Habrá que recordar que cuando decidí estudiar matemáticas supe que uno de los criterios fue que era barato estudiar, que no había que buscar hasta la insistencia y la humillación alguna pobre financiación para alguna investigación. También al querer estudiarla me di cuenta del poco espacio que requeríamos; que con algo para rayar y algo dónde rayar podíamos recordar, crear, revisar un problema y hacer matemáticas.
Por: Yotas
Curioso, me parece que al comenzar a estudiarla me enteré que las facultades de un matemático eran mayores que las pensadas; no necesitamos baños, requerimos de pocos salones, hasta podemos carecer de alguna biblioteca. Somos tan independientes del mundo real, de la gente, de la burocracia, que alegremente hemos donado casi la totalidad de nuestro raquítico edificio a la facultad de ciencias humanas. A ellos no les sobra espacio, es cierto, son un montón de personas apeñuscadas en sus bloques, que claro, como los matemáticos no necesitamos ni dónde sentarnos, le donamos uno a uno los salones en donde solíamos recibir clases, o así lo creo yo, porque cuando llegué ya eran pocos los salones que parecían nuestros. Los matemáticos somos tan sumamente increíbles, tan increíblemente bondadosos que no solo donamos nuestro bloque para que el enorme ejército que ocupa Humanas pudiera dictar sus ambiguos cursos, además de eso, vimos cómo esos salones se llenaban de adornos, de material audiovisual, de tableros muy cómodo, además de horarios también cómodos y nosotros en nuestra infinita humildad nos quedábamos con un único salón con algún servicio multimedia.
Es definitivo, los matemáticos cada vez necesitamos menos. Porque al donar el bloque, ni siquiera se nos ocurrió pensar que tener un lugar con buen espacio para estudiar era importante, amablemente decidimos ocupar un poco más ese ínfimo rincón que queda en la biblioteca y también nos conformamos con un cubito chiquitico en donde sí caben algunos, en donde sí pueden estudiar algunos, pero se nos olvidó que aunque fuéramos pocos, éramos más de diez o de cinco…, que en ese cubito no cabíamos. Los matemáticos estudiamos en el aire, casi sin nada, casi sin salones, casi sin libros, casi sin hacer matemáticas. Es un asunto increíble. La mejor de las ciencias que ni espacio, ni libros, ni horarios necesita.



