Sin duda asaltará al lector una inquietud: ¿Qué es eso de miranda? Como afiebrado seguidor de las imágenes en movimiento que nos brindan el cine, la televisión y el video, he desarrollado unos determinados hábitos y ritos de consumo audiovisual que me permiten un goce ilimitado de este maravilloso lenguaje que transformó la manera de comunicarnos y de compartir pensamientos, emociones y sensaciones.

Por Luis Aldana Vásquez

Escribir una columna sobre la cultura audiovisual en un medio como Tras la cola de la rata. Esa fue la invitación que hace unas semanas me hicieron, en estratégica encerrona, algunos comunicadores en camuflaje de estudiantes bajo la égida de un inquieto periodista amigo. Mi respuesta, prevista sin duda por ellos tras la escaramuza montada, fue que sí. A fin de cuentas, este joven medio virtual ha crecido favorablemente en los últimos meses convirtiéndose en real alternativa informativa en la región y el país. ¿Cómo rehuir esa tentación? Después, ya con la calma que brinda el silencio de mi refugio comprendí la estupidez de mi rápida afirmación. ¿Sobre qué iba a escribir si ya tengo un blog sobre el tema audiovisual? Me iba a ‘chiviar’ yo mismo. Precisamente alguien que siempre se ha resistido al periodismo, primero porque no se ha formado como tal y segundo porque no se considera capaz de serlo. Así que apelando a una de las tantas afiladas maneras en que suelo contradecirme, decidí echar para atrás mi decisión y acusar a un extravío de mi dislocada mente el exabrupto de entusiasmo previo.

En ese momento, un segundo antes de hacer la cobarde llamada, el asistente de dirección que siempre cargo encima me advirtió acerca de algo que siempre he dicho: “Ten la última palabra”. Y me la pasó. Era: riesgo. Respiré hondo. Por supuesto, sin ese toque en el límite para qué vivir. Así que apelando a otra de las tantas agudas maneras en que acostumbro llevarme la contraria. Acepté de nuevo y me desperté. Y acá estoy, Miranda/RayoAzul en Tras la cola de la rata.

Las aventuras de Tintín / Columbia Pictures y Paramount Pictures (tomada del sitio Starmedia Entretenimiento)

Sin duda asaltará al lector una inquietud: ¿Qué es eso de miranda? Como afiebrado seguidor de las imágenes en movimiento que nos brindan el cine, la televisión y el video, he desarrollado unos determinados hábitos y ritos de consumo audiovisual que me permiten un goce ilimitado de este maravilloso lenguaje que transformó la manera de comunicarnos y de compartir pensamientos, emociones y sensaciones. Con el tiempo, terminé por reconocer en esos momentos de disfrute un ejercicio de la mirada en la perspectiva que Fernando Vásquez señala en su valioso texto, Más allá del ver está el mirar (que considero uno de mis súper mantras). Es decir, una actitud constante de aprendizaje sobre las formas de mirar relatos audiovisuales. Ahí surgió la idea de la miranda, un acto consciente, persistente y… sí, enfermizo, de analizar e interpretar lo audiovisual trascendiendo su espacio contingente. La miranda siempre empieza en la proyección, emisión o reproducción de un creado en imágenes y sonidos en movimiento, y deviene en experiencia perceptual audiovisual que se aproxima a la vivencia. Esa es la frontera buscada en mis actos de miranda y que intento compartir con quienes me rodean… y ahora con los lectores de Tras la cola de la rata. Aprender significativamente.

En ese amplio corredor se despliegan asuntos de indudable interés. En esta primera entrega plantearé dos vitales. La crisis de los relatos y el porvenir del 3D y de qué manera eso nos atañe.

Hugo / Paramount Pictures – GK Films – Infinitum Nihil (tomada del sitio Starmedia Entretenimiento)

El contexto de nuestra pantalla cinematográfica, por mencionar uno de esos asuntos, está amenazado por la hegemonía del cine hollywoodense. Las mega – corporaciones del entretenimiento han sellado el destino de la dramaturgia, en una espiral de decadencia que sumerge al cine comercial en una debacle creativa y financiera sin igual. Una de las consecuencias inmediatas de esa crisis es que la industria incluso ya no le apuesta a los beneficios en la taquilla norteamericana. Cada vez más es la venta internacional de boletos la que está marcando la pauta de éxito o fracaso de una película de estudio. Los estrenos de películas de alto presupuesto se están llevando a cabo en territorio ‘extranjero’ porque el consumo doméstico se ha reducido, ahí sí cabe, dramáticamente.

Causas hay muchas pero algunas de las que afloran son: la demanda de películas por internet que menoscaba el mercado y la asistencia a los cines; el déficit de la economía norteamericana; pero en especial, la saturación del público que ya no encuentra atractivo lo que le muestran porque ya lo ha visto todo. Fuera de Estados Unidos el flujo de audiencias puede ser alto dadas las limitaciones de las industrias nacionales del cine, los bajos costos de las boletas (en comparación con las de Estados Unidos y Europa) y el auge del 3D. Además, producir y exhibir fuera del territorio norteamericano es más barato. Eso es algo que a los Estudios les interesa, incluso más que la crisis de los relatos.

Hacia dónde dirigir la mirada. ¿Qué sucede con la creatividad? ¿El destino es el 3D? Siendo aspectos de dos órdenes afines, mas no iguales; lo narrativo y lo técnico, en ellos reside mucho de la reflexión sobre los senderos a recorrer en la búsqueda de una cinematografía propia, pensando por ejemplo en el caso colombiano. Las historias no se han acabado, son los referentes los que se desvanecen y ciertos referentes además. La sociedad norteamericana refleja su profunda escisión en la pobreza de su dramaturgia cinematográfica hollywoodense que recluida en el círculo vicioso de la tecnología olvidó que contar historias es algo simple… y necesario, dejando a los espectadores en la bruma de la incomprensión de lo que les sucede como nación. Nótese que no se alude a otras dramaturgias norteamericanas de acusado interés para cualquier miranda. No es entonces hacia el Valle de Holly donde debemos mirar. Ni como espectadores ni como narradores. Nuestra tarea, si es que hay alguna ya que cada pueblo hace lo que precisa en múltiples planos, sería contar nuestras historias sin seguir modelos “exitosos”. Hay que arriesgarse.

American Reunion // Universal Pictures

Es cierto que grandes directores como Spielberg (no olvidar La lista de Schindler) y Scorsese (Los infiltrados) han afirmado que el destino del cine está en el 3D, motivados no por el artilugio técnico, acá es donde está la real conexión con la creatividad, sino porque se sintonizan con la preocupación por la pérdida del asombro que ha sufrido el espectador de cine contemporáneo, desligado por completo de la proverbial solemnidad que tenía el cine antes. El 3D expresaría así una recuperación de la experiencia perceptual al acercar la mirada del espectador a la forma cómo vemos el mundo. Sin embargo, críticos del calibre de Roger Ebert consideran por el contrario, que el 3D afecta la calidad del cine al ofrecer menor brillo de las imágenes y una tendencia virtuosa pero no lúdica.   

Si trabajar con el lenguaje audiovisual pasa por vivir muchas mirandas y rodar muchos planos,

Furia de Titanes 2 // Legendary Pictures – Thunder Road Pictures – Warner Bros. Pictures

entonces la invitación es a mirar mucho cine de cuanta procedencia y género se nos aparezca, volver a los clásicos (no para refreírlos) siempre será una buena opción para aprender a narrar, conocer propuestas alternativas y quizá vanguardistas (como sucede con el cine de los Balcanes o del Sudeste Asiático o África… o algunas experiencias latinoamericanas) puede reportarnos gratos momentos y dejarnos con posibilidades de seguir soñando para asomarnos a los días con auténtico coraje.

La miranda es también fluir en la imaginación de otros para reconocer la imaginación que nos habita y alimentarla. No puedo cerrar sin agradecer a Tras la cola de la rata por abrirme un espacio para hacer algo que me encanta: escribir sobre lo que me apasiona hasta el borde de la sombra. Sea pues el momento de compartir el riesgo.