¿Cómo puede llegar alguien a saber qué quiero, sin siquiera saber que existo? Es una pregunta que me hago con frecuencia cada vez que soy atrapado por un libro, que me entretiene y que logra generar en mí un sinnúmero de emociones basadas en situaciones que, reales o ficticias, son ajenas a mi propia existencia…

 

Por: Carlos Eduardo Rivera Molano

Ilustración: Daniel Román

La escritura tiene una función fundamental para el desarrollo de la sociedad, desde que era no más que un grupo de imágenes en las paredes, hasta que se desarrolla en la palma de la mano tan pronto como se tiene una idea. De aquí que, a pesar de las tecnologías que existen en la actualidad, sin importar su origen, la escritura continúa siendo una parte importante en la comunicación entre diferentes miembros de la sociedad.

Sin embargo, no es tan fácil como tener una idea, considerarla buena y comunicarla a los demás; todo ejercicio de escritura requiere por parte del escritor una preparación y una formación adecuada para el desarrollo de su actividad. No obstante, la adquisición de estas capacidades no es suficiente para considerarse alguien un buen escritor, y son varios los retos a los que se debe enfrentar antes de poder publicar con éxito un texto.

Todo escrito se origina en una idea, una luz de infinidad de matices, tonos y frecuencias que nace en nuestras cabezas, que para cada uno de nosotros es tan mágica y tan maravillosa que resulta casi imposible de compartir con los demás; de aquí que el primer reto al que se enfrenta un escritor es tener la capacidad de expresar con palabras algo que originalmente no tiene esta forma.

Sin embargo, no es suficiente con tener la capacidad de expresar la idea; es importante saberla mostrar y cultivar de una manera tan atractiva que logre captar la atención del lector de la mejor manera posible. Lo que me lleva al segundo reto: ser capaz de entablar una relación con una persona a la que no se conoce, el lector, pero quien en última instancia se convierte en la motivación y la razón de ser del escritor.

¿Cómo puede llegar alguien a saber qué quiero, sin siquiera saber que existo? Es una pregunta que me hago con frecuencia cada vez que soy atrapado por un libro, que me entretiene y que logra generar en mí un sinnúmero de emociones basadas en situaciones que, reales o ficticias, son ajenas a mi propia existencia, hasta el momento que las conozco y las hago parte de mi propio ser.

Lo cual me lleva al tercer reto que debe afrontar un escritor: la responsabilidad que se genera frente al lector. Mostrar las mejores ideas de la mejor manera posible, sin desconocer en ningún momento el efecto que se puede llegar a tener sobre esta persona, porque seguramente el lector se verá influenciado, en mayor o menor medida, por la opinión y la idea del escritor.

Y finalmente, quiero terminar con lo que considero uno de los más grandes retos: la apertura, porque como escritor se debe llegar a un nivel de exposición que permite que cualquier persona que lea sus escritos conozca las ideas, los miedos, las esperanzas, las expectativa y otros aspectos de uno como persona, que tal vez incluso ni uno mismo conozca.

Sin embargo, y a pesar de todos los retos que se deben afrontar al decidir tomar la escritura como opción de vida, son muchas las personas que deciden fascinarnos con sus escritos. Y considero que son sujetos verdaderamente valientes y admirables, pues creo que la escritura es una de las actividades más enriquecedoras que se pueden llevar a cabo para el crecimiento individual y colectivo.