Otro de los pilares es el motivo de los divertimentos y los espejismos, en otras palabras, de las pulsiones imprevisibles con que las artes desafían y estimulan el pensamiento, que en el autor del libro es una racionalidad estética.

 

Por: Javier Domínguez Hernández

Divertimentos y espejismos: un estudio sobre los códigos de la pintura, la música y el lenguaje verbal, desde la semiótica y la lingüística; la presente reunión de textos que propone Andrés Calle Noreña se lee con interés y gusto, gracias a que no se trata del sometimiento de la pintura, la música y el lenguaje verbal, sobre todo la literatura, a la coyunda de la semiótica y la lingüística, como lo sugiere su título.

Estas dos disciplinas de la logística del lenguaje deben, más bien, rebajar sus pretensiones de explicación y objetivación, ante las realidades de todo lo que merezca llamarse “lenguaje”, de acuerdo con el aparte Características de los lenguajes, en el que el autor mejor muestra su agudeza como conocedor de la comunicación humana.

La naturaleza fundamental del lenguaje responde a la necesidad de interlocución, tanto de demandarla, como de sentirse interpelado, y esta naturaleza campea en el pensamiento y los lenguajes de las artes, y en el universo de la comunicación de las inteligencias.

No implica que el profesor Calle Noreña no reconozca las especificidades de todos estos lenguajes, o que banalice las competencias de sus cultores o expertos; pero afirma igualmente sin inhibición, que “procesos de pensamiento y producciones de arte (…) en realidad no son cosas distintas”.

La filosofía dominante de Occidente ha privilegiado la lógica y la metódica, el concepto y la proposición enunciativa; en estos ensayos, por el contrario, el escritor le contrapone a esa marcha regulada del pensamiento la dinámica de la inventiva, que echa mano de la analogía, la oposición, la deriva, la discontinuidad, la diferencia. Este es uno de los pilares de este libro.

Otro de los pilares es el motivo de los divertimentos y los espejismos, en otras palabras, de las pulsiones imprevisibles con que las artes desafían y estimulan el pensamiento, que en el autor del libro es una racionalidad estética. La música y la pintura son las artes que inspiran estos motivos; pero no son exclusivos de ellas, sino que se producen en toda la economía de la dinámica de la racionalidad.

En la filosofía del arte de Hegel, lo bello artístico es descrito como belleza nacida y renacida del espíritu: belleza o pensamiento en lo sensible, que un espíritu (un artista) o el espíritu de una época, lo produce, y otro espíritu (otro artista) en otra época lo retoma, lo actualiza, y reabre su horizonte significativo o de verdad. Una concepción afín es la que se reconoce en los textos de Andrés Calle Noreña. Podría decirse que para él somos bacantes que nos tambaleamos entre divertimentos y espejismos, que trasponemos los códigos de unas artes en otras.

De hecho, así se reproduce la cultura, como el arte ha generado más arte, y el pensamiento nuevos pensamientos. Es innegable que la escultura griega tuvo sus modelos iniciales en la solemne rigidez de los relieves egipcios de su arquitectura; pero otro fue su cantar cuando la épica de Homero comenzó a inspirar la pintura de la cerámica griega y empezó a alentar la figura que había que plasmar de los dioses, y los héroes en la escultura.

El profesor deleita cuando toma La divina comedia de Dante y la dispone como un sol que da estatus a la lengua italiana, a la literatura, la pintura y la música, y no solo en su época, sino todavía, cómo versos de Dante renacen y renacen en obras de artistas y pensadores actuales. La afinidad con Hegel, no deshace sin embargo la diferencia: en Divertimentos y espejismos el pensamiento es una modalidad de la racionalidad estética; en Hegel, la estética es una de las dimensiones del pensamiento.

Y el tercer pilar de esta reunión de textos, afín por lo demás a la dominancia de lo estético en la disposición intelectual, es la lógica del juicio, la lógica de situación y de pregunta y respuesta que practica Calle Noreña. Divertimentos y espejismos es una tentación que puede hacer avocar todo en ellos y banalizar así el ethos intelectual de su compromiso con el conocimiento.

Pero tener tensiones no es igual a caer en ellas, y este punto lo deja Andrés bien claro: “Tal vez sólo con recuperar discusiones de las cátedras, con hacer preguntas y hablar sobre la música y la pintura, en forma teórica; pero que invita a la contemplación y a la escucha, al goce estético, con esto se habrá cumplido con creces el propósito”, es decir, este libro.