Hay una ternura sencillísima que emerge de este libro. Más allá del título, que resulta demasiado pragmático, Voces de poetas es un inventario de lecturas y memorias que no tiene un orden determinado. El poeta se deja arrastrar por la experiencia como lector, que en este caso es también la experiencia vital, y desnuda en cada caso su visión de la vida (la suya y la de los otros). 

 

Por: Diego Alexander Vélez Quiroz

Repetir que la vida es también una obra de arte supone caer en un lugar común, sin duda. Pero a veces, solo a veces, el lugar común es además una verdad obvia, tan obvia que se torna invisible.

Por eso, quizás el oficio del artista consista en saber ver y re-presentar la belleza simple de la vida, o mejor, la belleza de la vida que, a la larga, es simple, mucho más de lo que nuestro orgullo podría reconocer. Mauricio Peñaranda lo sabe, y ejerce el oficio con paciencia y entusiasmo.

En su más reciente libro, Voces de poetas, Peñaranda hace un inventario de vidas ilustres y su simple pero encantadora miseria. El libro inicia con la voz de María Zambrano y termina con la de Carlos Drummond de Andrade, entre ambos hay 49 escritores que, de forma enternecedora, nos hablan desde la muerte a través de la palabra del autor pamplonés.

Mauricio Peñaranda es poeta, cuentista y novelista, nació en Pamplona y hace dieciséis años vive en Pereira. Su libro Voces de poetas fue premiado recientemente en el concurso que organiza anualmente el Instituto Municipal de Cultura de Pereira; es una compilación de voces que desde la muerte, ese otro territorio del exilio,  busca apalabrar la vida que mediante la voz de Tomás Eloy Martínez (cada poema es un nombre ilustre) se resume en una convicción: la vida es solo una extensa pesadilla de la muerte.

Hay una ternura sencillísima que emerge de este libro. Más allá del título, que resulta demasiado pragmático, Voces de poetas es un inventario de lecturas y memorias que no tiene un orden determinado. El poeta se deja arrastrar por la experiencia como lector, que en este caso es también la experiencia vital, y desnuda en cada caso su visión de la vida (la suya y la de los otros). Parece ser un libro sobre la muerte, pero hay algo más. Pienso que en verdad es otro libro sobre la soledad, aunque en este caso es una soledad insalvable: la de la muerte; en eso consiste su amarga ternura.  

Francisca Sánchez –le hace decir Peñaranda al poeta Rubén Darío–, en esta soledad definitiva espero tu piedad, aquel bastón que fuiste, tu abrazo incondicional en la derrota. A esa ternura me refiero. Desde la muerte, las voces no se limitan al tono derrotista y siempre decadente de los muchos poemas sobre el tema. No, en Voces de poetas la muerte es un lugar desde el cual la vida se puede ver sin pesares o, cuando menos, con la certeza de que es un camino concluido. Tal postura demarca un tono de extraña nostalgia en el que cada poema revive un episodio, una relación, una obra o una angustia de la vida perdida. Luego de semejante inventario queda un regusto a derrota, una especie de autocomplacencia en la que la soledad, ese monstruo, resulta ser el último y obligado refugio. Al final, cuando todo termina –parece decirnos el poeta–, no podemos conformarnos con la soledad, pero no hay nada más que eso.

Sí, Voces de poetas es un poemario simple. Sus temas, la soledad y la muerte, no podrían ser más comunes. Pero justo en eso radica su belleza, en la claridad de lo simple. El poeta evita de manera consciente los artilugios de la poesía contemporánea, aquellos que vaciaron de sentido a algunas vanguardias. En cambio, ofrece un placer mucho más difícil, cada poema es una alusión (la alusión en la poesía es un arte difícil) a la vida y obra de un poeta. Luego de leer el libro de Mauricio Peñaranda uno se siente obligado a leer la obra y la vida de cada uno de los poetas mencionados, nada sencillo cuando el índice recoge nombres tan diversos como los de Gustav Flaubert, Malcolm Lowry, María Zambrano, Susan Sontag, Neruda, Ambrose Bierce, Wislawa Szymborska y otros tantos.

No quiere decir esto que estemos ante una mole académica inabordable, nada más lejano a eso. Voces de poetas  es un libro directo y honesto: No hay héroes –dice el poema Onetti–, sólo una masa de fracasados irredentos que no se arriesgan a contemplarse en las aceras.

En fin, tomando distancia y siendo caprichoso, solo encuentro una falta en el nuevo poemario de Mauricio Peñaranda: no hay un poema sobre la vida de Cervantes.