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Justo Betancourt: Distinto y diferente

Con la Sonora Matancera trabajó cinco años en los que pulió y corrigió su estilo. Cambió el deje de rumba que llevaba consigo desde su tiempo en Matanzas, sin perder la picardía que más adelante lo haría distinto y diferente.

  

Por: Jorman S. Lugo

Desde que escucharon su voz, nadie le discutió su presencia. La vida que escogió lo sacó de Matanzas, primero para hacerse profesional en La Habana, y luego, de manera definitiva, en un barco como polizonte hacia Grecia. Al poco tiempo regresó a América, pero a radicarse en Nueva York. Allí fue la voz principal de La Sonora Matancera, el primer cantante firmado por el sello Fania y uno de los coristas más importantes de la salsa. Su vida dio otro salto cuando fundó Borincuba en Puerto Rico: la isla fue su segundo hogar. Su carrera ha sido reconocida por especialistas, colegas y fanáticos. Incluso, en El día nacional de la Zalsa, fue homenajeado y él se fajó, demostrando que sigue bravo.

En sus primeros años en Matanzas impresionó a su familia con las dotes de su canto. Era tan bueno, que su tío materno se lo llevó a La Habana cuando tenía 16 para conformar un grupo musical. Pero esa vida no le gustó. Al menos no a esa edad, y regresó a Matanzas a alternar la música con el trabajo de marinero. Así sobrevivió hasta que tomó la resolución de partir de la isla hacia Europa. Sin saberlo en ese momento, esa sería la última vez que pisaría el suelo cubano.

Vivió cerca de nueve meses en Grecia y la música lo ayudó a traspasar las fronteras del idioma. Mientras sorteaba los azares de su nueva vida, fue dejando que la melancolía lo embargara y compuso una de sus primeras canciones. En ‘Sin amor’, hay un marcado desencanto por no tener nada de lo deseado, por sentirse sobrepasado de obstáculos, por la falta de emoción.

Después de Grecia la vida lo llevó a Estados Unidos donde se estaba cocinando la salsa. Con la ayuda de Celio González y Raúl Marrero, ingresó a la orquesta de Orlando Marín como cantante principal. En la presentación debut le tocó fajarse en el Palladium, compartiendo noche con Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito y La Sonora Matancera. Esta última se fijaría en él esa noche y buscaría la manera de contratarlo. Antes de dar el salto a la decana de los conjuntos de América, junto a Marín grabó un disco titulado Está en algo y destaca su interpretación de ‘Aprende a querer’.

Con la Sonora Matancera trabajó cinco años en los que pulió y corrigió su estilo. Cambió el deje de rumba que llevaba consigo desde su tiempo en Matanzas, sin perder la picardía que más adelante lo haría distinto y diferente. En esos años empieza a mostrar su plasticidad vocal, que lo hacía pasar del bolero más lento, al tempo más caliente, sin resbalarse en el camino. Muestra de ello es su versión de Mulata go go, Congoro congo y Un beso.

Para Pacheco la voz de Justo no pasa desapercibida y lo seduce para que haga parte de su equipo de trabajo. Al principio trata de acoplarlo a su orquesta, de la cual ya hacía parte Monguito ‘El único’, pero ese junte no se conecta debido al temperamento de ambos, así que, para no desperdiciar el talento de Betancourt, Pacheco lo contrata como el primer solista del sello Fania.

Su disco debut fue titulado El Explosivo, por sugerencia de Monguito y en él se incluyeron varios boleros, entre ellos una versión del tango Yira yira, que sabe pasar, por la calidad de los arreglos, de la melancolía bonaerense a la nostalgia tropical. El éxito de esa producción fue ‘Da cara a tu vida.’ Sin embargo, se destaca la composición de Calixto Callava, ‘El mensajero’, por hacer referencia al tambor como mediador entre los Orishas y los hombres, por contener la historia negra en su vibrar y por ser el creador de los ritmos que conformaron la salsa.

Desde los tiempos remotos

El tambor fue un mensajero

Y así fue como surgieron

Este ritmo aquel y el otro

 

Hago un recuento ligero

Tambor cubierto de gloria

Grabado quedó en la historia

Que fue el primer mensajero

Después del buen recibimiento de la primera producción llegaron en años consecutivos tres trabajos que posicionaron al “mulato” como uno de los principales cantantes del naciente movimiento salsero. El que sabe, sabe, y Los dinámicos, que hizo a dúo con Pacheco, con temas como ‘Corazón herido’ y ‘Tú me desesperas’, le abrieron paso a la canción que le dio el título al siguiente álbum y que sería a la postre, su gran éxito musical, ‘Pa bravo yo’. La letra original la escribió Ismael Miranda, pero fue Justo quien le dio los giros que solo a él podían ocurrírsele, como cambiar una parte que decía “yo que soy blanco oscuro” por “mulato oscuro” y llenarlo de explosividad.

El éxito rotundo y la popularidad creciente que experimentaba Betancourt hizo que la línea de sus próximas canciones siguiera el mismo camino. Tanto así que el sastre de la salsa, Tite Curet, escribió la segunda parte de Pa bravo yo, incluyéndolo en el álbum siguiente que se llamaría Justo Betancourt. La canción de Catalino se tituló ‘Sigo bravo’ y en sus líneas aclaró lo que era ser un bravo de verdad.

Dicen que bravo yo soy

Sí señor

Porque a la rumba le doy

Como al son

Porque el vacilón

a todo el mundo le corté

¿Quién me dice ahora

que de pie no me paré?

¡Que mira que te tumbo! ¡Quítate!

Esa primera etapa en Nueva York terminó con tres discos más. Lo sabemos, Ubané y Recordando el ayer. El primero lo hizo en solitario, el segundo lo realizó junto a Mongo Santamaría y el último fue una colaboración con Pacheco, Celia Cruz y el por entonces joven y promesa del piano, Papo Lucca.

El álbum junto a Mongo no fue recibido como lo deseaban, pero sobrevivió al tiempo gracias a ‘Cumbia Típica’ y ‘No me importa’, una cumbia con los arreglos del colombiano Joe Madrid y un bolero.

Mejor acogida tuvo la producción con Pacheco y compañía porque fundamentaba su concepto en seguir la línea musical creada por La Matancera, pero estilizándola con el toque neoyorquino. De las canciones que interpretó Justo, destaca ‘Ahora sí’, que incluye un solo de Papo Lucca, demostrando su genio sin límites.

Antes de radicarse en Puerto Rico, Betancourt participó en diversos proyectos del sello Fania. Uno de ellos fue la ópera que realizó Larry Harlow titulada Hommy a latin opera, donde interpretó ‘Es un varón’. Con el “judío maravilloso” también grabó Live in Quad, un álbum en vivo que fue grabado en la famosa prisión de Sing Sing y que tiene la particularidad de ser grabado con un sonido cuadrafónico. ‘Mayarí’ demuestra toda la capacidad sonera del “Mulato”, con frases que caen en la clave, sin perder la temática, ni swing, ni picardía. Además, el solo de violín de Lewis Kahn es un alarde de la diversidad musical que tenía la orquesta Harlow.

Con las estrellas de Fania participó en varias grabaciones. A pesar de estar anunciado para el concierto del Cheetah no participó porque a última hora le sacaron la canción que iba a interpretar. Este inconveniente se vio saldado cuando integró a las estrellas en el concierto del Yankee estadio donde cantó Échate pa’lla. También participó del homenaje a Tito Rodríguez, donde grabó en estudio una versión de ‘Cara de payaso’.

Al radicarse en Puerto Rico, Justo se plantea fundar su propia orquesta y alejarse de la sonoridad neoyorquina, refrescando su capacidad creativa. Reunió a varios jóvenes músicos de la isla y compuso una propuesta que estuvo a la vanguardia en sonoridad y concepto. De los dos álbumes que grabó con Borincuba, Distinto y diferente y ¡Presencia!, destacan ‘Belén’, ‘No estás en nada’, la nueva versión del bolero ‘Psicología’, ‘Camarón’ y ‘Ella está en otra rumba’.

Debido a problemas personales, Betancourt debe salir de la isla y le cede su lugar de voz principal a Tito Rojas, quien ya hacia parte de la orquesta como corista. La agrupación sacó al mercado dos nuevos trabajos titulados Con amor y Borincuba, donde Justo fue el productor y corista.

Los últimos discos que grabó para Fania fueron: Justo Betancourt y Leguleya no. Así cerraría un ciclo de su vida.

Por esos años vuelve a reunirse con La Sonora Matancera y graba con ellos el álbum Justo Betancourt con La Sonora Matancera, pegando temas como ‘Mala pata’. En la canción hay una suerte de rencilla amorosa, donde el desengañado pretende darse valor ridiculizando a su expareja.

Después de una década sin muchos álbumes regresa en los 90 con el ímpetu que lo caracterizó. Sin perder el vigor ni la cadencia, llega con el disco Regresar. El éxito del álbum fue ‘A mí me gusta el son’, nacida de la inspiración del mismo Betancourt con Eric Figueroa, donde proponen un diálogo con las nuevas generaciones para mantener vigente el legado del son cubano.

El último trabajo discográfico que hizo Justo fue en 1998 y se tituló Mato. A pesar de la distancia con las grandes producciones que realizó en los 70, fue un álbum que continúa con la explosividad y la potencia característica del “Mulato”. Una obra muy bien lograda, con uniformidad en el concepto, que vale la pena escucharla de pie a cabeza, pero destacan ‘Locura de amor’, con los arreglos de Tito Rivera, por sus giros y cambios de ritmo, y ‘El lema del guaguancó’.

La vida de Justo Betancourt es la de un predestinado con un talento especial para lo que hace. En la tarima se arrebataba igual que en los estudios de grabación, por sus venas siempre vibró el tambor de una manera contagiosa. Alegra verlo inspirar, saborear cada palabra, sentir que disfruta cada segundo de lo que hace. Desde las primeras canciones que grabó hasta las últimas, no paró de repartir sabor ni picardía. Así lo demostró en Venezuela con su Borincuba y en El día nacional de la Zalsa en Puerto Rico, dejando claro que es el bravo de siempre.