IRA, CELOS Y DOLOR

Un aprendiz de literatura, una calle oscura y un triángulo amoroso que termina mal, hacen parte de este thriller, construido por los estudiantes de Redacción del Programa de Comunicación Audiovisual y Digital de la Fundación Universitaria del Área Andina, donde la tensión, un funeral y escapar, terminan por ser la alternativa.

 

Por / Redacción CAD – Ilustraciones / Stella Maris

En la mochila de Orlando la policía encontró tres libros: dos novelas y uno de poesía. Su cuerpo apareció tirado en el suelo. Su chaqueta de cuero estaba ensangrentada en la espalda. Un vecino relató que escuchó un tiro y alguien corrió. Era temprano, las 6:45 de la noche.

Era un callejón vacío, más de lo usual, la ruta preferida de Orlando para regresar a su casa. Siempre que pasaba disfrutaba de los colores del carro de frutas y se enamoraba con las promociones de libros en la tienda de segunda mano, pero ¿qué ocurrió hoy?

Esa misma pregunta se hace la pobre madre del difunto quien rompió en llanto apenas le llegó la noticia. Después de unos minutos en los que trata de asimilar el episodio, los criminalistas le realizaron una serie de preguntas rutinarias, pero una en especial timbró en su cabeza por largos segundos… “¿Alguien se acercó a Orlando en los últimos días?”. Respondió con serenidad que había un chico, quien parecía ser su nueva compañía entre los pasillos de aquella tienda de libros, pero como toda madre preocupada había algo extraño en aquel muchacho cuando su hijo se lo presentó.

Al hablar con los criminalistas la madre de Orlando recuerda que el nombre de aquel joven era Lucas. Le recomendaba a veces novelas a su hijo ya que era lo que más le gustaba leer. El señor del pintoresco carro de frutas dice que los vio juntos aquella noche, esto no era extraño ya que sus rutas de camino a casa eran similares. A veces Orlando regresaba con él de la tienda de libros ¿Quién dice que ese día no volvieron juntos? ¿Y si vio qué pasó? Pero entonces, ¿dónde está Lucas y por qué huyó?

Todo parecía brindar un principal sospechoso, así que los oficiales de policía optaron por ir tras la pista de este joven. Al llegar a la casa de Lucas con ayuda del vendedor de la tienda de libros y después de una larga ronda de preguntas, el joven lo resumió en que él no se encontraba con Orlando esa noche, porque habían discutido asuntos de una chica que ambos conocían.

Decenas de coronas floridas, jóvenes vestidos de negro, el coro musical del colegio y la familia de Orlando, llenaron de amargura y frialdad la sala de velación número tres del pueblo.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu…” 

De repente los asistentes miraron a la puerta y un extraño silencio reinó en la sala. Lucas y la mujer ya reconocida por los peritos y familiares como la causante de la pelea entre Orlando y su amigo, entraban directo al ataúd, abrieron la ventana para verlo y pasó algo que dejó más fríos a los asistentes.

Los asistentes miran a la madre de Orlando que se levanta de su silla aturdida por esta intromisión, va directo hacia Lucas y su compañera, y se les atraviesa para evitar que hicieran algo que causara más dolor. Los tres se dirigen a la salida. Allí se encuentran con los investigadores, quienes deciden que lo mejor es interrogar a los testigos para que con la ayuda de Lucas y Camila puedan resolver quién fue el responsable del crimen de Orlando. Pero la mujer se pone visiblemente nerviosa, los dos hombres encargados del caso saben que esto es un indicio de que ella oculta algo y en ese momento se convierte en la sospechosa principal.

— No sabía que mi relación con Orlando traería tal desgracia. ¿O acaso ¿no piensas contar nada de lo que pasó?, le pregunta Camila a Lucas. Él guarda silencio.

Los investigadores interrogan a Camila y ella cuenta la versión de los hechos.

—Lucas estaba enamorado de Orlando, por lo cual fue de gran enfado encontrarse con la noticia de que Orlando había comenzado una nueva relación. Yo era aquella mujer de la que él estaba enamorado — comentó entre lágrimas.

Sin embargo, Camila enfatizó a los investigadores: “En este triángulo amoroso existe otra persona, el asesino”.

El turno de las preguntas ahora era para Lucas, él recuerda aquel día que vio a Orlando le había encantado su fascinación por los libros y la poesía, ambos estudiaban literatura y desde el primer semestre su amistad fue fuerte. Sin embargo, Lucas estaba enamorado de Orlando, él por su parte siempre notaba que su amigo era demasiado amable y cariñoso, aunque nunca sospechó nada de sus intenciones.

Por esa razón, Lucas reaccionó de esta forma al enterarse de que su amigo tenía una relación amorosa con Camila, una chica de segundo semestre, dulce y encantadora, “un buen partido”. Al enterarse de la relación, Lucas sale de su casa disparado como un rayo, sin rumbo alguno, enceguecido por la ira que cada vez se hacía más fuerte. Decide entonces ir a un bar y comienza a beber vodka.

— Que estúpido fui. Les dice Lucas a los dos agentes.

En la narración de los hechos, Lucas decide contar su versión sin omitir detalle alguno y es ahí donde desahoga sus emociones. Invadido por el dolor y los celos, al enterarse de que Orlando se iba a casar, Lucas decide encontrarse con Christian, un amigo y paño de lágrimas, que conoció en uno de los bares gays de la ciudad, los que solía frecuentar en busca de pasatiempos. El problema estaba en que a Christian le atraía Lucas, pero él tenía claro que solo era una aventura, y aunque quería algo estable, Lucas se negó y le aclaró que su corazón le pertenecía a Orlando.

Mientras tanto, Orlando se encontraba avanzando los preparativos de la boda junto a su prometida Camila. La pareja acuerda que Lucas sea uno de los padrinos de la boda, para hacer la solicitud formal deciden organizar una cena con el fin de anunciar su compromiso y pedirle a Lucas que sea uno de los padrinos.

Al recibir tal petición, Lucas lleno de tristeza e ira decide volver al bar gay donde empieza a llorar. En ese momento Christian, que está en el bar, ve a Lucas envuelto en lágrimas y le pregunta:

—Ey, Lucas ¿estás bien?

—¿Te parece que estoy bien? Responde Lucas con sarcasmo.

Christian, al escuchar la respuesta, decide acompañar a Lucas, piden dos tragos y conversan.

Pasan las horas, pasan los tragos, pasan las lágrimas dando lugar a la ira y al egoísmo.

—Quisiera que Orlando pagara por hacerme esto— dice Lucas ya ebrio y tambaleante. Al oír esto, Christian, que estaba locamente enamorado de Lucas, le dice:

—Quizás yo te pueda ayudar con eso.

Lucas llora y relata ante los investigadores que aceptó la propuesta de Christian, que Orlando pagaría por todo lo que lo ha hecho sufrir. Esto fue en medio de los tragos, la ira y los celos. Desde esa noche Lucas no había vuelto a toparse con Christian y tampoco le había tomado mucha importancia a las palabras que le había dicho aquella noche, pensando que solo era una simple promesa que le había dicho para hacerlo sentir mejor. Pero no pensó que aquella noche en que él y Orlando discutirían, sería la última vez que vería a su amigo, y sobre todo cuando se le heló la sangre al leer un mensaje de texto esa misma noche que decía: “Ya pagó”.

Lleno de tristeza y decepción, Christian dice desde las sombras:

—¡No!, ¿es que no lo entiendes?, ¿es que no lo ves? Hice todo lo posible pero solo te fijas en Orlando y aun muerto sigues fijándote en él, eres igual a todos, quieres lo que no puedes tener, haces sufrir a los que te quieren y aprecian. Tú me creaste, gracias a ti asesiné a alguien, vi el mundo de otra forma y quiero que lo pienses bien, perdiste a dos amigos, dejaste a una chica triste, eres un monstruo y no mereces estar aquí.

En ese momento Christian sale de las sombras con un cuchillo, apuñala varias veces a Lucas hasta que lo deja en el piso lleno de sangre y se va sin dejar ninguna pista para que lo encuentren.

Y así termina esta historia, con una chica desolada, dos muy buenos amigos muertos y un asesino creado por el rechazo.

                                                                                                                                         FIN

ariano21@estudiantes.areandina.edu.co