Por Antonio Molina

Eduardo López Jaramillo fallece en un día como hoy hace 16 años. Acababa de ganar quizá el único premio literario de su vida: el XIX concurso anual de novela “Aniversario ciudad de Pereira”. Una muy buena noticia para alguien que llevaba varios años sufriendo traspiés de todo tipo, sumiéndolo en un alejamiento que lo llevó casi al autoexilio en su apartamento del último piso de un edificio ubicado en Álamos.

Allí vivía, con el apoyo incondicional de sus hermanas y de un selecto grupo de amigos que supieron rodearlo en esos momentos difíciles que anticiparían su temprana desaparición el 12 de marzo de 2003, a los 55 años de edad, cuando llenaba su mesa de trabajo con varios proyectos para libros que quedaron en punta, a la espera del aliento de su gestor. De esos proyectos, se han publicado de manera póstuma hasta el momento dos obras: Cuando escuches de grandes amores (ensayos, 2014),  Noche de cada noche (suma poética, 2015) y Glosas de ver pasar (ensayos y crítica, 2017).

El 15 de diciembre de 2002 fue publicada la novela ganadora Memorias de la Casa de Sade, la cual fue presentada casi de inmediato en el teatrino del Santiago Londoño. A partir del interés por el asunto central de la novela, la figura del marqués de Sade, el autor recibió al entrevistador en su apartamento el 26 de diciembre, donde la formalidad del encuentro quedó relegada para devenir en una amable charla alrededor de una botella de vino. Luego de permanecer inédita, hoy se publica aquella entrevista.

¿Por qué Sade no se ha enseñado en las universidades? Y muy ligado con esta pregunta, ¿por qué divulgar su obra?

Hay algo muy sintomático y es que Sade fue siempre un proscrito. En vida estuvo treinta años en prisión. Lo fue durante el Antiguo Régimen, en los reinados de Luis XV y Luis XVI; perseguido durante la Revolución, a pesar de que fue en esta época, saliendo de la Bastilla, cuando logró publicar sus libros. Y lo fue también durante el Consulado, porque Napoleón decidió meterlo al manicomio, en Charenton. En vida, no hizo parte del mundo, y después, las obras hicieron que todos los poderes lo consideraran un enemigo: el político, el religioso, la moral y las costumbres y, sin duda alguna, la justicia. Pero miremos lo grave: esto no ha cambiado, en 250 años. Si un personaje tiene esas características indudablemente es un hombre importante e interesante. Tal vez por esa razón me ha gustado trabajar sobre el Marqués de Sade, como en general con los heterodoxos, los que se rebelan, los que no están de acuerdo con la línea general de la sociedad.

Hay que tener en cuenta que la obra de Sade, todavía muy mal conocida, inclusive en francés –porque, por ejemplo, en 1980, más o menos, cuando Jean Coubert comenzó a publicar su obra provocó líos judiciales, hasta que finalmente ganó la batalla–. Todavía hoy, en este esclarecido siglo, sigue siendo perseguido. ¿Por qué? En prisión decidió contar todo lo que sabía del libertinaje aristocrático: fue una denuncia de la cual todavía no se recupera, a pesar de que fue un gran filósofo. A mi juicio el más importante de ese momento, rico en filosofía: Voltaire, Rousseau, por no citarlos si no a ellos, los más conocidos. Me parece que el Marqués de Sade es el más actual e importante, porque su tema fue la arqueología del mal; tratar de comprender qué es la maldad y cómo se manifiesta en la vida del hombre. Ahora, sin ese conocimiento del mal no hay conocimiento del hombre. A pesar de ser el más importante filósofo no se enseña en las universidades, porque, al final y al cabo, cada vez más, son parte del sistema. Lo representan. Sade es todo lo contrario al sistema. Sin embargo, en la Universidad Tecnológica de Pereira van a dictar un curso sobre su obra, en la facultad de Filosofía. Algo inverosímil. Eso no se había visto.

 

¿El delito de Sade, como filósofo, fue haber pregonado que todo viene de la naturaleza y que nada es antinatural?

El concepto de naturaleza en Sade no es el mismo que el de los filósofos del iluminismo, para los cuales la naturaleza es la creación entera y como tal, benéfica. Para Sade la naturaleza es un enemigo del ser humano, porque se expresa a través del terremoto, las catástrofes, los maremotos; siempre está en contra de él. El destino del hombre es trágico en medio de las fuerzas naturales. Es un ser indefenso. Entonces, el concepto de naturaleza no se corresponde con el de los filósofos de la ilustración. Es el anti-Rousseau.

 

¿Fue ateo o fue un anticristiano?

Siempre impugnó la noción de divinidad, porque era muy consciente de que los dioses han sido un invento de los hombres. Pero, al mismo tiempo, esa noción de divinidad era importante porque era algo que había que transgredir. Por ejemplo, los grandes libertinos de Sade son una sumatoria sacrílega donde el libertinaje que ejercen ocurre añadiéndole elementos maléficos y diabólicos. Pero fundamentalmente es un ateo.

Yo considero que se inspiró en la reina Isabel de Baviera, reina de Francia durante el Renacimiento. Fotograma / Quillers

Grabado incluido en una edición clandestina de Juliette, alrededor del año 1800.

En Juliette, al personaje homónimo le preguntan si cree en un ser superior, y responde, aquí hago un ejercicio de memoria, más o menos: “Yo creo en la naturaleza, suprema hacedora”. ¿Es Sade hablando a través de Juliette?

Muchos escritores han dicho que Sade es Juliette. Es la más elaborada de todos los personajes. Yo considero que se inspiró en la reina Isabel de Baviera, reina de Francia durante el Renacimiento. Uno de los capítulos de mi libro, la novela[1], está dedicado a ella.

 

Volviendo a la filosofía de Sade, alguien dijo que tal vez si Sade hubiese sido conocido, es decir, su obra, aunque no fuera aprobada, se hubiera evitado momentos muy trágicos de la historia humana del siglo xx, como el fascismo. ¿Qué cree?

Es posible. Aun si somos conscientes, uno va conociendo al ser humano, su enorme capacidad para el mal y, finalmente, no importa la visión de ningún filósofo respecto al mal para cometerlo. Lo que hace Sade es presentar las facetas más oscuras, más tenebrosas, las que figuran en las cavernas del subconsciente, pero no sé si el conocimiento de esas cosas hubiera evitado los campos de concentración, o los 60 millones de muertos. No creo.

 

En Las lágrimas de Eros, de Bataille, se dice sobre Sade que había logrado “abrir la conciencia a la representación de lo que el hombre es verdaderamente”

Es cierto porque lo que el hombre es, verdaderamente, no es ideal. Esto, al fin y al cabo, corresponde al mundo de las ideas, de los sueños, pero no son la realidad. En cambio, la capacidad de crueldad del sadismo: eso sí es una condición humana universal.

 

¿Sade es pesimista respecto al ser humano?

Generalmente los grandes filósofos son pesimistas. No creo que el optimismo haya producido filosofía importante [risas].

 

¿Sade sería un libertino como él se proclamaba o más bien sería un defensor de la libertad humana?

Fundamentalmente ambas. El libertino, en el siglo XVIII, es un defensor de la libertad. La libertad del hombre frente al cesarismo de los reyes, frente a las coyundas morales y religiosas. El libertino busca desprenderse de las cadenas de la sociedad; en el pensamiento, pero también como una manera de actuar, afirmando su estadía en la sociedad, manifestándose a través del placer, buscando su realización. Entre más perverso sea, mejor.

Fotograma de Saló o Los 120 días de Sodoma, película de Pasolini inspirada en la obra de Sade.

El termino sádico, que surgió en Alemania en el siglo xx, ¿cree que es correcto?

El hecho de que lo acusen de ser sádico ha contribuido a su vigencia. Seguramente no descuartizó a ninguna muchachita. No fue un criminal. Pero la descripción que hacía de los actos más atroces ocasionó que lo terminaron asociando directamente con ellos. Aunque es un sofisma. Pero sin duda le ha dado relevancia tanto a su figura como a su pensamiento. ¿Has leído Las 120 jornadas de Sodoma?

 

Una parte, nada más… vi Saló, de Pasolini. Tengo entendido que perdió los manuscritos en la toma de Bastilla, ¿cómo fue la historia?

Muy extraño, porque Sade sabía que estaba haciendo una obra maestra, única. Él mismo lo dice. Sabía, además, que con frecuencia llegaban los Inspectores de Prensa a decomisarle los manuscritos. Porque si había un libertino en Francia era Luis XV, que se solazaba cuando se los leían: eso explica el estilo suntuoso del Marqués. Tan difícil de traducir. Él sabía que estaba escribiendo para él. Pero esta obra, de todas maneras, quiso salvarla y entonces la escribió en un pequeño rollo de papel, que podía esconder fácilmente entre sus ropas. Sade había salido tres días antes del hecho de la Toma. Fue trasladado a Charenton, a consecuencia de su comportamiento, pues se cuenta que, desde una de las torres, animaba a las multitudes, hasta que las autoridades decidieron sacarlo en la noche y llevárselo al manicomio. El 14 de octubre, cuando la turba se tomó la Bastilla, lo que la gente encontró fue la celda donde había pasado tantísimos años, en soledad, un lugar que, no obstante, era confortable, porque era una celda grande, curiosamente en la Torre de la Libertad, que ocupaba casi todo el piso. Allí tenía un escritorio y la biblioteca, muebles elegantes, alfombras y retratos; todo cayó en manos de la multitud. Pero, por ahí, estaba el rollito, con letra muy fina, que con el paso del tiempo fue a dar con un anticuario de Alemania. Allí lo descubrió un psiquiatra y se lo compró. Con lupas y demás, empezó a ver que era una obra importante. Acudió a un especialista en Sade, que viajó hasta allí y compró Las 120 jornadas de Sodoma.

Otros de los grabados empleados en los libros de Sade.

Se dice que Lord Byron y Sade son los precursores de la modernidad literaria. Creo que lo afirma Saint-Beuve…, ¿qué piensa?

No sé muy bien en qué consiste la modernidad, ni creo que la modernidad sea tan importante, porque en realidad es un deterioro de los grandes valores de la cultura. Es lo light, lo fácil, lo que no exige dedicación ni esfuerzo. La modernidad es, por ejemplo, el rechazo del pasado, creer que el pasado no tiene valor, que lo único que importa es el presente y el futuro…

 

Pero, ¿cómo pudo haber sido leído Sade por los autores del siglo XIX victoriano, así sea subrepticia, subterráneamente? ¿No cree que en él hallaron parte de esa modernidad? Estoy pensando en Baudelaire.

Ha ejercido una influencia muy grande entre las grandes personalidades que lograron conocerlo. Subterráneamente, como tú dices, porque nunca ha podido encontrarse con el gran público. Está satanizado, pero en la literatura sí ha influido. No sé hasta qué punto Baudelaire haya podido conocer a Sade. Pero si recordamos que fue leído por los ingleses, tal vez, a través de ellos, Baudelaire sí lo conoció. Pensando en escritores, hay uno muy cercano a Sade, Lautréamont; incluso hay un ensayo que se titula Lautréamont et Sade. Más adelante, el gran precursor de la literatura francesa del siglo xx, Apollinaire, se encargó de publicar a Sade. Podríamos decir que sí, en efecto: su influencia ha sido muy grande, aunque muchos no lo reconocen en público.

 

Ahora hablemos de la relación de Sade con el teatro.

El teatro fue para Sade una gran pasión. Desde niño, desde que estuvo en el colegio de los jesuitas, su más grande pasión de todo lo que le enseñaron tuvo que ver con el teatro. Estos religiosos, particularmente en aquélla época, le daba mucha importancia al trabajo teatral de sus alumnos. Sade llegó a convertirse en empresario teatral. En la Provenza llegó a tener un grupo de actores bajo su dirección, que representaron obras tanto en el Castillo de Lacoste como en el Palacio de Mazan. La cúpula era invitada a presenciar las obras que presentó Sade. Mucho más adelante, ya viejo, viviendo sus últimos años en Charenton, con los locos del hospicio, organizó un famoso grupo de teatro que la aristocracia de París solía ver en escena.

Hay una obra de teatro de Peter Weiss donde se cuenta su faceta como director teatral. Fotografía / “Marat/Sade” en Virginia Museum Theater.

Eran muy activos…

Hay una obra de teatro de Peter Weiss[2] donde se cuenta su faceta como director teatral. Él montaba obras propias y también de otros autores. El teatro era para todos estos aristócratas un entretenimiento. Generalmente en castillos y palacios había teatros de cámara, donde ellos mismos asumían el papel de actores. Era todo un teatro de la crueldad. Mucho más importante que el de Antonin Artaud, porque cuando se trataba de un personaje que debía morir, entonces estos reyes, el príncipe o el ministro escogían un prisionero para representar ese papel, prometiéndole la libertad; pero era asesinando, realmente, en escena.

 

¿Y Sade consentía eso?

Sí, la sociedad toda era sádica. Así sigue siendo. No ha cambiado

 

Pero parece haber una contradicción porque Sade durante el tiempo de la Revolución, parte de su aceptación inicial y después su caída en desgracia, tuvo que ver con su oposición a los asesinatos, rechazando tal barbarie como consecuencia de una república.

La realidad siempre sobrepasa a la imaginación. Sade había escrito las novelas más tenebrosas y más sangrientas jamás conocidas. Lo hizo desde las prisiones. Pero en el momento de salir a la luz lo que encontró fue el Terror. Una verdadera carnicería humana producto de la Revolución Francesa. Hasta el punto de que se sintió dégoûté (asqueado) de ese derramamiento de sangre tan inaudito. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en las prisiones de París se encerraban cien o doscientos aristócratas, hombres y mujeres.  Un buen día dieron la orden de entrar y matarlos a todos. Los asesinos tomaron primero aguardiente con pólvora y, cuando ya estaban borrachos, entraban prácticamente desnudos a acabarlos de todas las maneras posibles. La sangre era tanta que la desnudez era un acto premeditado para no mancharse los vestidos.

 

Había pasado…

Sí, a pesar de que Sade había imaginado todo eso.

 

Él decía que había imaginado muchas cosas, pero que pocas de ellas se habían realizado… ¿Qué papel pudo haber jugado, después de haber caído en desgracia, Constance, el ama de llaves, en la vida del Marqués?

Constance, sí. Fue para Sade un gran amor. Un amor de la madurez. Ella también era actriz. Aspiró a que sus obras fueran representadas por el teatro francés. Algunas lo lograron en París. Constance se convirtió en su amante. En cierta ocasión logró salvarle la vida, porque alguna vez lo internaron en la prisión de Picpus. Todo el que era internado allí era porque iba a ser decapitado, sufriendo la guillotina. Ella logró sacarlo de ahí impidiendo que lo asesinaran. Sade siempre se sintió muy conmovido, le manifestó su agradecimiento de muchas formas, incluso económicamente, y ayudándole en la crianza de su hijo.

Eduardo López Jaramillo durante una presentación de la revista Luna de locos. Foto / Cortesía

Haré un paréntesis para dos preguntas personales. Primero, ¿en este contexto, en este siglo, en esta sociedad, usted no se siente como tal vez se sintió Sade en la suya?

Haber. Yo soy muy consciente de que soy un intelectual. Nunca hemos sido bien vistos por la sociedad. Una persona que pueda pensar en lo que está ocurriendo, no es querida por los poderes estatuidos, entonces, los temas que escogí para mis trabajos tampoco son temas oficiales. Divulgar, por ejemplo, la obra de Cavafy, es ir contra la corriente. Y no sé si ahora la obra sobre el Marqués de Sade pueda enajenarme de mucha gente, pero son riesgos que hay que correr cuando se quiere hacer un trabajo importante. De todas maneras, uno se da cuenta que está tocando temas candentes que no son del dominio público, y que no deben ser del dominio público. Ahora, ¿eso acarrea una persecución? Es posible. Aunque casi siempre solapada. Yo siento que he encontrado muchos enemigos a lo largo de mi vida, a los cuales no les ha gustado lo que yo hago, lo que escribo, lo que he pensado, ni lo que he enseñado; pero que no dan la cara, no atacan directamente, sino siempre escondidos en una especie de oscuridad, de tal manera que uno no distingue los brazos que lo están hiriendo.

 

Y esas críticas, ¿han sido útiles? ¿O más bien han sido obstáculos?

Son más las dificultades que lo útil, porque me tocó trabajar en un medio lleno de prejuicios, como es el magisterio. El profesor es el encargado de domesticar a sus alumnos, volviéndolos aptos para vivir en sociedad, defendiendo los valores establecidos; entonces un profesor que no hace estas cosas encuentra muchas dificultades. En mi vida profesional encontré muchos prejuicios, todavía hoy, cuando ya no pertenezco al magisterio. Se me mira allí con mucho recelo.

 

Una última pregunta. ¿Cuál es el gran delito de Sade para merecer la vida desgraciada que soportó?

Es una pregunta muy importante. La respuesta a esa pregunta está en la infancia del Marqués. Sade fue criado con el príncipe de Condé, que era uno de los aristócratas más importantes de Francia, primo del rey, de una familia muy poderosa. Fueron compañeros de infancia. Pero en alguna oportunidad cuando este niño jugaba con su juguete, Sade se lo arrebató y no sólo eso, sino que lo castigó. Haber agredido, así fuera en la inocencia, a una alteza real, no tiene perdón: nunca. Allí perdió el favor de los Condé. Y de paso del rey. Entonces el más antiguo gesto de Sade fue ése, precisamente. Y, además, en seguida, haber conocido demasiado íntimamente en qué consistía el libertinaje de su grupo social, de la aristocracia europea. Porque a pesar de que logró mantenerse un poco al margen y no participar directamente, sí conocía lo que estaban haciendo y eso fue un testimonio que nos legó, hasta hoy. En la medida que una va conociendo el tiempo en el que vivió y los personajes de la época, empieza también a identificarlos como seres históricos. Por ejemplo, Saint-Fond, un personaje de Juliette, necesariamente fue un ministro durante el reinado de Luis XV, y así con otros grandes señores disimulados con otros rostros en sus obras. Pero los lectores de entonces los identificaban fácilmente.

La novela que escribí describe la época, los personajes de esa realidad, los sitúa en la vecindad del Marqués; ¿quién era, para poner otro ejemplo, el príncipe de Condé? Fue muy poderoso cuando dominó Francia durante la minoría de edad de Luis xv. Un día, bástenos el ejemplo, decidió acabar con la pobreza absoluta. Y entonces le ordenó a la policía que exterminara a todos los mendigos…

 

Pero cuál es, en últimas, el gran delito de Sade. Porque fue perseguido por el Imperio, después, durante la Revolución e, incluso, aún en el siglo xix, cuando ya había muerto. ¿Cuál es su delito, constatado en la persecución cuando ya había pasado su siglo?

El haber revelado cómo está constituida la sociedad; qué es la enorme mentira de la sociedad humana. Ese delito es suficiente para ser perseguido durante siglos.

*Agradezco la paciencia y las transcripciones comparadas realizadas por Kevin Marín Pimienta y Gustavo Osorio.

 

Notas

[1]Se refiere a Memorias de la Casa de Sade. Novela de Costumbres, Pereira, Editorial Gráficas Olímpica, 2002.

[2] Se refiere a la obra de 1964, Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat. Representado por el grupo teatral del Hospicio de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade.