El arrayán libertario: un relato arbóreo de la simbología independentista

 

“Planto aquí el árbol que nuestros enemigos arrancaron con crueldad de este mismo lugar”.

Fragmento discurso de siembra del Árbol de la Libertad de 1816 en Funza, Cundinamarca.

 

Realiza / Felipe Osorio Vergara

Ilustra / Daniela Rios Henao

 

La ciudad no había sido tomada. Aunque doblados en número, el ingenio de los centralistas santafereños, dirigidos por Antonio Nariño, había surtido efecto: los federalistas de Antonio Baraya estaban derrotados. La Batalla de San Victorino del 9 de enero de 1813 marcaba el desenlace, al menos temporalmente, de las luchas fratricidas de la Primera República, período más conocido dentro de la historiografía nacional y los libros de texto como la Patria Boba.

Nariño había apelado al juego simbólico y a una serie de triquiñuelas para vencer a las Provincias Unidas de la Nueva Granada (federalistas). Había interceptado la correspondencia de los federales y había logrado dividir sus fuerzas, para así debilitar el ataque sobre Santafé de Bogotá. Además, había vestido a su hija como la virgen María, después de regar el rumor en la ciudad de que la mismísima Madre de Cristo estaba del lado de los centralistas. Luego, para completar la trampa, su hija disfrazada encendió la mecha de uno de los cañones y llenó de moral a los santafereños combatientes, y de temor a los soldados federales.

“Nariño entendía la importancia de los símbolos, de ahí que en la Batalla de San Victorino utilizara a su favor el fervor religioso de las clases populares poniendo de comandante general de las tropas de Cundinamarca a Jesús Nazareno, y a su hija vestida como la virgen”, señaló Ernesto Campos García, académico y secretario de la Academia de Historia de Cundinamarca.

Después de la Batalla y firmado el acuerdo, Nariño recurrió a otro símbolo, esta vez para representar la paz entre los dos bandos y el nuevo régimen que estaba floreciendo con la independencia: el Árbol de la Libertad.

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Visualiza en la cartilla ilustrada a continuación una crónica del Árbol de la Libertad sembrado en 1813 en Santafé de Bogotá.

Se desconoce si la especie o variedad del árbol fue un factor que se tuvo en cuenta a la hora de plantar Árboles de la Libertad. Es posible que la elección del árbol no fuera al azar, sino que se buscara que el árbol fuera también un símbolo per se, por ejemplo, sembrar el olivo para representar la paz o el arrayán para simbolizar la flora nativa.

Nótese la recreación que se hace de la siembra del Árbol de la Libertad de 1813.
Fragmento del quinto capítulo de la serie documental Crónicas de una generación trágica, emitida en 1993. Tomada de RTVC. 

 

Conoce en este podcast la simbología detrás de este relato arbóreo de la Patria Boba.

Los últimos Árboles de la Libertad
Árbol de la Fraternidad Americana.
Fotografía / Felipe Osorio Vergara.

El 5 de octubre de 1851 el presidente de aquel entonces, José Hilario López, ordenó que se plantara una ceiba en el parque principal de Gigante (Huila) para celebrar la abolición de la esclavitud en el país. Desde entonces, se conoció como la Ceiba de la Libertad, antes de que se desplomara el 21 de mayo de este año.

Cabe resaltar que, en el jardín de la Casa Museo Quinta de Bolívar, en Bogotá, se encuentra un cedro de tierra fría que simboliza la “fraternidad americana”. Fue plantado en 1946 con tierra de quince países del continente: Brasil, Bolivia, Cuba, Costa Rica, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Haití, Honduras, Nicaragua, México, Perú, Venezuela, Puerto Rico y Colombia.


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