Francisco Villatoro es Licenciado en Informática por la Universidad de Málaga, Licenciado en Ciencias Físicas por la UNED, Madrid, y Doctor en Matemáticas por la Universidad de Málaga. Desde 1996 es profesor de la Universidad de Málaga en el Departamento de Lenguajes y Ciencias de la Computación. Imparte docencia en el Grado de Bioquímica, Facultad de Ciencias, y en un máster de la Escuela Politécnica Superior. Divulgador bastante activo gracias a su blog La Ciencia de la Mula Francis, colaborando en radio (Onda Cero) y otros medios. (Fuente: La noche europea de los investigadores)

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Extractos filosóficos: Epistemología en la formación del científico, según Mario Bunge

“No conseguiremos que el científico sea un hombre culto obligándole a estudiar temas que no le interesan. [El] especialista que niega resueltamente que su ciencia tenga relación con la filosofía [es] un hombre inculto, aun cuando lea novelas o visite exposiciones de pintura. Será tan inculto por desechar todo el saber acerca de lo que a él le interesa saber, que ignorará qué es su propia ciencia. [El] científico con alguna formación epistemológica [recibirá] estímulos para encarar su tarea con mayor profundidad y responsabilidad, y hasta con más amor: advertirá que su trabajo es más complejo, más importante y hasta más bello de lo que había creído”.

Una breve, pero buena introducción a la epistemología es Mario Bunge, “La ciencia. Su método y su filosofía”, Laetoli (2012) [144 pp.]. Este libro recomienda que “la epistemología, la filosofía de, en, desde, con y para la ciencia, [que] se ocupa de todos los fundamentos y procedimientos de todas las ciencias, desde la geología hasta la lingüística”, sea enseñada en todas las carreras de todas las universidades. “[La ciencia] supone edificar sistemas de ideas. [No] es necesario inyectarle humanidades al científico; basta mostrarle que su propia ciencia las incluye o está relacionada con ellas.”

Permíteme unos breves extractos de este libro para motivar su lectura.

España y “América Latina no terminarán de incorporarse al mundo culto mientras la aventura bélica, política y deportiva gocen en ella de mayor prestigio y protección que esa estupenda aventura intelectual que es la ciencia. Pero tarde o temprano nuestros investigadores advertirán —como les ha ocurrido a casi todos los científicos de primera línea— que quien encuentra grandes soluciones es quien enfoca los problemas con más amplitud, quien adopta una actitud filosófica ante la ciencia, es decir, quien sitúa el problema dado en su contexto más amplio y está dispuesto a revisar los fundamentos mismos de las teorías o de las técnicas. Así nació la ciencia moderna y así se renovó en el curso del último siglo. Todas estas circunstancias contribuyen a crear un clima poco propicio para la investigación epistemológica”.

“Es necesario distinguir los problemas metacientíficos de los científicos, pero no hay por qué inventar un abismo que los separe: acaso no exista problema científico que no suscite problemas filosóficos, ni problema filosófico que pueda abordarse con esperanza de éxito si no es adoptando una actitud científica. [Siendo] los actos del científico tan importantes como su pensamiento, la epistemología no debiera limitarse a la lógica y el lenguaje de la ciencia: no debiera ser solo teoría de teorías, sino también teoría de actos, es decir, metodología y no sólo metateoría. Por consiguiente, la lógica y la teoría de los signos son herramientas importantes del epistemólogo, pero no las únicas”.

“¿Cómo lograr eficazmente la integración de la ciencia y de las humanidades en la enseñanza universitaria? La solución que suele ofrecerse en algunos países consiste en agregar trabajos de laboratorio al plan de estudios de las humanidades, y literatura al plan de estudios de ciencia. No debe asombrar que esta solución sumista fracase: lo que se agrega se considera materia “blanda”, que se tolera y estudia a desgano, sin que deje rastros. [Si] lo que se busca es una síntesis, debe ensayarse una solución integradora y no aditiva. ¿Por qué no ensayar el cultivo de una actitud filosófica en las ciencias naturales y sociales, y de una actitud científica en la filosofía y en las llamadas humanidades? No hay por qué buscar la ciencia fuera de las humanidades, cuando lo que se requiere es encararlas en forma científica; ni hay por qué buscar la filosofía fuera de la ciencia, cuando se sabe que ésta posee sustancia filosófica”.

Mario Bunge enumera un decálogo de beneficios que “El estudiante de ciencias o el científico que alguna vez dedique una parte de su tiempo a estudios epistemológicos podrá obtener”. Te remito al libro para conocerlos. “Por todos estos motivos conviene al desarrollo de la ciencia que los instructores de ciencia llamen la atención sobre los problemas filosóficos y las raíces históricas de las cuestiones científicas; por los mismos motivos conviene incluir el estudio de la filosofía y de la historia de la ciencia en los planes de estudio de las diversas ciencias particulares”.

Para impartir un curso de epistemología a alumnos de ciencias no se tomarán por temas de estudio las escuelas y los autores, sino los problemas epistemológicos: ya es hora de abandonar el enfoque exclusiva y predominantemente escolástico e histórico de los problemas filosóficos; es hora de abordarlos sistemáticamente, como lo han hecho quienes han dicho algo nuevo. [Se] preferirá el diálogo vivo a la recitación de datos, y la discusión inacabada al oráculo definitivo. Se tendrá la pretensión de guardar fidelidad al lema que eligieron los discípulos de uno de los fundadores de la ciencia moderna: Provando e riprovando.

“Se intentará, en suma, adoptar una actitud científica ante los problemas epistemológicos, con la esperanza de que produzca frutos que convenzan a los científicos de la conveniencia de encarar filosóficamente la ciencia, y que persuada a los filósofos de que la filosofía rigurosa y fecunda no es un género literario sino una ciencia”.