Mauricio Ramírez Gómez obtuvo la distinción de tesis laureada al presentar su trabajo El creador y su medio, una lectura de la obra de Lisímaco Salazar, otorgada por la maestría en Literatura de la UTP. Esta investigación aborda la producción literaria durante la primera mitad del siglo 20 en Pereira y aporta luces sobre esa movida intelectual que sigue en penumbras a la espera de nuevos investigadores. Segunda parte mañana.

 

Mauricio Ramírez Gómez. Fotografía / Diego Valencia

Por: Antonio Molina

¿Cómo nació la idea de hacer este trabajo?

La motivación original es que a mí me empezó a llamar mucho la atención que cuando yo leía antologías literarias o estudios sobre literatura colombiana, estudios críticos, compilaciones, etcétera, realmente encontraba en algunas de ellas a autores pereiranos, pero no encontraba nombres indiscutibles, entendiendo por indiscutibles nombres que siempre tuvieran su lugar ganado en esas antologías. Obviamente, esto genera una pregunta y es hasta dónde nuestra literatura, las obras literarias producidas por nuestros escritores, son tan buenas o si es que realmente no se conocen.

A partir de esa inquietud básica, yo propuse un proyecto al Instituto Municipal de Cultura y Fomento al Turismo en el 2012 para la Convocatoria de estímulos. En ese estudio lo que buscaba inicialmente era como rastrear textos críticos sobre libros de escritores pereiranos en la prensa sobre todo local.

Hice una primera pesquisa que me sirvió para empaparme de una época y sobre todo empezar a conocer una serie de nombres. Entre esos nombres estaba Lisímaco Salazar. Gracias a una muy feliz coincidencia apareció uno de sus libros, que se llama Pedacitos de historia, en el año 2013, y en una minga de la que participamos varias personas como José Fernando Marín, Adriana Carrillo, Joel Valencia, Ricardo Montoya, y en otra instancia, también con Jaime Ochoa y la familia de don Lisímaco, logramos sacar dos libros más.

Hice una primera pesquisa que me sirvió para empaparme de una época y sobre todo empezar a conocer una serie de nombres. Entre ellos, Lisímaco Salazar. Fotografía / Cortesía

Además, el instituto creó una categoría nueva en sus concursos literarios que se llama “Premio publicación obra inédita autor fallecido” y resultó que el primer ganador era don Lisímaco con un libro de cuentos.

Es decir, que en un lapso de dos o tres años un escritor que solo había publicado un libro en vida, en sus 80 años de vida, logró dar ya fallecido tres libros a la imprenta que han servido afortunadamente para que la ciudad reconozca en él a uno de sus escritores. Entonces esa fue como la génesis y luego decidí emprender el trabajo de maestría en literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP).

 

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De esa inquietud y ya con un camino recorrido de más o menos dos, tres años, el profesor Carlos Castrillón me provocó a continuar explorando esa veta y ahí es donde se da, no solamente este trabajo de ahondar en la vida de Lisímaco Salazar, sino sobre todo ahondar en las circunstancias o las instancias que sirvieron para la circulación de la literatura entre 1905 y 1965.

 

¿Por qué cree que la literatura y la producción editorial local no tienen tanta resonancia como se esperaría o como se desearía?

Tengo como dos hipótesis. Una es que los escritores pereiranos son, sobre todo los de esa época, hasta la década del 70, escritores en su mayoría de periódicos y revistas. Es decir, algunos lograron dejar un libro, dos libros, pero realmente no tenemos obras completas porque esos libros y la trayectoria de esos escritores se dio fundamentalmente en periódicos y revistas.

Entonces eso no permite tener un panorama sobre las obras de esos escritores y a eso le podemos sumar también una situación que yo planteo en la tesis y es que nosotros tenemos una especie de complejo en la literatura en Pereira y eso nos lleva a pensar que lo único bueno que ocurre aquí viene de afuera y también nos lleva a creer que el vecino, es decir, el otro escritor, el amigo, el conocido, en fin, el creador que está ahí enseguida de nosotros es incapaz de concebir una gran obra; pero al mismo tiempo estamos reclamando permanentemente reconocimiento para lo que nosotros hacemos como escritores. Entonces eso ha generado una especie de antropofagia que hace que sea imposible también ponerse de acuerdo sobre algunas obras o sobre algunos escritores para poder empezar a proyectar eso a nivel nacional, porque es claro que la gran conclusión es que nuestra producción literaria para ponerlo en esos términos no ha circulado a nivel nacional.

No solamente en Bogotá sino en las otras ciudades, entonces nuestros escritores no son reconocidos, el de mayor fama es Luis Carlos González y fundamentalmente lo es porque sus obras, como él mismo se lo dijo al poeta Luis Fernando Mejía, logró imprimirlas en tiple, es decir, que se volvieron música, si no hubiera sido muy difícil que a Luis Carlos González lo conocieran.

Para imprimir libros se requería tener el capital para poder que esas imprentas trabajaran solamente (en un libro) por uno o dos meses. Fotografía / Carlos Drews / Portafolio Cultural

¿Por qué esos autores sí tenían libros, pero no lograban publicarlos? Por ejemplo, Lisímaco Salazar, que en vida publicó uno, pero ya van tres libros publicados después de su muerte y posiblemente haya un cuarto libro, por lo menos

Hay una circunstancia que fue muy marcada, sobre todo hasta la década del 60, porque en Pereira hubo imprentas, muchas para la cantidad de población que tuvo la ciudad; en los años 20 la ciudad tenía alrededor de 50 mil habitantes y había 3 imprentas. Eso es bastante para una ciudad pequeña; pero eran imprentas que fundamentalmente imprimían periódico, porque para imprimir libros muchas de esas imprentas eran imprentas de tipos. Para imprimir libros se requería tener el capital para poder que esas imprentas trabajaran solamente (en un libro) por uno o dos meses, lo que se pudieran demorar la impresión de ese libro al servicio de un escritor y eso solo era posible si usted tenía gran capital.

Una de las grandes conclusiones también del trabajo es que nuestros escritores, en su mayoría, salvo un par de excepciones, no han sido personas adineradas, entonces no tuvieron el capital suficiente, y aún ahora no lo tienen para lograr imprimir, besa fue una situación que más o menos se mantuvo hasta la década del noventa y tal vez la primera década del siglo 21.

Hoy yo sí creo que es mucho más fácil imprimir o dar a conocer por lo menos las propias creaciones, pero yo creo que hay que tener en cuenta ese atenuante porque estas personas podían escribir mucho, claro, pero no disponían del capital necesario y además el contexto institucional que hoy existe no existía en la época, como los concursos literarios y otros espacios que facilitan la publicación.

La primera imprenta que llegó a Pereira lo fue en 1904, la trajo Emiliano Botero. Fotografía / Manuel García / Portafolio Cultural.

Hay imprentas que marcaron referentes, como la Nariño, ¿qué papel cumplieron las imprentas y cuáles fueron las más importantes?

La primera imprenta que llegó a Pereira lo fue en 1904, la trajo Emiliano Botero, y hay que tener en cuenta, además, que la primer imprenta llegó a Manizales en 1872-74, es decir, por lo menos 30 años antes de que llegara a Pereira y obviamente una imprenta marca también un desarrollo en términos de la literatura muy importante.

Don Emiliano trajo esa primera imprenta en la que se imprimió el periódico El Esfuerzo y tal vez algunas otras cosas, pero yo sí creo que la imprenta más importante que tuvo la ciudad en esa primera época, bueno, además de Variedades de Emilio Correa que está fuera de concurso, por la misma importancia del periódico, yo creo que es la imprenta Nariño, sobre todo porque la imprenta Nariño cumplió la función que cumplían las imprentas en esa época: primero eran espacios donde se reunían los escritores porque iban a entregar sus escritos y porque muchos tenían periódicos, entonces era un sitio de encuentro y de tertulia de los escritores; también era importante porque las imprentas vendían libros, es decir, las imprentas y las misceláneas fueron los primeros lugares donde se vendieron libros en Pereira, y tercero, eran espacios donde se podía leer, donde se podía estar actualizado sobre lo que estaba ocurriendo a nivel regional y nacional en términos de literatura, porque por canjes, por los periódicos que se publicaban en esas imprentas, llegaban periódicos de otras ciudades, de las capitales o de los pueblos y eso permitía que los escritores estuvieran al tanto de lo que estaban haciendo sus semejantes en otras ciudades.

Además, seguro les permitía intercambiar poemas, por ejemplo, de autores extranjeros y esto para alimentar sus propias publicaciones. Entonces las imprentas juegan un papel muy importante en la construcción de lo que uno podría llamar sociabilidades literarias.

En el caso de la imprenta Nariño hay un elemento adicional y es que la Imprenta Nariño sirvió como espacio para la impresión de muchísimos periódicos en la región, eso es constatable, entonces yo creo que valdría la pena iniciar un ejercicio de rastreo de lo que significó esa imprenta Nariño que llegó a Pereira en 1909 y permaneció funcionando hasta comienzos de la década del 20, porque ahí hay un capítulo bien interesante sobre la historia intelectual de Pereira.