El Parque Los Fundadores este sábado, como todos los últimos sábados de cada mes, se llena de magia para hacer un trueque en la cara de este municipio, donde al parecer solo las bicicletas, el licor y las ventas de comida parecieran ser la oferta. Un trueque para vivir otras experiencias.

 

Sus problemáticas, sus inundaciones, datan de los primeros años del caserío. Museo inmemorial. Tiene vías, sí, de escape. La orgullosa variante del Centro Occidente y nada; su dependencia con Pereira es confesa, viajan a estudiar o a trabajar. Solo desde hace unos años se invierte el vector.

Por: Alan González Salazar

     En La Virginia hay caña y sol, pero… ¿cultura? Dentro de los cuatro o cinco parques contados de este municipio, rodeado de cantinas, asaderos y bicicletas, la juventud se ahoga, sea que se arroje del puente Bernardo Arango o busque posibilidad de empleo, parece estar ya en su historia la vida errática de la violencia y la falta de oportunidades. Existe la gran industria, sí, con su mano de obra barata, su ubicación estratégica dentro de la geografía nacional y a su vez índices de miseria insostenible; es decir, la vida de esta tierra solo conoció el esplendor de los Ansermas y Apías, lo demás ha sido muerte e intereses económicos inconfesados.

El Ingenio explota al negro y al mulato, si hacen una obra están pensando en su capital, este abandono se ve en el parque, en el niño mal vestido, en la música maleva y su ídolo, ¿qué otro hijo podrían tener? Debieron conservar el nombre inicial de “Nigricia”, porque en La Virginia cada noche un último grito deja en el aire el olor a pólvora. Los hombres aquí son de arena y al fondo de las soledades del Valle de Sopinga se ve, ¡cuán alta!, la Cuchilla de Belalcázar.

     Sus problemáticas, sus inundaciones, datan de los primeros años del caserío. Museo inmemorial. Tiene vías, sí, de escape. La orgullosa variante del Centro Occidente y nada; su dependencia con Pereira es confesa, viajan a estudiar o a trabajar. Solo desde hace unos años se invierte el vector. Con el nombre enigmático de Trueques del Delirio un grupo de jóvenes que apenas deja la adolescencia convoca en el parque Los Fundadores el talento local y también artistas nacionales que se destacan por su aporte a las artes visuales, la danza, la música, con objeto de celebrar el territorio, de protestar contra la indiferencia, la ignorancia, la corrupción. Solo la juventud sabe qué hace falta y La Virginia entra al mapa cultural con un acto inédito entre sus pobladores ¿Cuándo el cortero de caña iba al parque a recitar poemas de amor?, y su mujer y sus niños y el abuelo, la comunidad en general.

     Con diez personas cuenta el grupo, traen lámparas, amplificación, cada uno tiene un propósito, cada uno aporta lo que a bien dispone y han gozado el orgullo de tener entre sus invitados a Jorge Mario López, Alejandro Buitrago, Carolina Hidalgo, Jhorman Zapata, José Licélder Cardona, el grupo de danzas y música tradicional y folclórica Trietnias, Rito Loverock, Son de la Murga, Cuerpo Convite y demás compañías.

     Muchos sentimos entonces la necesidad de pasar a La Virginia el último sábado del mes en busetas que frenan en seco y salen volando, ver ondular el valle y llegar, al fin, a este territorio refundado en donde la voz se eleva; es un consuelo para muchos que, como nosotros, encuentran en la tradición oral, en las danzas típicas y en la música en vivo lo mejor de cada comunidad.

     En la última versión –XIX, Especial Realismo Mágico– de Trueques del Delirio pudimos apreciar la obra visual de Gustavo Toro, quien fuera invitado al Salón Nacional de Artistas, AÚN; poemas de Yorlady Ruiz, Lorena Madrid, música del cantautor Sebastián Sánchez; Teatro en el Campo con Zoila y Gumercindo; danza contemporánea con Víctor Mejía, entre otros géneros y artistas.

     Bajo la dirección de Alexander Noreña, la Corporación Mímesis es ahora la encargada de irradiar bienestar y esparcimiento cultural a una comunidad que lo necesita. Ahora cuentan con el apoyo del Ministerio de Cultura en su Plan de Concertación, después de años muchos de los dolientes de este proceso ya culminan sus carreras universitarias y son ejemplo de cambio. No pasa en vano esta generación que se reinventa y ofrece lo mejor de sí. Para ellos nuestro apoyo incondicional y una voz de aliento.

     Después de salir del Parque los Fundadores y abordar el transporte público se verá sobre el río Cauca la luna como un pez plateado. Hay poesía en La Virginia.