OK LENA: ÁNIMA URBANA

A diferencia de la mayoría de tags donde sus autores enuncian un “Yo soy”, la imagen de Ok-Lena es la manifestación de un “Somos”

 

Escribe / Festival Pereira Querendona

El ánima urbana es el espíritu que recorre las calles y usa sus muros como lienzos para expresarse. En su ir y venir deja muestras de su sensibilidad. Se vale de trazos y el color para romper con la asepsia, para que la ciudad brille en otros tonos, para que sea diversa. Sus obras son el espejo en donde la ciudad se mira y se reconoce. Ahí, en sus paredes se encuentran las convicciones y las historias de sus habitantes. Pero con el correr del tiempo estas historias se desvanecen, perdiéndose en la levedad de la memoria.

Por tal razón, el Festival Pereira Querendona reunió en un libro las experiencias de los festivales que se han realizado. Es un esfuerzo por preservar la memoria de cada edición y por reunir el espíritu de las ánimas urbanas, en un objeto que pueda resistir el paso del tiempo.

A continuación, se reproduce el texto que en su momento escribió Poing sobre el grafiti de Totumo.

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Ok Lena: El amor en los tiempos del aerosol*

El Tag ha sido un vehículo de exploración personal que busca imprimir el alma en una firma para compartir al mundo, una forma de reafirmar la existencia diciendo “Estuve aquí” “Así soy”, utilizando una variedad de formas y lugares que, por lo general, son sin permiso ni venia. Deben ser hechas con rapidez, destacándose de acuerdo a la repetición y el contenido. Su duración muchas veces es efímera.

Crecí en Pereira y recuerdo ver los primeros tags por los años 90 sobre algunas avenidas y en la columna del viaducto dentro de Bavaria, el barrio donde crecí. Era la misma firma con aerosol negro, un corazón ligero dibujado con las palabras Ok lena. Esta imagen aparecería en muchos lugares, incluso en las vías hacia Cali, Bogotá, Medellín etc. Fue uno de los primeros writers en la ciudad, y fue foco de atención por la prensa local a principios de los 90, donde lo criticaban por falta de contenido en su práctica. Pero nadie conocía su identidad y eso generaba mucha inquietud. Una leyenda había nacido.

Con el tiempo me interesé por el arte, el espacio público, y empecé a rayar y pegar carteles bajo el seudónimo de Poing. Ingresé a un laboratorio de arte urbano en 2019 dirigido por Julián Malagón (Ventus). Como producto final para la exhibición del laboratorio, quise investigar y buscar al autor de Ok lena con la única pista que tenía: Que vivía en Campestre D, en Dosquebradas, Risaralda.

Un martes me fui en la moto hacia este barrio, preguntando a la gente de allí si conocían esta persona, mostrando mi libreta con una copia dibujada que hice del grafiti original. Después de una hora sin encontrar respuesta, una señora de una ferretería me dijo que lo conocía y me indicó su casa. ¡Aleluya! Llegué a esa dirección, toqué la puerta y me abrió Carlos Montes, un señor amable que brevemente me invitó a seguir. Nos sentamos en la sala, me sentía emocionado de estar frente a esta leyenda urbana: un hombre de 63 años algo canoso, con gafas de aumento y mirada suspicaz. Pereirano de nacimiento, fue apodado Totumo por herencia de su padre. Vestía una camiseta azul oscura de fútbol con pantaloneta. Es padre de dos hijos, abuelo hace rato, pero con cara de niño pícaro todavía. Había sido funcionario público, conductor de la gobernación de Risaralda. Su firma nació en medio de una crisis personal, cuando se enamoró hace más de treinta años de Luz Elena Bermúdez, su actual esposa, y como forma de expresarle su cariño a quien le ayudó a ser fuerte en ese momento, se dedicó a rayar Ok lena por todas partes.

Así recuerda su primer grafiti a finales de los 80: “Veníamos en un camión desde Belén de Umbría y me bajé con un aerosol, entonces hice el primero en una valla junto al camino. Digamos que mi encanto por el grafiti comenzó con un detalle de exaltarle el sentimiento de amor a Luz Elena”, dice mientras recuerda que rayaba en bicicleta, en camioneta, que tenía rutas y lugares ya pensados para su acción, y que nunca se dejó pillar.

Su gesto fue malinterpretado por algunos espectadores, llegando incluso a nacer el rumor que se trataba del grupo guerrillero ELN. Mucha gente que nació y vivió en el Eje Cafetero recuerda su obra para bien o para mal. Le hice una corta entrevista y le pedí el favor de dejarse sacar una foto. Una fotografía que días después publiqué con su permiso en el grupo de Fotos antiguas de Pereira en Facebook. Mucha gente reaccionó a la publicación. Algunos mostraron su descontento preguntando cuál era la dirección del señor para ir a rayarle su casa. Pero la mayoría de comentarios fueron positivos, despejando una duda que duró décadas. Algunos llegaban a la misma conclusión: “Al fin se supo, ya puedo morir tranquilo”.

Para el día de la inauguración del laboratorio, había invitado a Carlos a que hiciera su tag en una de las paredes del lugar, donde puse la entrevista impresa, unas fotos que él me envió para la exposición donde sale con su esposa y un cuento de Beto Briceño. La inauguración era para las 5 pm, pero él nunca llegó. Lo llamé y me dijo que se había quedado varado en Santa Rosa de Cabal. Sentí que era una excusa, pero igual lo entendí. Tenía pocas ganas de figurar, lo que hizo fue por amor, y no por dinero ni fama. El vértigo era su alimento. El mismo vértigo que sentía cuando experimentó con calcomanías, plantillas, marcadores, etc.

A diferencia de la mayoría de tags donde sus autores enuncian un “Yo soy”, la imagen de Ok lena es la manifestación de un “Somos”, cuando brota el agradecimiento que reduce el ego propio, es un “Te amo” sincero y obsesivo. Una prueba de que acciones artísticas muy significativas pueden nacer de personas que no estudiaron arte en ninguna academia, que no exponen en museos, pero que desarrollan su práctica con tanta pasión y constancia que dejan huella en la historia. Un sencillo gesto con aerosol que trascendió a nuestra memoria colectiva.

@corporacionkhuyay

@festivalpereiraquerendona

*Investigación completa de Diego Alejandro Garzón (Poing) sobre el grafiti de Carlos Montes (Totumo) aquí