Hoy día toda una polifonía de narrativas escritas, visuales, orales y virtuales acerca de las migraciones en el mundo actual recorre los medios de comunicación a nivel local, nacional, internacional y en línea. Algunas de ellas son “falsas” y deben ser “deconstruidas”, según el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el portugués Antonio Guterres, ya que no hacen sino sembrar intencionalmente el terror, el miedo, el odio y la cizaña contra los migrantes y refugiados en los países de tránsito y llegada.

Por Wooldy Edson Louidor

Creo que esta deconstrucción debe también desencriptar el trasfondo colonialista que esconden sutilmente algunas narrativas promovidas por cierta prensa occidental/occidentalizada sobre las migraciones, a veces sin que esos mismos medios se den cuenta de ello. 

A continuación un pequeño ejercicio criptográfico sobre un texto de France Culture, con el que  queremos simplemente mostrar cómo detrás de unas palabras aparentemente ingenuas y supuestamente objetivas se esconden los viejos mecanismos de la máquina colonialista, independientemente de la intención del medio de comunicación que los reproduce.  

Polifonía de narrativas sobre migraciones

Hay que reconocer en nuestro mundo globalizado de hoy la buena labor de un gran número de medios de comunicación, que van incluso más allá de sus capacidades periodísticas, financieras y analíticas para tratar de narrar con cifras, fotos, entrevistas y testimonios el conjunto de dramas, complejidades y preocupaciones acerca de las migraciones contemporáneas. Evidentemente cada uno de ellos realiza el trabajo a su manera, de acuerdo con su línea editorial y desde su propio lugar de enunciación que puede ser ideológico, político o socio-económico.  

Como resultado de lo anterior, se ha dado un “florecer informativo” en los últimos años que, por medio de reportajes, noticias, análisis, editoriales, columnas de opinión, “especiales” de todo tipo (fotos, documentales), aparentemente reducirían la “globalización de la indiferencia”, denunciada en varias ocasiones por el Papa Francisco. El jefe de la Iglesia católica romana planteó que este mal afectaría cada vez a más personas, familias, minorías étnicas e incluso comunidades enteras que han sido condenadas al desarraigo.  

Sin embargo, al acercarse un poco más a dicho “florecer informativo”, uno puede observar cómo algunas de estas narrativas se inscriben en las estepas del colonialismo (con su toque de racismo), del “desarrollismo”, del elitismo y, sobre todo, del ultranacionalismo de derecha o de izquierda. 

De allí la necesidad de articular, como diría el filósofo francés Gilles Déleuze, una criptografía de esas narrativas para desenterrar (porque no son tan evidentes) estereotipos muy arraigados presentados supuestamente como “totalmente objetivos”, “puramente periodísticos” y “estrictamente profesionales”.  

La máquina colonialista

Así como los objetos de estudio confeccionados por Occidente, tales como el orientalismo (sobre Oriente) y los Haitian Studies (acerca de Haití), el plexo de discursos, representaciones e imaginarios en torno a las migraciones está saturado de un colonialismo latente que se debe examinar por medio de una profunda crítica.

Uno de los grandes maestros de origen palestino del post-colonialismo, Edward Said, mostró con suficiente claridad como el “Oriente” fue construido colonialmente como el otro de Occidente (como su propia imagen, en una especie de espejo invertido) no sólo a través de medidas político-jurídicas, administrativas y militares objetivas, sino también por medio de las ciencias sociales y humanas, entre ellas, la historia, la filología y la literatura. En pocas palabras, todos los campos del saber y del imaginario.

Por otro lado, el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot argumentó cómo, mediante la disciplina de la historia en particular, Europa -mejor dicho, los países del Atlántico Norte- silenció  a lo largo del siglo XIX la revolución haitiana de 1804, es decir, la primera victoria contundente de los negros contra la esclavitud, el racismo y el colonialismo.

Construir al otro como colonizado y silenciarlo constituyen dos de los más importantes mecanismos que el colonialismo occidental ha utilizado, de acuerdo con los dos pensadores post-colonialistas mencionados. La máquina colonialista construye al otro colonizado (o ex colonizado o neo-colonizado), esculpiéndole una condición “empobrecida”, “barbarizada”, “empequeñecida”, “salvaje”, “embrutecida”, con miras a reducirlo a su mínima expresión. También produce, reproduce y mantiene el silencio sobre las múltiples texturas anticoloniales de resistencias.

Esta reducción del otro colonizado, que opera la máquina colonialista vía la “inferiorización”, la encontramos en varios “reportajes objetivos” de cierta prensa occidental/occidentalizada sobre migrantes y refugiados del Tercer Mundo.

Ejercicio criptográfico

El pasado 19 de mayo, yo no podía creer lo que estaba leyendo en una publicación de France Culture en su página de Facebook; el texto anunciaba un programa radiofónico de este medio francés que se titulaba “Le Mexique entre Trump et l’étau migratoire”. 

Una traducción del texto podría ser: “México está entre el yunque y el martillo, entre Donald Trump, quien hizo de la migración el tema prioritario de su presidencia, y los pequeños países de Centroamérica, cuya población busca por todos los medios huir de la miseria y la violencia” (texto original: Le Mexique est pris entre le marteau & l’enclume, entre Donald Trump, qui a fait de l’immigration le thème prioritaire de sa présidence, et les petits pays de l’Amérique centrale dont la population cherche à tout prix à fuir la misère et la violence.)

Este texto conciso revela toda una gama de prejuicios y estigmas por parte de cierta prensa occidental/occidentalizada sobre las migraciones originarias del “Tercer Mundo”, partiendo de un hecho -uno diría- objetivo: la llegada masiva de muchos extranjeros a las fronteras de México, al sur con Guatemala y al norte con los Estados Unidos. 

Empecemos con el nombre con que este medio francés llama los países originarios de la mayoría de estos migrantes: “los pequeños países de Centroamérica”. ¿Por qué este adjetivo “pequeños”? ¿Qué entiende este medio por “pequeños países”? ¿Se trata de una “pequeñez” demográfica, geográfica, económica, social, política, cultural o humana? ¿Pequeños con respecto a qué? ¿Cuál es el patrón con el cual son medidos estos países?   

Uno está tentado a pensar que este patrón que no se dice (ni se ve tampoco) en el texto de France Culture es el mismo locus de enunciación de este medio francés: el lugar de quien mira sin ser mirado. Un lugar que es un no-lugar porque cree estar por encima de y más allá de todas las miradas. Es, como diría Santiago Castro-Gómez, un “punto cero”; una especie de lugar/no-lugar del Deus absconditus, del “Dieu caché” de Lucien Goldmann.    

Desde este lugar de enunciación se ven pequeños estos países centroamericanos con respecto a la “France éternelle”, la “République”, como si estuviéramos en una lógica dicotómica: es decir, como si estos países fueran los otros (diferentes y opuestos) de la geografía divina y la topografía universal de Francia y -por extensión- la Europa ilustrada, rica y grande. Lugar desde donde evidentemente se empequeñecen los países de Centroamérica.

Estos “otros” (en este caso, los países centroamericanos) son construidos performativamente por el que los enuncia desde su lugar de enunciación, es decir, por el que los hace “pequeños países”: decir -cuando se tiene el poder- es hacer. 

¡Qué soberbia! ¡Qué hybris! Es una de las principales reglas de la gramática performativa del poder colonial que se aplica aquí. Ayer los pequeños países eran las colonias, independientemente de sus extensiones geográficas (por ejemplo, el Congo “belga”) y de sus riquezas (Santo Domingo “francés”); hoy son las naciones “pobres”, “subdesarrolladas”, las del “Sur”, del “Tercer Mundo”, las que se menosprecian y que dan lástima.

Preguntémonos: ¿en qué medida y de qué manera las migraciones han sido y están siendo representadas, descritas, narradas, pero también investigadas, estudiadas y gobernadas desde lógicas, prismas y esquemas colonialistas?

Desconfiemos pues de ciertos resultados “científicos” sobre las migraciones, así también sobre Haití, el Oriente, América Latina, África: estos objetos de estudio que divierten y edifican a Occidente. A menudo el investigador/la investigadora (occidental/ occidentalizada) no hace sino hablar de sí mismo-a, escribirse a sí mismo-a, utilizando al otro construido como un pretexto (un chivo expiatorio). Se trata de un monólogo, una escritura de sí mismo, un discurso unilateral.

Volvamos al mencionado texto de France Culture. La expresión “los pequeños países de Centroamérica” se referiría explícitamente a la población de esos países, la cual “busca por todos los medios huir de la miseria y la violencia”, según dicho texto. Asociando las palabras, uno podría inferir que la pequeñez de esos países de Centroamérica se debería a “la miseria y la violencia” que se viven allí. “Pequeños países” significaría “países miserables”, “países violentos”; no estamos muy lejos de “hoyos de mierda”, como decía aquel presidente a propósito de Haití y de países africanos. 

Además, la expresión “población que busca por todos los medios huir” generaliza de una manera descarada, con el objetivo de culminar la “construcción” de este otro; de hecho, este tipo de generalización es característico de los prejuicios y estigmas propios del colonialismo: reducir al otro a su mínima expresión, eliminar su rica heterogeneidad y diversidad, en pocas palabras, encerrarlo en pequeñas fórmulas mágicas (los discursos colonialistas son a menudo simples y simplificadores). Generalización que lleva indudablemente al menosprecio.

Al decir “la población busca por todos los medios huir”, ¿de quiénes o de qué, este medio francés está hablando?  ¿De todas las personas que habitan en estos “pequeños países” o de un segmento particular de esta población (por ejemplo, quienes están afectados por o expuestos a la miseria y a la violencia)?

“Huir” es otro término igualmente problemático, que se usa principalmente para subrayar el carácter forzado de un desplazamiento, de una migración. Uno “huye” de un peligro, de amenazas, de la muerte. Uno “huye” para salvar su vida. En el caso de estos “pequeños países de Centroamérica”, la población buscaría “huir de la miseria y la violencia”. Es una situación que da lástima. ¡Pobre gente! No tienen otra alternativa. Es una lástima desdeñosa o, mejor dicho, un desdén lastimero.

La expresión “la población busca por todos los medios huir”: esto quiere decir también que nadie será capaz de disuadirla, porque no querrá entender. No puede haber diálogo, razonamiento o reflexión con ellos. La población es además construida como no razonable, no racional o -casi es lo mismo- incapaz de razonar, de reflexionar. No estamos lejos de los salvajes, los bávaros: Calibán. La población es barbarizada. Despreciada.

Este medio construyó definitivamente una Centroamérica habitada por una población barbarizada que da lástima, pero que amenaza al gran vecino del Norte que, finalmente, está gobernado por un presidente que “hace de la inmigración el tema prioritario de su presidencia”. ¿Qué significa esto último? Allí está la segunda marca de fábrica colonialista del texto de France Culture.

Este medio dice que México está entre el yunque y el martillo; pero uno se puede preguntar: ¿Quiénes sufren más de esta dura situación? 

Por supuesto, México; pero también los migrantes y refugiados, quienes vienen recorriendo grandes distancias, enfrentando peligros, sufriendo de severas crisis humanitarias ahora en las fronteras de este país.

Pero, no. Según este medio, Trump es quien sufre de las amenazas de estos migrantes y de México que no sabe qué hacer con estos. De esta manera, los tratos brutales e inhumanos que se les dan en los Estados Unidos, por ejemplo, se pueden ver como una consecuencia “lógica” y natural de la política de este presidente, quien hace de la inmigración su tema prioritario. 

¡Qué eufemismo! ¡Qué manera tan elegante -las malas lenguas dirían que se trata de una elegancia a la francesa– de silenciar las múltiples violaciones de derechos humanos en contra de los migrantes, bajo el pretexto de “prioridad de la presidencia de Trump”!

¡Qué manera de silenciar también todo lo que vienen haciendo los migrantes en estas fronteras de México (de sur a norte) para enfrentar allí la “tortura silenciosa”, de la cual habla la Misión de Observación de Derechos Humanos de la Crisis de Refugiados y Humanitaria en el Sureste de México!  

Tortura marcada a la vez -según las conclusiones de esta misión integrada por organizaciones de México, Centroamérica y Estados Unidos- por la intensificación y recrudecimiento de la detención migratoria “como estrategia de desgaste, control y disuasión de la migración” y también por la obstaculización y criminalización de la “solidaridad y la labor de defensa de derechos humanos”. 

Tortura de la que pocos medios hablan y frente a la cual resisten heroicamente los migrantes y refugiados con sus esperanzas y sus ganas de buscar mejores condiciones de vida. 

Seguramente estas resistencias no aparecerán en estas narrativas colonialistas que se fijan en las acciones eficaces que resultan de la priorización del tema migratorio por parte de la presidencia de Trump, en contraste con la incapacidad de su homólogo mexicano.