Hugo Oquendo-Torres, teología poética

“Mi cuerpo.

Tú, tu cuerpo.

Ese ser mudo que piensa con la piel.”

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Por: Alan González Salazar

Fotografías: Diego Valencia Gómez

Tiene treinta y dos años y entre sus manos un libro. Es medio día en la biblioteca. Lleva algo más de una hora sin moverse. En sus ojos ocultos las palabras parecen proyectar lo que  hace falta… la fuga, la fuga de todo lo que nos ata. Hugo Oquendo-Torres espera la apertura del taller literario. Me agrada su presencia. En algún otro encuentro lo escuché recitar uno de sus poemas. Toda piel fue antes el mar, le refiero la última línea y él sonríe y deja a un lado el libro. No sólo en apariencia es misterioso, habla poco o nada. Es el sexto de 7 hermanos. Trata de evitar el interrogatorio, pero sabe que no lo dejaré marchar. Debió salir del Urabá, cuando el paramilitarismo podía desaparecer un poblado – entre el 80 y el 90 -, empaca maletas y se ve obligado a salir con su familia rumbo a Jamundí:

 

“Luego regresamos a Urabá en el 99 y  después,  cuando estaba paralelo a terminar los estudios de bachillerato, me gradué en el Instituto Agrícola de Urabá, ya en el 2011. Debido a las pocas opciones de estudio en la región, surgió la posibilidad de hacer la carrera de Teología. Mi padre fue miembro activo de la Unión Patriótica, entonces había cierta herencia recibida de la Teología de la Liberación, que es una Teología Latinoamericana. Durante el 1999, hasta 2001, hice parte de una comunidad, llamada la Iglesia Cuadrangular, una iglesia Protestante-conservadora, y estando en ese ámbito hice parte de un grupo llamado Pastoral, un comedor infantil para niños de escasos recursos del municipio de Chigorodó. El Pastor que estaba en ese entonces me brindó la oportunidad de ingresar a la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, en Medellín, me inscribí, antes me había presentado dos veces en la Universidad de Antioquia para Medicina veterinaria, pero también quería estudiar Teología. Fue un segundo reencuentro con la Teología de la Liberación. Estando allí tuve la oportunidad de acercarme a otros autores: Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, Leonardo Boff, además de Juan Stam, René Padilla, un poco más conservadores. Para el año 2007 me fui a Tierralta Córdoba y allí participé como voluntario. Trabajé con personas víctimas del paramilitarismo. Me impresionó la vida y el trabajo que hacía los Jesuitas, así que tomé la opción no de ser seminarista protestante, sino ser seminarista católico, y aspiré al sacerdocio, primero con la Compañía de Jesús, ese 2007 fue para mí un año de discernimiento vocacional y al finalizar, me gradué como teólogo. Luego comprendí que mi vocación era misionera, tuve un tiempo de experiencia con los Claretianos -finales del 2007, inicios del 2009 -, en ese tiempo tuve la oportunidad de estar en el Chocó, pasé 6 meses de pastoral con las comunidades afro e indígenas. El punto inicial fue Quibdó, luego viajé por todo el departamento, estuve en Rio Sucio, el Bajo Atrato, el Alto Sanjuán. Para esa época ya venía en una cercanía con la Literatura, me había marcado la poesía del sacerdote trepense Ernesto Cardenal, guerrillero nicaragüense. En el 2010 me retiré de la comunidad claretiana, al reflexionar en torno a la participación activa de la mujer y el reconocimiento de la diversidad sexual. Surgió entonces la posibilidad de dedicarme a la docencia en el colegio Bello Oriente de Medellín, donde dirigí las áreas de religión, ética y filosofía. Continué investigando. Me surgió una beca de estudio en el 2011 para viajar a Costa Rica, durante 1 semestre, fue un momento de quiebre epistemológico, de quiebre teológico. _MG_3237-2Tuve la posibilidad de conocer una persona maravillosa, la doctora en Teología Genilma Boehler – Brasilera y de ascendencia alemana-  que me acompañó en el proceso de reconstrucción de una poesía de la liberación. Hablo de la libertad del cuerpo, el cuerpo como elemento epistemológico, el cuerpo como punto de partida para la reflexión erótica. Queda un lado la poesía de resistencia social, poesía de “militancia social”, política de izquierda, y paso a hacer otra poesía más erótica, que nunca deja a un lado la lucha humana, la resistencia, la resignificación de los espacios y los cuerpos marginados, situándome desde otro punto de vista, pero teniendo presente al sujeto excluido, aunque decir sujeto resulte genérico, cuando uno se encuentra con sujetos que tienen una identidad sexual definida, una marginación socio-sexual definida, es inevitable decirse, éste es el sujeto de la teología y de la poesía del que yo quiero escribir”.

 Y EL VERBO SE HIZO LÁTEX

Jesús, en el instante en que el horizonte desgranaba la última brasa del sol,

después de la misa de seis,

se bajó del madero y entró al confesionario. 

Tomó de debajo del reclinatorio su cartera de maquillaje

para transformar su rostro empalidecido.

Con una banda plástica disimuló sus cojones,

luego ajustó a su cuerpo depilado el pantalón dorado con lentejuelas

que su madre le había confeccionado.

Se abultó sus senos con dos formas de espuma;

de allí ocultando la herida de perro callejero, en su costado,

se ciñó al corpiño un corsé negro. 

Colgó su corona de espinas en el perchero,

luego cepilló su cabellera dorada y se aplicó lápiz labial color escarlata. 

 

Después de ponerse sus botas altas de cuero,

guardó como amuleto de suerte entre su pecho una navaja y tres condones.

Jesús levantó su mirada,

y lanzando un grito al cielo a garganta herida,

encomendó su cuerpo al Padre y vivió. 

Ahora él, ella, mariposa púrpura que danza entre bambalinas,

bajo los ojos azules de la noche desnuda,

hasta las seis de la mañana,

cuando acabe su jornada de piel húmeda,

se llamará Samanta.

(Fragmento)

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“Cuando comparto este poema, en el I simposio Internacional de Teoría Queer, llevado en San José de Costa Rica, un obispo llamado Héctor de la comunidad Metropolitana, una iglesia inclusiva, me preguntó ¿Dónde conseguimos tus poemarios, tus libros? Hasta ese momento sólo había publicado un poemario en audio llamado Catarsis de la memoria, escrito por esa vía militante, una reivindicación de las personas víctimas del conflicto en Colombia, especialmente en el Urabá. Éste fue un poemario muy artesanal, lo grabamos en un estudio de un amigo, Santiago Benavidez. Estando allá en Costa Rica, este mismo obispo me habló de una editorial en Brasil, Metanoia, de Río de Janeiro. En agosto del 2012 les envié mi propuesta, dos años después publican el libro, Poética del cuerpo desnudo, el cual considero es un recorte de la Teoría Queer, en el que hago un diálogo entre esta teoría y la poesía erótica, lo que algunos llaman la Teo-poesía”. Veinticuatro poemas divididos en dos capítulos, El cuerpo y el sexo. “Para mí es una poesía teológica o una teología poética, si se define la teología como un discurso religioso, en la pintura, en el cine, en la literatura, en el mundo de las artes va a hallar esos discursos, siempre están ahí, sin embargo se escriben con otros códigos. La teología en nuestros tiempos tiene que renovarse, dejar ese hermetismo academicista y abrirse a dialogar y acostarse con otros saberes, porque es la riqueza misma del pensamiento; no se trata de un pensamiento aislado, parafraseando a Edgar Morin, quien habla de los saberes como saberes que se encuentran, no hay un pensamiento aislado sino una visión de conjunto. Llegué a Pereira en diciembre del 2012, llegué como Reverendo de la Iglesia Metodista de la Sede Nacional de Medellín, al Barrio Bella Vista, de la comuna Villa Santana, y me enviaron para iniciar el proceso de formación como Presbítero, de modo que en este instante estoy en proceso para aspirar al ordenamiento como Presbítero. Tengo escritos 2 poemarios inéditos, Poética de lo simple y La noche tiene labios subversivos”.

Cuerpos negros, blancos, mestizos, mulatos y zambos

paraísos humanos del que fuimos desterrados

por el mito de la razón. 

Sus versos me recuerdan que si algo se ha encargado de ocultar el lenguaje, es el poder y la sexualidad.