo cierto es que a todos nos atañen estos temas, o al menos nos roban la atención cuando los oímos o leemos y siempre esperamos una respuesta.

Así, pensando en Julián Serna y en los sabios de cualquier época que tienen una conciencia de misión entre los hombres, es de esperar que estos traigan esas chispas luminosas para despertar a los que van adormecidos por el camino de la vida.

Este texto es de ideas, de debate, de incitación a pensar por medio de una narrativa limpia, y nunca de dogma, ni de creencia alguna.. Dibujo / Galieo Galilei

Pensar como una medicina

En la antigüedad, la misma palabra filosófica era llamada phármakon, o medicina. Sin embargo, phármakon significaba también golpe. Por ende, todo discurso (y este libro lo es) es un batacazo sin concesiones que pretende remecer al ser humano más tranquilo que yace entre los laureles.

Por supuesto, Serna no propone ninguna idea extraña o intenta vender una verdad, es más, no se plantea ser incongruente al querer tener razón en lo que afirma. Sabe que todo está puesto en la balanza de lo relativo, como el mismo Friedrich Nietzsche, o el actual Alasdair MacIntyre lo proponen. Este texto es de ideas, de debate, de incitación a pensar por medio de una narrativa limpia, y nunca de dogma, ni de creencia alguna.

La palabra hombre, y su acepción etimológica lo sugiere (ánthropos), significa lugar de luz. Nada más efímero que eso. Si somos luz, lo seremos de otro destello inextinguible. Es decir, nuestra finitud, o pequeña flama, como dice el autor, es la que nos da sentido, telos, futuro. La eternidad o inmortalidad es un soborno superfluo. Si tuviéramos la vista en ella, nos ahorraríamos reñir con el creador, dejar descendencia, escribir libros o componer arte. Cosas o empresas que son vestigios humanos para buscar perpetuidad, extensión, eternidad en medio de lo temporal.

Esta obra, a mi juicio, debería ser renombrada a modo de sinónimo Mentira, la verdad y esto como una forma justa de entender esos 106 relatos filosóficos que versan sobre lo clásico, lo religioso, lo tecnológico y lo humano.

Acá no cabe la pregunta que se hacía Jean-François Revel, hace buen tiempo, sobre ¿para qué filósofos? Julián Serna, con maestría, nos remite a los problemas clásicos de la filosofía que no tienen solución y hace que nos interesemos en ellos.

Y digo sin solución, porque así como nacimos solos, de igual forma debemos guiarnos por la vida buscando las respuestas vitales, para al final morir tal cual llegamos. Un dictamen de la naturaleza (o divino si se desea) implacable que demuestra de que no hay realidad más verdadera entre una cuna y una tumba.

 

Preguntas más que respuestas

Por eso este libro nos devuelve una especie de espiritualidad. ¿y qué se entiende por esto? Quizá sea comprender que al afrontar la existencia y el desear mantenernos en ella, es decir, que no decidamos morir y afrontemos la vida con valentía, es una señal de que poseemos una. Leer es estar vivo, pensar, es intentar imitar a la divinidad. Conocer las preguntas importantes para existir es una forma de encontrar un camino.

El autor es claro al afirmar que “El hombre miente para soportar el pasado y conjurar el futuro”. Ilustración PxHere

El autor es claro al afirmar que “El hombre miente para soportar el pasado y conjurar el futuro”, de ahí la palabra máscara, o el término prosopopeya, que se usa como artificio y así esquivar la verdadera representación dentro del teatro llamado mundo.

¿Estamos capacitados para ver la realidad de la existencia al desnudo? ¿podemos ver con nuestros ojos directamente a Dios, es decir, lo que hay detrás de las palabras?  Esto y más nos lleva a pensar la lectura este libro.

Personalmente considero que Julián Serna es un pensador original. Uno cuyas obras son de gran envergadura e importancia para los espíritus cultos, aunque estas sean más leídas fuera que dentro de la ciudad, a excepción, claro, de las lecturas exigidas para completar el pensum de los estudiantes de posgrado de la Universidad Tecnológica de Pereira, y de los lectores amateur que encontramos sus libros desperdigados en las cuatro o cinco bibliotecas de Pereira.

Si la razón, esa vocecilla interior, nos hace libres o nos obliga, como expone casi al final del libro el conocido profesor, no lo sabemos a conciencia. Lo que podríamos comprender es, que la verdad, que debe pasar por la razón, nos puede hacer libres, libros o liebres. Cualquiera de estas tres formas nos llevará a vivir plenamente con un propósito.