Así como “Todas las historias tienen su comienzo”, Génesis —dirigida por los franceses Claude Nuridsany y Marie Pérennou— tiene el suyo; de la mano de un griot africano, Sotigui Kouyaté, podemos dar inicio a un ritual, a una transmisión oral de conocimiento como las que, aún hoy, continúan vigentes en África.

Por Juan Camilo Betancur*

Tomada de: http://lamonedadeschopenhauer.blogspot.com.co/2013/11/genesis-de-claude-nuridsany-y-marie.html

Tomada de: http://lamonedadeschopenhauer.blogspot.com.co/2013/11/genesis-de-claude-nuridsany-y-marie.html

Un soplo de materia nos evoca las danzantes estrellas agrupadas, girando como si de tribus se tratasen sus galaxias; estrellas, galaxias, que danzan alrededor de una hoguera en medio de la penumbra de la noche. Acumulaciones enormes de materia cuyas vidas transcurren en medio de la incandescencia y cuya muerte es dada al universo como si de gritos se tratara: Gritos no de sonido, sino de luz y energía que esparcen sus componentes a través del espacio. Fruto de sus vidas y muertes, surgen los elementos químicos pesados y logran arrojarlos como una especie de ayuda póstuma: Las cenizas de donde nacerán otras estrellas y nuevos mundos, aquellas de las que surgimos nosotros. Somos hijos de las estrellas, el cosmos es nuestro hogar.

Al enfriarse la tierra, justo en el momento de manifestarse los mares, la luna, cuerpo celeste aledaño y orbitante de la tierra, con sus efectos, logra agitarlos (cosa que aún hoy en día hace); logra revolver ese caldero en donde se está gestando la vida y así, ayuda a posibilitar su aparición. Comenzamos en el océano y desde algo básico, algo primordial; el río del tiempo se ha encargado de llevarnos a ser cada vez más complejos y de expandir nuestros horizontes hasta nuevos mundos. Esto no se detiene. Nosotros (y cuando digo nosotros, también me refiero a nuestros cohipónimos seres vivos), somos sistemas dinámicos, estamos en permanente cambio. Los átomos que nos acompañaron en el momento de nuestro nacimiento, los átomos que conformaron nuestros momentos altriciales, ya no lo hacen más; así como tampoco lo hacen la mayoría de las células con las que comenzamos, o las que incluso, teníamos hace un año: “una forma que permanece igual, mientras la materia de la que está hecha se renueva sin cesar”. Seres cuyos componentes básicos, como las células o incluso los átomos, cambian constantemente, dando paso cada vez a una serie de organismos muy similares entre sí y en los cuales, la suma de sus historias (así como también de sus no-historias) dan lugar a lo que es el ser que conforman. O, como dice Michael Stevens de VSauce, “Solo vives una vez, pero vivir una vez significa vivir muchas veces como una serie de personas similares, pero técnicamente diferentes que se conocen, pero solo en una dirección, y que pueden ayudarse, pero solo en la otra dirección”.

Las dinámicas de la vida tienen su propia lógica, de allí el que uno más uno sea igual a tres, o a cuatro, o a cinco, o a… La vida se reproduce en ella misma, se auto-replica. La vida se multiplica de entre la vida y, además, la vida se nutre de vida; la energía que alguna vez estuvo en un ser vivo, circulará; la planta que alguna vez comimos hará parte de nuestro ser, sus átomos, que a la vez son los de todos, se integrarán a nosotros. Al igual que lo haremos nosotros en el momento de nuestra muerte: Nuestros átomos se transfigurarán en los de aquellos detritívoros que nos consuman; las bacterias, los hongos, los buitres; para luego formar parte de plantas y así continuar con el ciclo. Todos tendrán partes de nosotros en sí mismos, así perpetuando ese hiperónimo que nos engloba a todos; constante lucha contra la entropía, la “forma en constante lucha con el tiempo. Una forma que permanece a pesar de la ley universal que lleva cualquier cosa organizada hacia el desorden, el caos”. Los seres vivos, organismos que luchan contra la gran fuerza unificadora de nuestro universo, la entropía, el desorden, a través del consumo de energía existente en sus símiles (con excepción de los autótrofos), y luego, cuando fatigados se encuentran ya de librar esta batalla, se doblegan ante la ley termodinámica y ceden su energía y materia de la que están compuestos, para que otros puedan seguir haciéndolo.

Génesis es una gran oportunidad, caracterizada por su eclecticismo, para reflexionar acerca de la vida a través de una confluencia de tradición, ritual, ciencia y filosofía. Cada vez transportándonos a lugares fronterizos del conocimiento, lugares donde los límites entre estos aspectos de la vida no están muy bien definidos, ni se pueden diferenciar muy bien el uno del otro (tal vez porque así debería ser, en mi opinión). Nos hace dudar sobre lo que conocemos acerca de una de las grandes preguntas sin respuesta clara: ¿qué es la vida? Y que, en definitiva, es una pregunta que trata sobre mí, sobre mis ancestros, sobre nosotros; trata sobre todos, pues somos un todo.

*Estudiante de Administración ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira