El Toro más alegre de la salsa

Como una incómoda maldición interpreta el hecho de tener que aprender todas las partituras y notas musicales en posición opuesta, debido a su dificultad para interpretar el cuatro con su mano derecha. Pero con el tiempo, ese incómodo maleficio se transforma en uno de sus principales atractivos a la hora de ver sus presentaciones en vivo, al ir en dirección contraria al resto de músicos.

 

 

Por: Juan Manuel Taborda A.

“¡400 libras de sabor en el escenario!”, esta es la frase que dice una de sus más queridas colegas Celia Cruz, en un concierto en Caracas, Venezuela, en el año de 1986. De inmediato sale un pequeño hombre tocando un instrumento parecido a una guitarra. Los cuerpos de los espectadores se movían al ritmo de aquellas cuerdas que a todos tenían admirados. Instantáneamente los asistentes al evento felicitan a este hombre de baja estatura por su increíble interpretación del cuatro cubano. A medida que cesan los aplausos, Johnny Pacheco incorpora toda la orquesta al ritmo de aquel pequeño hombre, que en su particular sombrero oculta un poco su calvicie.

Después de un par de interpretaciones musicales los artistas parecen entrar en un estado de euforia, algunos dejan sus instrumentos musicales, comienzan a bailar, y de nuevo todos los asistentes parecen enloquecer. Después de una noche de intensa salsa, las congas y el cuatro dan apertura a su última interpretación. Luces y la mejor orquesta de salsa de la historia, ¿que más podían pedir los asistentes aquella noche en Venezuela?

Más que describir un artista, más que ver lo que hizo, es ver cómo lo hizo. En parte contado por sus propias palabras, mostrar que un comportamiento ejemplar y un poco de carisma pueden ayudar a una persona a sonreír, sonreírle a la gente y a la vida.

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El aficionado a la timidez

Víctor Guillermo Toro Vega, o más conocido en el mundo artístico como Yomo Toro. Un hombre de baja estatura y alto carisma. Su padre y tíos trabajaban en el ingenio azucarero de Guánica, Puerto Rico. Y entonces los fines de semana se juntaban. Les decían Los Gallos, y ellos no eran profesionales pero tocaban un poco de música. Su padre tocaba el cuatro, un tío la guitarra, otro la flauta, otro clarinete, tocaba cada uno a su forma, fue aquí donde nació su interés por la música, en especial música portorriqueña.

Desde su infancia el que parece ser un obeso tímido, tiene su primera dificultad con la música, por primera vez se pone a prueba su interés por el arte. Como una incómoda maldición interpreta el hecho de tener que aprender todas las partituras y notas musicales en posición opuesta, debido a su dificultad para interpretar el cuatro con su mano derecha. Pero  con el tiempo, ese incómodo maleficio se transforma en uno de sus principales atractivos a la hora de ver sus presentaciones en vivo, al ir en dirección contraria al resto de músicos.

A pesar del creciente interés por la música, su timidez causó un retraso en su afianzamiento en el arte. Con humor cuenta: “Mi padre cuando llegaba de tocar con mis tíos en bailes los fines de semana, colgaba su cuatro en una pared de la pieza principal, y yo iba y lo tocaba sin que nadie me viera”. Yomo tocaba en la escuela con tres niños más, se hacían llamar La bandita de la escuela. Ahí poco a poco Toro superaba esa timidez que en ocasiones lo agobiaba, allí tocaba en todos los programas, y se fue puliendo, hasta que una vez vino un señor de San Juan que estaba buscando una primera guitarra para hacer un trío y se llamaba Los 4 ases de Puerto Rico. Y entonces le hablaron de un muchachito de Ensenada que tocaba requinto y tocaba cuatro.

“Allí fue la primera vez que viajé a San Juan, Puerto Rico, a tocar y comencé a grabar con Bury Caban y Los 4 ases y por allí vino José Antonio Salaman. Empecé a ser parte de Los universitarios, El trío universitario de San Juan. Toqué con Los Antares, con Felipe Rodríguez, entre otros”.

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El  cuatro retumba en la salsa

Había logrado dar el primer paso en su carrera, salir de Puerto Rico, y en la Gran Manzana ya se encontraba un “revolucionario pacífico”. Este estatus se lo da el hecho de  hacerse valer, por abrir una nueva escena musical, sin maltratar o entrar en agresiones físicas o verbales con las personas que se convertirían en sus colegas. Para 1970 empezó a grabar la música de salsa, cuando Willie Colón estaba con Héctor Lavoe. Y la Fania decidió hacer un LP navideño, pero ellos querían usar una guitarra eléctrica. Ya que Colón no estaba muy adaptado al cuatro de Puerto Rico, a la música típica portorriqueña, por la sencilla razón que eso era salsa, la música bailable de salsa con orquesta. Cuando lo llamaron le dijeron que fuera con una guitarra eléctrica para grabar con Willie Colón y en vez de llevar la guitarra, tomó un cuatro y se fue para el estudio.

“Me acuerdo que entrando al estudio, Pacheco estaba dirigiendo la grabación, y cuando me vio con el cuatro y me dijo “¡Ah! Con quien tú vas a grabar, ¿con Ramito?”. Y le dije: “no, no, con Willie Colón. Voy hacer el LP de Navidad” y se quedaron lo más calladitos y no dijeron na’, pero cuando yo empecé a grabar con ellos y empezaron a grabar los números, cuando ya terminamos de grabar. Willie Colón me dijo -me acuerdo- “yo nunca he pasado en vida un momento tan feliz como este. Yo creo que esto va hacer un hit” y exactamente fue uno de los hits más grandes de la Fania, que hasta ahora mismo Asalto Navideño, que yo hice con Willie Colón y Héctor Lavoe, ha sido y siempre será uno de los discos estándar para siempre, porque la gente cuando se le rompe el disco lo compra otra vez”. Pero este pequeño fragmento de una entrevista realizada en su casa en NY, describe con sencillez su forma de lograr sus objetivos, con un gran talento y una siempre deslumbrante sonrisa.  

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“Entonces allí pasé a ser parte de Las estrellas de Fania, que hasta la luz de  hoy soy parte de Las estrellas de Fania. Gracias a dios me ha ido bien en la música y estando allí siempre en la batalla musical como decimos nosotros en la batalla musical”. Pero más que ese dios al que le agradece la gran mayoría de sus logros, sus colegas y personas que lo admiramos entendemos que su carisma, alegría, sencillez y talento, hacen que Yomo Toro, y su particular instrumento tengan aceptación entre una comunidad anclada a unos sonidos establecidos. Y como no sorprenderse frente esa alegre sensación que se siente al querer bailar al ritmo de una música que te absorbe, envuelve, atrapa y sumerge en un mundo eufórico. Y después de mucho reír y mucho bailar, poder gritar con todas las ganas ¡ay na’ ma!

| El Yomo Toro murió el 2 de Julio de 2012 a la edad de 78 años a consecuencia de un fallo renal |

Imagen tomada de http://www.elheraldo.co/tendencias/los-salseros-lamentan-la-muerte-de-yomo-toro-73237