¿Para qué interrogar sobre una obra no vista? ¿Qué objetivo tiene explorar sobre aquello que es desconocido? Las respuestas son muchas o quizá ninguna, pero algo parece irrebatible: El Quijote es una obra de carácter universal que todavía sigue contándonos cosas nuevas, y en eso radica su intemporalidad. Este viernes, a las 7:30 p.m., Tropa Teatro hará su última función de esta obra en Pereira, en el teatrino del Santiago Londoño.

Por: Antonio Molina

Alonso Mejía y Maryury Ruiz son el alma del grupo Tropa Teatro. Y no lo son en el sentido de ser irremplazables o protagónicos. Lo son porque en ellos anidó este proyecto desde el inicio. Un sueño al que se sumaron otros y lo han hecho grande con su presencia.

Por ello, desde el año pasado ruedan por diversas ciudades colombianas presentando su más reciente propuesta: El Quijote, espejo del hombre, viaje en el que la crítica favorable y la motivante asistencia del público se han conjugado para hacer de esta obra un nuevo hito en la trayectoria del grupo, a la cual se suman Todas las sangres, La edad de la ciruela, Batucada teatral, Ciudad tras el viento y Pinocho, entre otros.

En ese sentido, Tropa Teatro no es un grupo de inexpertos. 12 años de continuidad como grupo hablan muy bien de su alcance y la madurez que han alcanzado, la misma que es reconocida en sus giras nacionales e internacionales.

Son 27 funciones con El Quijote, espejo del hombre. Acaban de llegar de Bucaramanga, y a pesar de que Tropa Teatro ya había estado allí con otras obras, esta vez con El Quijote la aceptación fue alta en la Universidad Industrial de Santander, donde se presentaron. Todo ello sumado a las positivas reseñas periodísticas.

¿Pero para qué montar una obra como El Quijote, basada en un clásico literario? La pregunta la responde de manera precisa Maryury, actriz de larga trayectoria e investigadora, quien afirma que nace por la necesidad del grupo de preguntarse por qué montar un Quijote en un momento de la historia donde la gente no lee. Además, para desarrollar los que considera temas interesantes del texto: amistad, amor, la necesidad de hacerse caballero andante, posibilidad de construir a partir de lo que se sueña ser.

Para el director, Alonso Mejía –con un nombre de prestigio en la escena nacional–, este reto exige tener en cuenta las implicaciones poéticas de la obra, sujeta por demás a una tradición literaria compleja que se suma al reto de traducirla al lenguaje escénico. En ese proceso cambia, surge algo nuevo, pero conservando el espíritu cervantino, un espíritu lleno de secretos que exalta la condición humana. Cita, en ese momento, a Stendhal, para quien “la novela es un espejo que se pasea por un camino”.

¿Por qué hacer teatro en medio de todo lo que hay? Hay ruido, movilidad, tecnología… por ello se necesita imaginación y estímulo de ella misma La idea es que el espectador termine de narrar la propia historia que él se está imaginando de El Quijote, comenta Maryury. “Creemos en el riesgo, por eso la apuesta por El Quijote en un tiempo de poca lectura, pero era necesario para saber cómo podría ser esa obra ubicada en esta época, lo que implica mucha indagación y un abordaje profundo del texto literario. Hay que correr el riesgo, si uno no lo hace desde lo que está soñando hacer, ¿entonces quién?”.

A las presentaciones de la obra asiste un público diverso, desde intelectuales hasta muchachos de colegio… estimulando a los jóvenes para que lean El Quijote, afirmándoles que esta obra se puede leer en esta época. Se pueden hacer ejercicios de escritura muy interesantes a partir de lo que ven y de lo que se lee; también hay otras opciones, además de la lectura, como el audiolibro o las representaciones cinematográficas fáciles de acceder a través de la red.

Itinerancia

Este mes el grupo presentará la obra en Pueblo Rico, uno de los municipios más lejanos del departamento de Risaralda, donde la oferta teatral es casi inexistente. Lo asumen como un riesgo. La idea es entender otras maneras de percibir o entender la obra por parte de públicos diversos. No hay espectadores desapercibidos, de hecho, entre esos públicos se encuentran Quijotes.

Para ejemplificar, Maryury trae a colación lo que sucedió en Chinchiná, Caldas, donde El Quijote, espejo del hombre tuvo a su parecer una de las mejores presentaciones, pues asistían jóvenes que hacen teatro y se preguntaban cómo se había hecho. Un interrogante que apuesta por el derrumbe de la incredulidad.

Pereira es un pueblo del Eje Cafetero donde se produce poco teatro, donde ocurren otras cosas en la oferta cultural y la aceptación puede ser alta, pero se halla la misma capacidad que hay en Pueblo Rico o en Chinchiná

“No somos ajenos a la situación que está viviendo el país en este momento, el postconflicto, no podemos obviar eso como artistas. La transversalización de esos temas es algo que parece imposible que hubiera escrito un hombre como Miguel de Cervantes en esa época, y hago referencia al discurso de las armas y las letras. Se me encharca el ojo cuando hablo de eso. Finalizamos la obra con ese discurso, pensando en que sí se puede hacer un ejercicio de paz”, comenta la actriz.

En este punto cabe resaltar un énfasis que hace el director de la obra, un hombre de larga trayectoria en el teatro como lo es Alonso, para quien la necesidad de conservar los textos originales se convirtió en una prioridad, al igual que para los demás integrantes. La intención es que el texto suscite acción dramática, apoyada en marionetas, objetos diversos, luces, música y, por supuesto, en el cuerpo de los actores.

De este modo el texto dramático está impregnado de muchos lenguajes, pero demandantes de un arduo proceso de construcción que permita entenderlo como nuevo.

Lánguida figura

El Quijote es un antihéroe, a él le va mal en todo, ninguna de sus apuestas es positiva (en sus resultados). Por ello es un momento adecuado para exponer ese discurso de las armas y las letras, teniendo en cuenta el momento actual y es las características del grupo, que pareciera no existir, pero sí está.

La obra empezó a crearse cuando iniciaban los diálogos en La Habana, en un proceso que todavía no ha concluido. “Es posible que perdamos toda la fuerza, pero es una quijotada, por eso la existencia del discurso de las armas y las letras con el que cierra la obra”, comentan.

El tiempo para el montaje fue uno de los grandes retos, pues la obra fue premiada en el programa de Estímulos del ya desparecido Instituto Municipal de Cultura y los tiempos son cortos (poco más de tres meses). Según Maryury, “como actriz el mayor reto para mí fue el espacio, pues todo sucede en el mismo espacio y se deben cambiar las atmósferas. Incluso para mí es extraño, pues nunca había visto una obra de teatro así. Fue raro hacer algo que apenas entendía mientras lo hacía. Por último, la permanencia de nosotros como grupo también es otro reto, pues indica resistencia de la colectividad. Lo colectivo y lo de grupo empieza a tener un valor distinto en una época que nos exige otro tipo de cosas”.

Para cerrar la charla, Alonso comparte que “miramos muchas versiones de la novela, lo mismo que otros montajes teatrales, pues son importantes los referentes y allí nos percatamos de que casi todos hacen lo mismo. Pero era necesario para el grupo enfrentarnos a un clásico de este calibre. Hemos aprendido del teatro, de la vida… significó estudiar mucho para colocarnos en el escenario nacional”.

Una figuración que de seguro seguirá siendo ascendente, no en vano más de tres lustros como grupo los han convertido en referente del teatro regional gracias a la exquisitez y manera concienzuda de trabajar todos y cada uno de sus montajes.