Ante toda esta emboscada político- económica, el país tendrá que iniciar un proceso de unidad en donde se manejen las diferencias ideológicas, de estrato o religiosas, y se enarbole la bandera de no abolir el sometimiento ante todo tipo de yugo extranjero.

Imagen tomada de www.unipymes.com
Por: Edisón Fabian Morales
El antes y el ahora:
La España colonial hizo parte del bloque mundial que se oponía a las transformaciones capitalistas para conservar el régimen feudal e impedir de esta manera el desarrollo de sus colonias. En su régimen se encontraron imposiciones como: vetar a los “criollos” para ejercer cargos administrativos, militares o representaciones centrales, además prohibían la elaboración de productos en territorio americano, que hicieran contrapeso a la pírrica producción que ellos vendían al continente. También las absurdas y despóticas medidas afectaban la importación -en épocas de nula producción nacional-. Solo después de la desintegración de la Gran Colombia y la posterior conformación de la Nueva Granada, se empezó un lento proceso de construcción de nación que intentó crear políticas distintas a las mencionadas, proponiéndose desarrollar sectores claves como el comercio, la industria nacional y dar apertura a la inversión extranjera para suplir carencias en debilidades internas, entre otros. Durante esos dos siglos el país establece una vocación minera y agraria que aunque no es lo más avanzado, en épocas de la corona eran inexistentes
Pero lamentablemente desde inicios del siglo XX se han perdido frutos alcanzados por nuestros libertadores. En la lista se encuentra el cercenamiento de una de las zonas más estratégicas del mundo, el canal de Panamá. También se dejó sin piso a la industria con la firma del “Tratado del Comercio” en 1935, y han entregado el petróleo a las transnacionales que en estos momentos tienen pagando a los colombianos una de las gasolinas más caras el mundo. Y en materia de ciencia e innovación ha brillado la mediocridad estatal. No siguen ni el escalafón de los países imitadores del conocimiento de los países desarrollados, sino el rezagado grupo de los países “tercermundistas” que importan bienes elaborados en naciones del primer mundo.

En materia alimentaria se ha renunciado a la dieta básica; por órdenes de EE.UU la nación ha disminuido el autoabastecimiento en productos como el trigo y algodón, y buena parte del emblemático café se importa desde Perú. La situación se complica si vemos como el país se llena de distintos tratados de Libre Comercio, que como escribió el columnista Antonio Caballero (Revista Semana, 2011) ante el TLC con EEUU: ”no representan ningún acuerdo, sino un empalamiento para la nación”, que al parecer será de un diámetro creciente, pues Juan Manuel Santos y su equipo de trabajo cada día firman más. Con lo anterior propinan el golpe de gracia a los productos que han salido menos heridos del “Libre Comercio”, tales eran los lácteos, la carne de res, cerdo y pollo, café, maíz, papa, el arroz, soya y otra serie de bienes que al igual que sucedió con el trigo nacional, serán inducidos a su desaparición para luego someterse a comprarlos a otras naciones. Y en cultura ni hablar, nuestras mejores expresiones están lejos de ser promovidas en la televisión nacional, pues las cuotas de las series gringas aumentaran su tiempo en disminución de nuestros contenidos.
Ante toda esta emboscada político- económica, el país tendrá que iniciar un proceso de unidad en donde se manejen las diferencias ideológicas, de estrato o religiosas, y se enarbole la bandera de no abolir el sometimiento ante todo tipo de yugo extranjero.
Ver: Independencia con dependencia (I)
Referencias:
Periódico Tribuna Roja, “Bicentenario del grito de independencia “edición especial. Junio 2010.


