Por esta razón, en el presente documento se propondrá un análisis dialógico de la razón y el lenguaje a través del asentimiento de los sentidos… Al final se presentarán algunas conclusiones de provocación, puesto que más allá de pretender concluir el tema, lo que se busca provisoriamente es alimentar la piel. 

Tu pusilánime razón, hermano mío,

es también un instrumento de tu cuerpo”.

Nietzsche

 

Por: Hugo Oquendo-Torres[1]

La razón y los sentidos, en nuestro ahora histórico, poseen un valor fundamental en la construcción del pensamiento y en la interacción del ser humano con el mundo. La razón no está al margen de las pasiones, afirman George Lakoff y Mark Johnson (1999). Sin embargo, en el devenir del pensamiento analítico, la razón diseccionada del cuerpo (Sujeto Mundo), era concebida como la única vía de conocimiento, derivándose de esta idea el imaginario del pensamiento universal y la metanarrativa de la historia. Entonces, el ser humano cimentado en las ideas de Platón, creyó poder acceder al mundo y a las cosas a través de la esencia, cuyo medio fue el lenguaje. Al final, lenguaje y objeto, bajo esta perspectiva, terminaron fundiéndose en una sola masa. Con la metonimia de lenguaje y objeto se llegó a la conclusión de que el significado no cambiaba, por tanto se infirió que la naturaleza de las cosas tampoco.

    Además, se creía que las palabras correspondían a la realidad, por tanto eran imagen de la realidad. ¿Pero cuál es la imagen que corresponde a la palabra amor o muerte? El ser humano nunca conoce a plenitud, porque siempre hay algo de por medio, el lenguaje. El lenguaje media nuestra realidad, porque es intencional. Con este descubrimiento nació el giro lingüístico. Si la filosofía con el lenguaje como instrumento analizaba las cosas, ahora el lenguaje pasó a ser objeto de análisis, puesto que las palabras construyen realidad. En esto, cabe señalar que el lenguaje se origina desde los sentidos. Si no, entonces, ¿qué le dio origen a las palabras menstruación o placer? Por tanto, si la filosofía analítica asevera que el mundo existe por la razón; entonces, el lenguaje recita: el mundo palpita en las palabras. Y ellas anidan en la piel.

Por esta razón, se propondrá un análisis dialógico de la razón y el lenguaje a través del asentimiento de los sentidos. Para ello entonces, se establecen como líneas de reflexión, los siguientes subtemas: 1), Universalización del lenguaje: la razón; 2), Discontinuidad narrativa: la razón del giro lingüístico; y 3), Razón y lenguaje: asentimiento de los sentidos. Al final se presentarán algunas conclusiones de provocación, puesto que más allá de pretender concluir el tema, lo que se busca provisoriamente es alimentar la piel.

 

  1. Universalización del lenguaje: la razón

 

Le penseur -Rodin

La razón como metáfora de la universalización del pensamiento y del lenguaje fue concebida como la representación unívoca de la realidad, lo cual significó la colonización del mundo. Con el método científico a la cabeza se erigió la verdad y el hombre moderno. Pienso luego existo, dijo Descartes. Esta fue la máxima de la razón del hombre moderno. Todo cuanto existe es porque la razón lo ha demostrado, lo ha iluminado, le ha puesto un nombre que a través del método científico lo ha hecho aprehensible. Tal aprehensión del mundo, las cosas y el hombre, se dio gracias a la respuesta de la realidad y al conocimiento que erigió la razón. Por esto, el filósofo checo Karel Kosil afirma que:

Las ciencias de los tiempos modernos se hace, ante todo, esta pregunta: ¿qué es la realidad y cómo puede ser conocida? Galileo responde: es real todo lo que puede ser expresado matemáticamente.

Es decir, la razón, en esta perspectiva cientista, se legitima como la medida de todas las cosas, en tanto todo es convertido a objeto. El mundo y el ser existen porque son evidenciables a través de la razón numérica. Bajo este paradigma del pensamiento, la fuerza abrumadora de la poesía (metáfora del lenguaje vivo), que en otrora gozaba de reputación en el ámbito de la academia, quedó relegada al espacio de la ficción, habitando la periferia de la república de lo objetivo.

El porvenir de la ciencia se erigió como el dogma de la representación del universo. La gran metanarrativa de la historia. La razón cual Pantocrátor. Ante ello, el pensador Teilhard de Chardin aclara que:

El porvenir de la Ciencia… En una primera aproximación, se perfila éste en el horizonte como el establecimiento de una perspectiva total y enteramente coherente del Universo. Hubo un tiempo en el que el único papel que se suponía representaba el conocimiento era el de iluminar, para nuestra alegría especulativa, los objetos ya totalmente hechos, ya totalmente establecidos a nuestro alrededor.

En este sentido, la ciencia más allá de su función iluminadora pasó a ser el paradigma de la representación. Ahora el derecho a hablar, comprendido como la construcción de significado y sentido, construir realidad, quedó restringido al plano de la universal repetición y semejanza. O como bien precisa Michel Foucault:

Michael Foucault

Hasta fines del siglo XVI, la semejanza ha desempeñado un papel constructivo en el saber de la cultura occidental. En gran parte, fue ella la que guió la exégesis e interpretación de los textos; la que organizó el juego de los símbolos, permitió el conocimiento de las cosas visibles e invisibles, dirigió el arte de representarlas. El mundo se enrollaba sobre sí mismo: la tierra repetía el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que servían al hombre. La pintura imitaba el espacio. Y la representación –ya fuera fiesta o saber— se daba como repetición: teatro de la vida o espejo del mundo, he aquí el título de cualquier lenguaje, su manera de anunciarse y de formular su derecho a hablar .

En suma, a partir de la concepción de la razón monolítica, teniendo como ícono al hombre moderno occidental; la filosofía del pensamiento analítico se estableció como el paradigma de la verdad absoluta, la realidad única. Como dato curioso, vale la pena mencionar que en el ámbito del pensamiento religioso, tal idea, siglos atrás, había sido suscitada a través del monoteísmo abrahámico. Un solo Dios, una sola fe reza la Shemá; así como una sola razón. Del mismo modo, en esta perspectiva, los sentidos del ser y su subjetividad quedaron en entre dicho.

 

  1. Discontinuidad narrativa: la razón del giro lingüístico

 

Friedrich Nietzche

Si desde la óptica de la filosofía analítica el pensamiento por medio del lenguaje daba idea del mundo, los objetos y el ser; ahora con el giro lingüístico, el lenguaje pasó a ser objeto de análisis. Hubo un cambio entre pensamiento y lenguaje. Puesto que el lenguaje nos habla, dice Heidegger, y en este sentido lo real es la interacción. Parafraseando a Friedrich Nietzsche ha llegado el crepúsculo de los ídolos. Pues, según Paul Feyerabend ,“No existe ninguna cosa que corresponda a la palabra “ciencia” o a la palabra “racionalismo”. Ni hay nada así como un “método científico” o un “modo científico de trabajo”.

Es decir, Dios, la verdad absoluta, ha muerto. Puesto que toda verdad o visión de mundo e incluso de realidad que se pretenda única o absoluta, no es más que una presunción de poder.

En este segundo ítem, el lenguaje como fuerza poiética desempeña un factor fundante, ya que con el giro lingüístico operado en la filosofía del siglo XX: “el mundo para nosotros se asume como mundo apalabrado por nosotros no a través de un hipotético lenguaje ideal, sino de una variedad de léxicos y géneros literarios”, al decir de Julián Serna.

Cabe señalar que en el lenguaje se da una dialéctica entre hermenéutica y filosofía analítica. Adriano Fabri dice lo siguiente:

El problema del lenguaje constituye uno de los temas principales, una de las cuestiones con las que una y otra vez se ha enfrentado el pensamiento filosófico del siglo XX; ya a principios del siglo, en las primeras de las Logische Untersuchungen (Investigaciones lógicas) de Husserl (1900), se establece claramente como un hilo conductor que corre hasta nuestros días con diferentes planteamientos y desde diversas perspectivas.  Con razón se habla a este respecto de un verdadero “giro lingüístico” en la filosofía del siglo XX, un giro que no sólo ha sido objeto de interés por parte de la reflexión contemporánea del área angloamericana –según la expresión habitual al uso–, sino también y de un modo igualmente decisivo, a la llamada tradición “continental”.  Más aún, el problema del lenguaje puede ser considerado como el territorio verdaderamente común, si bien diversamente tematizado, en el que de hecho se vienen enfrentando las dos corrientes de investigación que han animado el debate filosófico de los últimos decenios, a saber: el pensamiento analítico y la reflexión hermenéutica.

Al darse el cambio entre pensamiento y lenguaje, al haberse gestado un cambio de paradigma que mutó de la búsqueda de la esencia (lo objetivo, lo racional) a lo subjetivo (los sentidos y la emoción), surgió una gran incertidumbre concerniente a la noción de realidad. ¿Es real la realidad? Pregunta Paul Watzlawik. De igual forma responde:

Paul Watzlawick

“lo que llamamos realidad es resultado de la comunicación. […] la más peligrosa manera de engañarse a sí mismo es creer que sólo existe una realidad”. Y este orden de ideas, parafraseando el pensamiento de Paul Rabinow, entonces se puede intuir que las representaciones de la realidad son hechos sociales, porque son constructos particulares y colectivos que están afincados en el horizonte de sentido de la subjetividad. De este modo, lo que es concebido como realidad viene a ser un asentimiento del lenguaje, cuya fuente son los sentidos. En este hecho particular, la poesía, útero del lenguaje, desentraña un factor vital, puesto que ella es “la fuerza potencializadora del ser”, según Paz.

 

  1. Razón y lenguaje: asentimiento de los sentidos

Si en el principio se afirmó que la razón no está al margen de las pasiones, es preciso destacar que tales pasiones están afincadas en el cuerpo, ya que éste es la metáfora más concreta y fugaz del ser. En este aspecto, asevera Nietzsche:

El cuerpo es una gran razón, una enorme multiplicidad

     dotada de un sentido propio, guerra y paz, rebaño y pastor.

Tu pusilánime razón, hermano mío, es también un instrumento

     de tu cuerpo, y a eso llamas espíritu: un instrumentito,

     un juguetillo a disposición de tu gran razón.

 En otras palabras, la razón es el asentimiento del deseo, de nuestros sentidos, el cual genera un argumento que justifica los apasionamientos. Al apelar al argumento, le damos ropaje a nuestras razones instintivas. Por ende, desde esta línea de pensamiento, lo real es la interacción de nuestro ser con el lenguaje.

Si alguien ha tenido en cuenta que lo real es la interacción, el encuentro con el mundo, es el poeta. Porque, lo real no es un atributo sino un darse en el instante, en la gran incertidumbre del ser. Al respecto dice Friedrich Hölderlin que:

Pero a nosotros no nos es dado

descansar en ningún lugar;

desaparecen, caen

los dolientes hombres

ciegamente de una

hora a otra,

como agua de peñasco

en peñasco arrojada,

a través de los años, a través de lo incierto.

Friedrich Hölderlin

El ser humano, hijo de la incertidumbre, se concibe en la historia como un ser arrojado al mundo, quizá por ello no le es dado ningún lugar para el descanso. El ser es agua de peñasco en peñasco arrojada a través de los años hacia lo incierto.

Complementario a la fuerza creadora de la poesía, también está presente el componente erótico. La poesía en el eros se transforma en pulsión creadora. En esta perspectiva Aurèlien Demars, citando a Cioran, refiere que:

“En un impulso dionisíaco, el eros nos hace revivir el poder de los orígenes, nos lleva a recrear psíquicamente el mundo o, incluso, a aspirar a otros mundos” .

Es la poesía, entonces afirma Octavio Paz “un penetrar en el ser, un estar o ser en la realidad […] la poesía es entrar en el ser” . Asimismo, Ricoeur afirma que “la poesía no es elocuencia. Ella no tiene por objeto la persuasión, mas produce la purificación de los sentidos del terror y de la piedad” .

En el encuentro entre ser, mundo y poesía, la erótica debe comprenderse desde las diferentes dimensiones que componen al ser en su complejidad. En ello, la teóloga Elizabeth Stuart, referenciando a Audre Lorde, asevera que la erótica en su dimensión ampliada debe percibirse como “El profundo conocimiento del cuerpo y un impulso hacia el gozo, la satisfacción y la propia realización, que puede encontrarse en las relaciones sexuales; pero que también pueden experimentarse, en el baile, al construir una estantería para libros, escribir un poema, explicar una idea”.

En suma. La fuerza vital del lenguaje dado por medio de la poesía habita todas las esferas del ser. Y en esta óptica, se puede intuir que la piel es lo más insondable del individuo. En otras palabras, hay un marcador somático a la hora de construir pensamiento: el cuerpo, el cual hace que la verdad no sea etérea sino encarnada, porque habita los rincones más íntimos del ser. En cada pliegue de la piel se refugia una verdad.

Fernando Pessoa

Mientras la filosofía analítica razona con el pensamiento intuitivo, la poesía construye pensamiento a partir de la razón instintiva. Al respecto el poeta portugués Fernando Pessoa advierte:

Creo en el mundo como en una margarita,

porque lo veo.  Pero no pienso en él,

porque pensar es no comprender…

El mundo no se hizo para que lo pensáramos

(Pensar es estar enfermo de los ojos)

sino para que lo miráramos y asintiéramos…

 

En el encuentro entre ser y mundo, la poesía se transforma en el punto de encuentro y de manifestación. Es decir, el lenguaje poético, la estética, se torna para el ser en un tópos epifánico que le revela el mundo. Una experiencia erótica comprendida como una experiencia del lenguaje es una experiencia existencial. En esto sostiene Heidegger: “el hombre es lo que es aun en la manifestación de su propia existencia” .

  1. Provocaciones…

A modo de provocación, más que de conclusión, se pueden señalar ciertas ideas, entre ellas: en primera instancia, de que la razón en el devenir del pensamiento analítico desempeñó un rol protagónico en la legitimación del discurso universalista, lo que estribó en el anquilosamiento de la visión de mundo y realidad. De esta forma, se negó la interacción del individuo con el mundo por medio de la subjetividad. Puesto que, todo lo que cayera en este campo viciado, era catalogado como una herejía patológica del ser.

No obstante, con el giro lingüístico se presentó la posibilidad de otra vía para el conocimiento, ya que la razón, puramente la razón, fue socavada desde lo subjetivo. No hay razón objetiva. Además, siguiendo a Feyerabend:“aun la elección entre teorías está influida incluso por motivos estéticos”.

En otros términos, a partir del cambio hacia la reflexión hermenéutica se dio una reivindicación de los sentidos, que también representó una manera diversa de crear significado y sentido. En resumen, a partir de los sentidos se presentó otro modo de dar cuenta de la historia y el mundo.

Adriano Fabris

En conjunto con Adriano Fabris, se puede decir:

“Es la lengua en su conjunto la que determina los confines de nuestro pensar. En otras palabras, la lengua constituye el horizonte en el que se circunscribe toda nuestra relación con el mundo. Al respecto, por ejemplo Gadamer afirmaría que “el ser que puede ser comprendido es el lenguaje”.

Es entonces, el giro lingüístico la discontinuidad de las metanarrativas, pues el lenguaje, al igual que nuestro sistema conceptual, se gesta en gran medida en concomitancia con nuestros cuerpos y ambientes, ya que el ser es en el mundo como el cuerpo es al pensamiento. Porque el pensamiento no está expulsado del cuerpo, puesto que en el horizonte de los sentidos el mundo palpita en las palabras. Y ellas como verdades anidan en la piel.

 

___________

Bibliografía

 

Althaus-Reid, Marcella.  (2005). La teología indecente: perversiones teológicas en sexo, género y política. Barcelona: Bellaterra. p. 300.

Boehler, Genilma.  (2014).  El origen del mundo: la teología feminista y la subversión de lo erótico.  En: Revista Espiga.  Año XIII, N° 27, Enero-Junio 2014.  p. 19-27.

Chardin, Teilhard.  (1982).  El fenómeno humano.  Madrid: Taurus. p. 383.

Demars, Aurèlien.  (2011).  El eros agónico y la metafísica del amor según Cioran.  En: Herrera, M. L; Abad, Alfredo.  (2008-2011).  Compilación: encuentro internacional Emil Cioran.  Universidad Tecnológica de Pereira: Pereira.  p. 422.

Fasbris, Adriano.  (2001).  El giro lingüístico: hermenéutica y análisis del lenguaje.  Madrid: Akal. p. 64.

Feyerabend, Paul.  (1989).  Los límites de la ciencia.  Barcelona: Paidos. p.74-75

———————  (1995).  Adiós a la razón.  Barcelona: Altaya. p. 60

Foucault, Michel.  (1994).  Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas.  México: Siglo XXI.  p. 375.

Heidegger, Martin.  (1997).  Arte y poesía.  México: Fondo de Cultura Económica. p.149.

Hölderlin, Friedrich.  (2014).  Poemas.  Barcelona: Icaria. p. 155.

Johnson, Mark; Lakoff, George.  (1999).  Filosofía em la carne: el cuerpo presente y su desafio para el pensamiento de Occidente.  New York: Basic Books.

Kosil, Karel.  (1967).  Dialéctica de lo concreto: estudio sobre los problemas del hombre y el mundo.  México: Grijalbo. p. 269.

Nietzsche, Friedrich.  (1995).  Así habló Zarathustra.  Barcelona: RBA. p. 252.

Paz, Octavio.  (1994).  El arco y la lira.  Bogotá: Fondo de Cultura Económica.  p. 305.

Pessoa, Fernando.  (2015).  Todos los sueños del mundo.  Poemas: Fernando Pessoa, Porfirio Barba-Jacob.  Medellín: Tragaluz.  p. 303.

Rabinow, Paul.  (1983).  Las representaciones son hechos sociales.  Modernidad y posmodernidad em antropología.  En: Giro lingüístico e historia intelectual.  Palti, José Elías. Buenos Aires: Universidad de Quilmes.  p. 183-184.

Ricoeur, Paul.  (2000).  A metáfora viva.  São Paulo: Edições Loyola.  p. 500.

Serna, Julián.  (2015).  Seminario: Filosofía y Literatura I.  Programa de Maestría en Literatura.  Universidad Tecnológica de Pereira: Pereira.

Stuart, Elizabeth.  (2005).  Teologías gay lesbiana.  Barcelona: Melusina.  p. 94

Valery, Paul.  (1998).  Teoría poética y estética. Madrid: Visor.  p. 208

Watzlawick, Paul. (1979). ¿Es real la realidad? Barcelona: Herder.  p. 7-8.

[1] Teólogo, poeta, reverendo metodista y estudiante del Programa de Maestría en Literatura de la UTP.