Inés Rendón, protagonista de la primera película pereirana grabada en 1926, aún vive para recordar aquella participación. Una mujer que conserva el garbo de los locos años 20.

Por: Nathalia Gómez Raigosa*
Después de meses de búsqueda, de tres intentos fallidos y unas cuantas llamadas telefónicas, vamos a tener la fortuna de conocer a Inés Rendón Bustamante, de 107 años, tal vez la mujer más vieja en Pereira y su área metropolitana. Pero ese dato no es el motivo que nos convoca, sino ver con nuestros propios ojos y capturar unas cuantas imágenes de la actriz de siglo, como fue rotulada Inés Rendón por El Espectador en una nota que narra su fascinante vida (ver aquí).
Llegamos hasta su residencia, que no podía estar ubicada en otra parte que no fuera en pleno marco de la Plaza de Bolívar de la capital risaraldense, donde la gente camina con el afán de los centros urbanos, entre los frondosos mangos que le ofrecen su sombra al transeúnte. Nos parqueamos en el lobby del señorial edificio, mientras el simpático portero anuncia la visita por un teléfono de cuerda, cuelga el auricular y dice con una sonrisa en su rostro: “sí son tan amables, sigan por aquí. La señora Norma Rendón, sobrina de doña Inés los está esperando”. Mientras llegaba el paquidérmico ascensor, el vigilante nos confesó ser el más grande admirador de la señora Inés, como él la llama y fiel coleccionista de todos los recortes de periódico que salen con noticias suyas.
Entramos con desconfianza al arcaico aparato y mientras ascendía lento y atropellado, volví a apreciar la imagen que nos envolvió en esta historia, un fotograma que se ha convertido en la obsesión de muchos hombres, por ser el único, el más valioso, corroído por los años y las colonias de hongos y polillas.

El glamour de una época dorada perfuma toda la escena en blanco y negro, que se desarrolla al interior de una quinta de corte republicano. Un hombre de corbata, rostro atractivo, y refinado traje oscuro de paño, tal vez inglés o francés, se cruza de brazos, mientras observa de forma inquisidora a una bella joven, de pelo corto estilo Polka Dots y vestido holgado, de encajes exquisitos, a la manera de Coco Chanel. Ella permanece sentada con su espalda arqueada y a la vez posa sus dedos con delicadeza sobre el marfil de un flamante piano Lyn. La mirada que soslaya es taciturna y fuera de sí, como si presintiera su presencia infinita, su estela de un ayer memorable.
Con observar la estampa se puede inferir la cuna de oro de estos dos personajes, Ana Rendón Bustamante y Fernando Jaramillo Ángel, hijos de las más prestigiosas familias pereiranas, durante el esplendor de ‘los locos años veinte’, donde la diversión y las pomposas fiestas de salón con champaña y cigarrillos Pierrot eran las protagonistas. No se trata de una imagen de El Gran Gatsby, aunque el lujo y la suntuosidad son los mismos, la ubicación es diferente. Una pequeña Broadway, lejos de los estudios hollywoodenses y del cielo norteamericano, enclavada en la cordillera central de los Andes colombianos, acaba de rodar su primer película, “Nido de cóndores”[1]. Esa que le prometía fama, que le serviría para afirmar su identidad, como ciudad prodigio, ciudad pujante, que borraría su imagen provinciana y llamaría más visitantes e inversionistas a vincularse con el promisorio proyecto de posicionarla como centro de negocios, aprovechando que ya era un pueblo de mediano tamaño, por encima de la mayoría de aldehuelas a su alrededor.

La película tenía el único fin de “mostrar el origen, progreso y adelanto de Pereira, fue producida por la Sociedad de Mejoras de Pereira y fue filmada creo que en 1926”[2], aseguró el camarógrafo español Máximo Calvo, quien la dirigió con el apoyo del reconocido empresario cinematográfico Nicolás di Doménico.
La delicada tarea de idear el sentimental guion, pretexto perfecto para publicitar la ciudad, no la podía haber cumplido con tal maestría otro hombre diferente a Alfonso Mejía Robledo, diplomático, influyente comerciante, propietario del más cosmopolita y completo establecimiento del momento en la Villa Pereira, elAlmacén Universal. Allí se podía adquirir desde cemento danés León, pasando por motocicletas Harley Davidson, automóviles Cadillacs, Buick y Oldsmovil, prendas de última moda en París, juguetería importada, colecciones de libros europeos hasta proyectores Pathe Baby -la única manera de acceder al cine desde la comodidad de su casa- indicaba su publicidad. Mejía Robledo era también un apasionado de la literatura, incursionó en la poesía, pero fue con la prosa con la que se consagraría como el primer novelista de la imberbe ciudad.Era, además, propietario de una editorial, sello bajo el cual publicaba sus libros y más tarde reproduciría Panoramas, una revista cultural, entre 1937 y 1938.

“Nido de Cóndores”, de la misma manera, tenía que ser interpretada por actores con altura, a los que se les notara el garbo y la elegancia. Por eso se pensó que los integrantes de Grupo Escénico, primer grupo de teatro del que se tiene registro en la ciudad, eran los más calificados para actuar en el filme. El Grupo Escénico o “Los repentinos aficionados al teatro”[3], como los llama Víctor Bustamante, documentalista y crítico de cine antioqueño, fueron convocados por “la entusiasta e inteligente Justina González González, más conocida como Thina” (González, 1985, p.125), quien tomó la dirección acompañada por Pedro Piedrahíta, el apuntador, con la noble tarea de recordar los diálogos a los actores, cuando a éstos se les olvidaba alguna línea.
El elenco estaba conformado por jóvenes entre los 19 y 24 años. Entre ellos estaban: las hermanas Anita e Inés Rendón Bustamante, Tulia Drews, Teresa Restrepo, Olga Sierra, Concha Vélez, Antonio Gómez Villegas, Gonzalo Martínez, Fernando Jaramillo, Luis Eduardo Marulanda, Mariela Gutiérrez, Enrique Aristizábal Moreno y Emilio Correa Uribe -propietario de Variedades, “revista semanal ilustrada”, fundada en 1925.
He aquí algunos de los actores, en una imagen extractada de una revista de la época:

La película estaba basada en una historia de amor e intriga entre Otto Muller, un capitalista alemán, interesado en invertir en el Nuevo Mundo, interpretado por Fernando Jaramillo y Teresa, una dama pereirana, representada por Ana Rendón, quien se enfrenta por celos con su hermana, tanto en la película como en la vida real, Inés Rendón. La intención era recrear un melodrama para mostrar en sus seis partes lo más granado de la ciudad: el café Blanco y Rojo; el ferrocarril de Caldas; el Banco Ruiz; la quinta Santander; la caravana automovilística de Cali por el río La Vieja; los románticos botes del Lago Uribe; las cascadas de la vereda La Florida; la Plaza La Victoria, con sus pequeños palos de mangos y la hacienda Galicia, adonde se van a vivir los enamorados, después del casorio y donde termina el largometraje silente.
Según Máximo Calvo, durante la grabación de “Nido de cóndores” no hubo ningún inconveniente técnico, salvo las dificultades económicas que tuvo que afrontar la Sociedad de Mejoras de Pereira por el desfase de presupuesto de 800 a 105.400 pesos de oro, después de rechazar la propuesta de Calvo de reembolsar la inversión para tener los derechos absolutos de explotación sobre el largometraje. “La sociedad de Mejoras tuvo que acudir entonces a préstamos en bancos y particulares para evitar que tanto la película como las demás obras proyectadas para 1926 se paralizaran” (Acevedo, Rodríguez y Giraldo, 2009, p. 141).
La première de la película se realizó en el tradicional Teatro Caldas el 23 de noviembre de 1926. Se dice que una alfombra roja fue instalada para que la burguesía del Viejo Caldas desfilara como las grandes estrellas de cine americano, “se cobró dos dólares la entrada y el teatro contó con lleno total” (Gil, 2002, p. 171). La cinta obtuvo elogios por parte de las revistas de la época y solicitudes de reproducción en los teatros de las principales ciudades de Colombia, donde ya se habían presentado La María (1922), Bajo el cielo antioqueño (1925) y Manizales City (1925). Aunque tampoco faltaron los comentarios rechazando la cinta y recomendando “que se haga con ella una gran hoguera y destruya hasta el recuerdo amargo de semejante fracaso” (González, 1985, p.116).
Después de 87 años de aquella exhibición, el programa radial La Buhardilla, dirigido por José Fernando Marín Hernández y emitido por la Emisora Cultural Remigio Antonio Cañarte, reeditó una conmovedora entrevista con Inés Rendón en 1992, cuando la actriz tenía 86 años. En esa ocasión Rendón con un vigoroso tono y el encanto innato de las damas de sociedad, añoró su experiencia como actriz en “Nido de Cóndores”:
Es una película que se perdió y nadie supo qué se hizo. Casi todas las escenas las filmaron en la casa de la señora Itsmena Sáenz. La película fue muy agasajada y les gustó, pero es de esas cosas que pasan una vez. Francamente no le dimos mucha importancia en ese entonces, solo ahora que la gente ha querido conseguir datos de la película. En una revista de Lengua y Razahay unos cuadros en los que están Ana con Fernando Jaramillo, en la casa de la señora Itsmena tocando piano. [4]
Como lo manifiesta la antagonista, la cinta desapareció sin dejar rastro y sólo se conserva de ella un fotograma y parte de la sinopsis de guion cinematográfico, pues de acuerdo a un artículo de El Diario de Otún, que se encuentra en internet, bajo el titulo “Nido de Cóndores trajo el cine a Pereira”, a la película se le realizaron dos copias, una de ellas quedó en Pereira, en los archivos de la Sociedad de Mejoras de Pereira, hasta que un día una secretaria la botó, porque estaba expeliendo malos olores y la otra se la habrían dado a Máximo Calvo, como parte de pago y no se conoce su paradero.
***
El ascensor aterrizó en el piso cone un sacudón que me ayudó a salir del aturdimiento que me ocasionó la añeja instantánea. Nos paramos de frente al portón de madera fina y fuimos observados por una cámara, que nos espió desde una esquina. Una empleada del servicio, con uniforme y delantal, nos indicó el recorrido por el amplio apartamento, donde el tiempo parece haberse detenido sesenta años atrás, pues las lámparas de cristales de murano, los muebles Luis XV y los reconocidos cuadros al óleo, pintados por la actriz y elogiados por el poeta de ‘La Ruana’ Luis Carlos González, permanecen intactos, relucientes, tal cual le gustaban a ella.
En este espacio de tiempos conjugados, Inés Rendón pasa confinada los días de su generosa existencia, que el 12 de noviembre alcanzó los 107 años, a la espera de que la muerte llegue sin ser invitada. Es la única que sobrevive del mítico elenco, porque tanto su hermana Ana Rendón, como el que después fue su esposo, Abelardo Echeverry, ya hace tiempo fallecieron. Vive con una auxiliar de enfermería, una señora del servicio y un circuito cerrado de cámaras que, con múltiples ojos, vigila cada movimiento de sus habitantes. Su empleada le atribuye al aguardiente un gran poder de longevidad pues, según ella, a la señora no le puede faltar una copita todas las tardes.
La sobrina que está su pendiente, Norma Rendón Cuartas, es quien responde ahora las inquietudes de la prensa y los curiosos que con frecuencia invaden su intimidad. Ella como si se tratara de una lección escolar, recita las peripecias de su dinámica tía: sus excursiones por el mundo; las célebres amistades como los presidentes Julio César Turbay y Alfonso López Pumarejo que atendía con su buena mesa; las exuberantes fiestas temáticas que alistaba con meses de anticipación y hasta muy avanzada edad. El almacén Inés que por muchos años impuso la moda en la ciudad; su famoso video del tranvía, que grabó con la primera cámara de cine a color que conocieron los pereiranos y las exposiciones de fotografía antigua de personas cotidianas y momentos gloriosos, que donó a la ciudad en dos aniversarios y que hoy se erigen como valiosos testimonios que reconstruyen la Pereira de aquel entonces y el germen de su vida cultural.
Entre las múltiples anécdotas que Norma colecciona, recuerda cuando su tía contaba con humor negro que a los integrantes de Grupo Escénico los habían escogido para participar en la película, “más porque eran bonitos, que porque tuvieran dotes actorales”[5].

Aunque la decoración de su casa se conserva como siempre, el paso de los años sí ha hecho mella en la envejecida actriz, que siempre está de vestido oscuro, moña de cabellos plateados, collar y aretes de perlas, porque ‘Inesita’, como le dicen de cariño, ya no es buena conversadora, casi no escucha. A estas alturas de la vida es un milagro que entienda lo que se le pregunta y responda unas pocas palabras. Pese a esto, es como si su memoria se resistiera a olvidar su experiencia juvenil en “Nido de Cóndores”, pues cuando se le toca el tema, sus ojos enfocan un lugar lejano y su voz dice: “Fue hace mucho tiempo, cuando estaba muy chiquita”[6].
[1] Consúltese Rigoberto Gil Montoya, “Nido de cóndores”: aspectos de la vida cotidiana de Pereira en los años veinte.
[2] Salcedo Silva Hernando, Crónicas del cine colombiano, 1897-1950. Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1971, p. 71.
[3] Véase en YouTube un documental de BabelMedellín sobre “Nido de cóndores” y léase en la página web de El Diario del Otún, “Nido de cóndores y el Grupo Escénico de Pereira (1926)”. Los dos materiales son de Víctor Bustamante.
[4] Inés Rendón Bustamante, en entrevista con José Fernando Marín Hernández, hace 21 años en el programa La Buhardilla de la Emisora cultural Remigio Antonio Cañarte, el 29 de marzo de 1992 y reeditada para el programa del 28 de julio de 2013.
[5] Norma Rendón Cuartas, en entrevista personal. Pereira, 10 de agosto de 2013.
[6] Inés Rendón Bustamante, en entrevista personal. Pereira, 10 de agosto de 2013.
Bibliografía citada
- Acevedo Tarazona, A.; Rodriguez Herrera, D., Giraldo Mejía, N. (2009) Jorge Roa Martínez Memoria de Un Cosmopolita.Pereira: panamericana formas e Impreso S.A.
- Gil Montoya, Rigoberto (2002). Nido de cóndores: aspectos de la vida cotidiana en los años veinte. Bogotá: Ministerio de Cultura.
- González, Luis Carlos (1984). Retocando imágenes: crónicas del Pereira Antiguo. Pereira: Fondo Editorial de la Gobernación de Risaralda.
* Comunicadora social – periodista, aspirante al título de Magister en Literatura, ganadora de la Convocatoria Estímulos 2013, del Instituto de Cultura y Fomento al Turismo de Pereira en la categoría de Periodismo Cultural, crónica y reportaje con el anteproyecto Reportaje de sala en la escena pereirana. El anterior artículo hace parte de los resultados de la investigación premiada.


